Día 31.

Escuchando música gris en un día gris para hablar de cosas grises.

Alguna vez pensé que me gustaba la magia de la manera en que es descrita y aplicada en libros, cómics, videojuegos, satanismo…la magia negra y la magia blanca. Los buenos y los malos, las dualidades, yin y yang, simbolismos de los opuestos. Pensé que dedicarse exclusivamente a la magia blanca debería ser aburrido: puros hechizos para hacer el bien, ayudar a tu prójimo, curar, apoyar, cosas por el estilo, pero sin nada con que defenderse. También consideré que dedicarse exclusivamente a la magia negra debería ser peligroso: maldiciones, fuerzas destructoras, odios concentrados, poder divertido a costa de perder la humanidad. Ninguna de las dos parecía muy atractiva desde esa óptica, una diseñada para los mártires, otra para los malditos. Si esas eran las alternativas ¿que tal navegar por en medio de las dos, aprender de una y de otra pero sin afiliarse a ninguna? Un camino nuevo basado en el aprendizaje mas que en el dogmatismo que acompaña a cada una. Bien pronto aplicando la mayéutica (el mamón) caí en cuenta en las desventajas de algo así, pues tratar de seguir el sendero claroscuro es una invitación a la tentación constante de caer en uno u otro lado, tener que balancearse constantemente sin red de seguridad, no contar con compañeros  pues los miembros de ambos bandos no confiarían en ti, mucho menos te enseñarían. Estaría solo en un bosque gris.

Esas elucubraciones no llegaron a ningún lado, obviamente, más las conclusiones derivadas, me parece que aplican correctamente en la vida real. Uno puede pasarse la existencia sin definir su postura ante nada, dejando que las cosas ocurran mientras se debate entre la indecisión y el miedo al fracaso, el no soltar las cosas que nos mantienen equilibrados por muy difícil que sean tan solo por la inercia que lleva el caminar sobre la cuerda floja.

Ser tibio.

Durante la semana que termina, me dí cuenta que mucha gente (a veces me incluyo, a veces no) navegamos tratando de encontrarle una lógica a los eventos, a las ideas que nos bombardean, a nuestros propios sentimientos, ante los mismos hechos. Un día justificamos algo para el siguiente día corromperlo, dándole a todo tonos de blanca paloma (animal tan más belicoso) o de negro petroleo (sin lo cual no avanzarían los automóviles) como si fueran las únicas opciones posibles, procurando entonces no tomar partido para “evitarnos problemas”, pues al hacerlo tendremos que navegar del lado de unos para ser enemigo de los otros. No vaya a ser que se enoje alguien. Preferimos entonces mantenernos grises, utilizando frases como “pues si, pero…”, “yo escuche que fulanito dijo…”, “es que esta muy complicado…”  echando la bolita (por cierto inexistente) a alguien más, con tal de no tomar partido. Igualmente cuando lo hacemos, es con la infalible técnica de tirar piedras y esconder la mano, considerando que si se descalabra a alguien o se rompe una ventana, podemos siempre justificar que los demás lo están haciendo también: pudo ser cualquier piedra, no necesariamente la que yo aventé, es mas, imposible que lo fuera porque si nadie lo vio entonces no ocurrió. Nos volvemos expertos en hablar entre dientes, relacionarnos siempre a media distancia. No arriesgar, no salir lastimados.

¿Saben cual es el peor ambiente para manejar un coche? Justo cuando acaba el día e inicia la noche. Dura poco minutos, pero cualquiera que ha conducido a esa hora, sabe lo complicado que resulta decidir si prender las luces o no, medir las distancias, saber si se trae un coche detrás que igualmente no ha decidido, el sol pega directamente en los ojos impidiendo mantener la mirada sobre el camino, la hora perfecta para sufrir un accidente. Sin embargo no hay tantos accidentes como podría suponerse ¿porque? simple. Porque existen los cuartos traseros y delanteros. Luces blancas, amarillas, azules, rojas, que avisan que las distancias y la posición de otro vehículo, lo suficientemente fuertes para ser notadas sin molestar, la medida exacta para evitar colisiones manteniendo el control de la situación.

Eso es lo que falta.

Muchas veces nos olvidamos de que existen muchos colores mas allá de la luz contra la oscuridad, nos negamos las posibilidades de decir “yo creo esto, por esto”, “a mi me gusta esto”, “no estoy de acuerdo”, “quiero hacer esto porque es lo que yo pienso/creo/ocupo”, dejando que los demás también tengan sus propias lineas de existencia, quizá converjan, quizá no. No siempre se puede estar de acuerdo en todo, mas eso no es el final de nada, apenas es el principio de algo nuevo para quien lo ejerce. Tampoco es cosa de ser absolutista, recordar que el gris también es un color de donde sale desde el tono rata hasta el plata; hay tantos colores por descubrir, que es estúpido no darse la oportunidad en varios, mezclarlos, difuminarse en algunos. Yo decidí no creer en la magia de ningún color, pero me sigue gustando sumergirme en ella: esa es mi posición, es donde mejor me encuentro.

Solo hay un alimento que se prepara tibio y son los huevos.  A nadie le gusta comerlos.

“Sex and violence, como no”

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