Día 2.

De las primeras imagenes que tengo en la cabeza acerca del fin del mundo como tal, viene siendo la de Brueghel, El triunfo de la Muerte, que ahora es el fondo de esta pagina.

La vi posiblemente antes, pero recuerdo que salio en la portada de “DUDA, lo increible es la verdad”, una publicación bastante chafa, alarmista y tendenciosa, de esas que hacen las delicias de las masas; y yo soy muy masa.  Ese numero en particular hablaba justamente de el fin del mundo, tema que a finales del siglo pasado estuvo muy de moda a pesar de que nadie se acuerda ya. Es mas, montones de expresiones culturales estaban influidas por esa creencia, desde la musica, la literatura, el cine… invasiones extraterrestres, depresión, inevitabilidad. Viendo hacia atras resulta ridiculo considerar que un error de computo paralizaria todas las computadoras, las redes electricas, caerian aviones y el mundo seria envuelto en fuego, pero sucedio, casi todas las revistas y periodicos dedicaron reportajes o numeros a la fragilidad de origen que tenian nuestros sistemas informaticos, el Y2K. Me gustó mucho el numero de WIRED que mostraba lo que una tormenta de nieve  en Canadá podia ocasionar, con ganado muerto, lineas electricas tiradas e incomunicacíon, comparandola con lo que podria llegar a ocurrir. Tan inseguros somos como especie que la destrucción suele ser unico futuro que vemos. Ciertamente me gustaria tener en mis manos ambas revistas, creo que la de DUDA debe estar acumulando polvo en algún lugar, mientras la de WIRED no la compré, de esos eventos de los que se arrepiente uno años despues. Seguro que en los proximos meses comenzara de nuevo la pululación del miedo en papel, compraré la que mas me guste.

Sin embargo, llego el cambio de siglo y no ocurrio nada. Recuerdo que las noticias mencionaron una maquina me parece de dialisis que habia fallado en un hospital y un par de computadoras viejas, pero todo se convirtio en la burla cinica de “¿ya vez como tenia razón y no paso nada?” propagada por las propias gallinas que afirmaban que el cielo caía apenas unos meses antes. El triunfo de la humanidad ante la maquina, el increbrantable espíritu humano sale airoso, todos nos reimos como en el cuento de Poé, La mascara de la muerte roja, escuchando el reloj ominoso desde el salón de baile, sudando frio mientras a cada golpe esperamos que no sea nuestro ultimo latido, para despues soltar el aliento, sonreir hasta convertirse en carcajada y fiesta. Claro, la escena se repetia cada hora, puntualmente. Por algo nos encanta la fatalidad, nos hace sentir mejor cuando vencemos el miedo a posteriori, mientras ocurre, somos iguales a pollos esperando la navaja que nos ahogará en nuestra propia sangre.

¿Acaso somos tan cobardes que necesitamos que nos recuerden nuestra fragilidad constantemente? Si mas no recuerdo hace un año se esperaba la tercera revolución en México, hablaron los intelectuales, unos a favor otros en contra, pero casí nadie le parecia una idea sin sentido, como si realmente lo unico que necesitaramos para cortarnos la cabeza mutuamente es una fecha en el calendario. Pero ¿porque no? despues de todo, somos tan primitivos como queremos ser, siempre es mas facil que asumir control de lo que somos.

“Los miedos del príncipe Próspero” 

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