Día 37.

Tarde. Ruido de palomas, musica industrial depresiva y calor.

A veces pienso que la telaraña que me cubre la vista no es mas que mi propio cabello, aún cuando tengo la certeza que en realidad se trata de una serie de lineas inconexas dentro de mis ojos. Siempre hay unos puntos de oscuridad traslúcida navegando al frente, han estado ahí desde siempre y seguirán estando hasta el ultimo momento que pueda ver. Recuerdo que de niño los perseguía afanosamente, tratando primero de contarlos, pero siempre estaban fuera de foco donde no podía centrarlos, siempre moviéndose como burlandose por intentar controlarlos. A veces creo que son solamente dos, uno mas redondo que el otro, otras veces aparecen tres, a veces mas, escondiéndose en los rincones, visibles solo desde un angulo, nunca quietos. Con el tiempo he aceptado que son parte de mi mismo y han habido años enteros donde los he ignorado, lo cual de ningún modo significa que no estén ahí. He preguntado algunas veces si eso es normal, si toda la gente mira el mundo de la misma manera, con unas sombras como pequeños fantasmas revoloteando entre lo que hay al frente y uno mismo, conociendo sin ruido que ese es su lugar y que la ceguera seria la única manera de desaparecerlos, pero solo he recibido respuestas escuetas a mi pregunta. Quizá simplemente no se preguntar. La realidad es que los fantasmas no desaparecen solo porque no pueda verlos.

Me asusta un poco pensar que nunca he visto a nadie por completo, así como nunca he sido visto, pues así como a mí me han distraído las sombras, es posible que le pase igual a los demás. A veces es bueno pasar desapercibido cuando uno no quiere ser molestado, rumiar tranquilamente sin tragar o escupir nunca, sentir el viento y esconder la cabeza en la arena, con todo lo demás a la vista. La comodidad de sentirse enterrado solo se compara con el saber de que es falsa, el mundo sigue allá afuera pase lo que pase, en algún momento debe ser enfrentado o aceptar desaparecer con las rodillas al piso y la boca llena de lodo. Solo queda entonces tratar de llamar la atención a un mundo demasiado distraído para notarte, donde no solo cada uno lleva pequeñas muertes como primera marca, pequeñas esferas que vuelven borrosa la experiencia y los placeres, manchando sin cesar todo aquello que pudiéramos llegar a apreciar, dándole un defecto dentro de nosotros a todo aquel con mala suerte de pasar frente a nosotros, aumentando sus carencias de tamaño entre mas cercano se encuentre. La barrera perfecta sin necesidad de eregirla. Solo queda entonces ser llamativo, adornarse desde dentro hacia afuera, alzar la voz para delatar tu posición, estirarse con la esperanza de tocar y ser tocado sin importar la intención, pues en un universo donde se está sumergido detrás de unos ojos manchados, es imposible dar comunión con nadie, llevamos un cráneo repleto de basura como protección, oídos llenos de susurro de bruja y fantasmas transparentes enfrente.

Hasta donde llega el horizonte.

“Igual para eso existe Pacman.”

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