Día 36.

Me duelen los brazos. Uno de los proyectos inmediatos del año del fin del mundo fue entrar al gimnasio, cosa que tuve que posponer debido a que traía una lesión en un tobillo gracias a un borrachazo navideño (¡vivan las fiestas!). Ya hoy pasé por un gimnasio y me dije “hora de ponerse bien jugoso” a lo que mi cuerpo respondió “hey”, con las consecuencias ya descritas. Calculo que durante los próximos días la situación no va a mejorar.

Dado que realmente me duele levantar los brazos para escribir ¿les molesta que no escriba nada importante hoy? Espero que no, porque de todos modos no es su decisión; quienes siguen este blog desde el principio saben que tengo la facultad de decidir cuando lo pueda utilizar como un diario de guerra. Soy un tirano y me gusta.

Sin embargo, no es que no tenga que escribir, simplemente que hoy me pidieron prestada mi laptop desde temprano, así que en vez de aprovechar (perder) mi tiempo checando paginas, platicando y demás, decidí salir a hacer las pequeñas cosas que siempre faltan por hacer. Ir al dentista, inscribirme al gimnasio, hacer un par de llamadas, modificar mi dieta, leer papeles que llevan semanas esperandome (comic de Conan), subir herramientas al carro, planear una salida familiar y en general lo que hacen los seres humanos que no utilizan el internet. Desgraciadamente me di cuenta que me quedaron muchas cosas por hacer y que debo de desarrollar más una característica de la que siempre he flaqueado: disciplina.

Hasta ahora, seguir la disciplina de escribir diario aquí, no me ha costado trabajo, pues habitualmente actuó conforme a tomar una decisión: en el momento en que realmente me convenzo de algo no lo suelto; lo que me cuesta es llegar a esa claridad de convicción, ya sea en actividades, relaciones personales, vicios o cambios generales a mi modo de pensar. Regularmente me hago bolas tratando de cambiar muchas cosas a la vez, lo cual inevitablemente lleva al fracaso, pues ¿como equilibrar diez platos de la manera que lo hacen los cirqueros chinos, cuando apenas puedo con dos o tres? La respuesta obvia seria ir agregando poco a poco un plato mas, procurando acostumbrarse al balanceo para posteriormente agregar otro plato y repetir el proceso con tantos platos se quiera. Pero esta lógica tiene un defecto enorme: entre mas platos se agregan, mas esfuerzo se requiere para mantenerlos a todos girando (el estrés debe ser enorme), se les debe dedicar menos tiempo a cada uno y un error hará que todos caigan estrepitosamente. Por eso es una labor que realizan los cirqueros, de lo cual no tengo madera.

La otra respuesta que se me ocurre, es tomar los dos o tres platos que balanceo, decidir si los quiero seguir balanceando; si no es así, tomar un plato nuevo y reaprender como se mueve ese plato en particular, labor mas compleja que simplemente hacerlo girar, y repetirlo con un par de platos mas, los necesarios para sentirse satisfecho con las decisiones sin importar si alguna vez se aprende a girar los diez platos, después de todo, un cirquero trabaja para su publico, no para el mismo: su arte consiste en causar admiración por algo que ellos no pueden realizar  y el morbo de su audiencia que espera el momento cuando falle. Rara vez se admiran de la fortaleza mental que requiere hacer lo que hace frente a tanta gente con una sonrisa para todos lados.

Pero lo hace por convicción.

“Así de jugoso.”

 

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