Día 33.

Domingo con Té Chai, no esta mal, pero no es lo mio; sigo experimentando locaciones para escribir, de vuelta al programa normal para escribir de la pagina de WordPress, creo que utilizaré el otro solo para escritos largos, al igual que ya me dí cuenta que debo de respaldar las cosas que vaya metiendo aquí. Al parecer ya lo hice con una opción automatica que me mandó un archivo que es solo un enlace a mi computadora, pero la verdad no se como funciona, así que lo haré a la antigüita.

Recuerdo cuando tuve mi primera laptop, le compré un teclado externo, por miedo a maltratar el que viene integrado, la paranoia en la fragilidad. Ahora me parece una idea ridícula, pero es normal considerando el miedo natural que se le tiene a las cosas nuevas (desconocidas, hay la teoría que es a lo único que se le tiene miedo, no estoy de acuerdo) cuando no sabemos hasta que punto pueden manipularse sin que sufran daño. La laptop que tengo ahora es un modelo el cual elegí justamente por la comodidad que brinda al escribir: estuve probando maquinas en algunas tiendas de todos los modelos que entraban en mi economía y algunos que no,  hasta encontrar uno que se adaptara a la velocidad de escritura que tengo, la posición de las manos y que no estuviera accidentalmente pisando dos teclas a la vez. Decidí sacrificar la rendimiento, tamaño de pantalla junto con la posibilidad de meterle mil porquerías que la alentarían, por un modelo sencillo, económico y transportable. Una maquina de escribir, música e Internet, a diferencia de la anterior que tenia, que le daba trato de princesa, esta se acopla a lo que necesito. Bien jaladora.

Justo en este punto puede divergir el tema hacia dos lugares diametralmente opuestos: el que tenia pensado, y el que me acaba de llegar a la mente al leer el párrafo anterior. Hagamosle caso al instinto y busquemos problemas. Eligo el camino dos, menos transitado.

Al igual que con la tecnología a la que le tenemos miedo por no irlas a romper, llega a pasar que no nos atrevemos a “manipular” a las personas, aunque las razones son completamente distintas, al igual que las causas. Aquí hay que hacer un distintivo: el verbo manipular tiene como uno de sus significados, “la utilización de un objeto con las manos”, cosa que se hace con una computadora; otro de sus significados es “influir en las acciones y opiniones de una persona o grupo”. Utilizando esta segunda definición, es curioso observar que aplaudimos cuando alguien manipula a las personas para un fin determinado siempre y cuando este nos agrade, pero despreciamos a quien lo hace por algo que no nos gusta. Aunque es mas obvio cuando es algo como una campaña política o un movimiento artístico, no nos damos cuenta cuando lo hacemos nosotros mismos constantemente en nuestra vida diaria, tratando (haciéndolo) de influir en que tal o cual persona haga lo que nosotros queremos porque nos conviene, desde decidir a donde ir a cenar, hasta con que persona queremos ser pareja.

¿Pero cual miedo? bueno, somos animales sociales al cien por ciento, cada uno con necesidades que solo pueden ser cubiertas por otras personas, desde atención, un pago, ayuda, un beso, compañía, actividades que cada quien en su propia experiencia ocupa en mayor o menor grado, en un sabor u otro. Sin embargo muchas veces tenemos miedo al que dirán, a que pensaríamos de nosotros mismos, o al  ridículo, por lo que no hacemos las cosas que nos lleven a lo que buscamos obtener. No seamos infantiles ni hipócritas, cada quien tiene deseos que quiere alguien mas le ayude a cumplir, solo que por miedo no los pedimos: desde ayuda a conseguir un mejor puesto hasta una compañera para bailar tango. Hay demasiados ejemplos de vidas insatisfechas a nuestro alderredor que simplemente nunca se dieron la oportunidad de intentarlo. Hasta utilizamos palabras con connotación negativa como “manipulador” a aquellas personas que se atreven a hacer las cosas que los lleven por donde quieren ir en la vida,; sea esto cierto o no, habitualmente consideramos que si alguien cede en algo o da a otra persona algo, esta se queda sin nada, le llamamos “incrédula”, en el mejor de los casos, y procedemos a manipular a otra gente a considerarla así, sin siquiera pensar que quien entrega algo lo hace por obtener también algo. Como si no nos gustara que nos dijeran que hacer.

Somos tan duros para juzgar a los demás como nos juzgamos a nosotros mismos.

“Como el ese video del exnovio de la esa artista que estaba rebonita.”

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