Día 32.

Escribiendo al lado de un pesebre. Mejor dicho al lado de un nacimiento navideño que todavía no se guarda y ya comienza a acumular una ligera película de polvo. ¿Los nacimientos llevan un elefante? estoy casi seguro que lo llevan pero este no lo tiene. Habrá que conseguir uno si es posible antes que se guarde. Igualmente estoy experimentando escribir en un lugar diferente, donde la conexión a Internet es muy limitada, por lo que al mismo tiempo que estoy incomunicado pruebo un programa que bajé justo para estos casos llamado AbiWord, el cual hasta este momento parece muy bueno (juro que estoy escribiendo mas rápido, quizá tenga que ver con la percepción de la hoja, quizá realmente escribo mas rápido al reducirse el tiempo de respuesta entre la pantalla y mi vista), veamos como se comporta en el resto de este post.

Es día de nuevamente algo mas ligero, así que volvamos a la senda del fin del mundo.

El otro día comentaba con una amiga el hecho de que mientras todo mundo esta pasando por la cuesta de enero, para mí ya acabo, pues vivo con un adelanto de aproximadamente 10 días gracias a la calendarización que llevo aquí. Ella (mi amiga, no la calendarización) me decía que el año pasado se le había pasado como agua entre los dedos, y que ahora sentía un grado de desesperación al darse cuenta que ya pasábamos la mitad del primer mes y los planes propuestos se estaban acumulando sin llevarse a cabo, pronto terminaría enero y no había avances, el año nuevo resultaba una falacia.

Eso es algo que me encanta.

La manera en que le damos un significado a las fechas y nos dejamos llevar por ellas queramos o no. Por ejemplo, ayer en la noche fui a un bar que habitualmente cuenta con un numero decente de clientela, lo suficiente para encontrarse con algún amigo o conocido, beberse unas amargas bien helodias, platicar y estar tranquilo; pero ayer, estaba completamente lleno, a un grado que resultaba muy incomodo tratar de moverse entre las mesas, tener que alzar la voz para ser escuchado, las bebidas tardaban en ser atendidas (si es que lo eran, todavía sigo esperando una cerveza) y el ambiente no estaba especialmente alegre, mas bien era una acumulación de personas sin un objetivo: nadie estaba decidídamente ebrio (excepto uno de mis lectores que tiene una filia curiosa), nadie estaba realmente ligando, nadie estaba realmente conversando. Todos los bares de la zona al parecer se encontraban igual de concurridos, aún aquellos donde las cucarachas procuran mantener su distancia para no quemarse. Creo que lo que estaba ocurriendo era un regreso a la normalidad.

He escuchado muchas veces que durante enero las cosas no suceden. La resaca de la temporada navideña es larga, nadie quiere gastar, las relaciones sentimentales terminan, se abandonan trabajos, se procura no hacer planes hasta asegurar que hay posibilidades de llevarlas a cabo. Bueno, al parecer el año del fin del mundo no es diferente, las fechas siguen marcando la pauta a nuestro comportamiento. Personalmente, ayer estuve con amigos que no había visto desde el año pasado (lo cual suena ridículo considerando que las vi hace poco mas de un mes) y la plática tardó en fluir, como si ese tiempo que en cualquier otra época del año no hubiera sido mas importante que un (ok, primer problema con el AbiWord, las comillas no están donde deberían) “güey, te pierdes”, se transformara en un lapso de tiempo abismal de desconocimiento mutuo.

A veces la resaca es muy fuerte, nos deja vomitando media mañana y no queremos ver a nadie, ya sea por que nos sentimos mal o creemos que nos vemos mal. Puede generar malestares todavía un día después pero ya son pasajeros, nos recomponemos, «decimos no lo vuelvo a hacer» a sabiendas que va a volver a ocurrir y continuamos en nuestras actividades. Todos nos divertimos mucho, hay cosas que atender, siempre es bueno arreglarse antes de salir y decirle al mundo “abuelita, soy tu nieto y ya llegué.” Hay que guardar el nacimiento navideño, tenga o no elefante.

Ciertamente escribo mas rapido en este programa (es porque no estoy en internet, pero me gusta somatizarme) pero nunca encontré donde están las comillas.

“No solo de pan y fornicio vive el hombre.”

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