Día 44.

Día extremadamente gris y  depresivo, mientras hay un estado de paranoia acerca de amenazas del narco en el estado; se cerraron escuelas en Pátzcuaro junto con algunos negocios, pero nuestros amados lideres ya salieron a decir como Charlie Kane “No pasa nada”. Ya me extrañaba que estuviera todo tan tranquilo, en cierta manera me daba una nostalgia malsana. En fin.

Por la tarde caí en cuenta que paso diariamente al lado de algunas calles que nunca visito. Una de ellas se encuentra literalmente a tiro de piedra de mi domicilio. Claro, paso a un lado de ella, de cuando en cuando volteo a verla, a veces doy un largo rodeo llegando al otro extremo de la cuadra, pero nunca la atravieso. Me puse a pensar en el poema de Robert Frost “…dos caminos se bifurcaban en un bosque y  yo, yo tomé el menos transitado, y eso hizo toda la diferencia“. En medio de esa cuadra, recuerdo que había una panadería hace mucho, igualmente una lecheria donde hervían la leche en grandes tinajas dentro de un local con una malla a medio bajar, circunstancia que aprovechaba el primer perro que tuve de niño para meterse por las tardes y mancharse los bigotes. No se si lo descubrirían alguna vez, pues nadie vigilaba las tinajas. Años después hubo un videoclub ahí, me parece que llegue a robar una película porno en mi adolescencia, pues no era tan fácil como ahora que a dos clicks del ratón se abren universos enteros de dicho producto. Eso es todo de lo que recuerdo de dicha calle, no hay nada ahí desde hace mucho o al menos eso creo, pero ¿cómo podria saberlo si no la he vuelto a recorrer mas que mecánicamente un par de veces mas a lo largo de los años? Igualmente me doy cuenta que hay varias calles cercanas a esa ruta que recorro donde hay una que otra memoria perdida: la calle donde vivía una chica de la que creí estar enamorado y que ahora es mi amiga; la casa de una familia de policías donde al menos dos veces les robé los adornos navideños en actos de vandalismo de temporada, no es que lo hiciera por rebelión a la autoridad, era una tradición compartida con mis amigos cercanos que se repetía cada año y dichos adornos eran demasiado tentadores.

Ciertamente hay recuerdos en todos lados, algunos mas importantes que otros, como la leyenda de un perro con fama de muy maldito del que me advertían me mantuviera alejado; una chica que siempre me gusto, se caso, hasta le regalé vino para dicha ocasión y nunca mas supe de ella; un tipo que a pesar de que personalmente no llegó a afectar mi vida demasiado era repudiado de manera general dada su violencia, calculo debe estar en la carcel o muerto… no todos podemos seguir vivos después de todo, varios personajes de esos tiempos murieron en las calles y algunos hasta llegaron a perder la vida. No se cual sea peor destino.

Quizá por eso ahora ya no visito esas calles, pues están vacías para mí, no hay nada o nadie en ellas que me llame, son el cascarón vacío de tiempos idos, caminos ya transitados que nunca fueron un bosque, tan solo empedrados desde siempre silenciosos, sin siquiera el rumor de los arboles que los despierte. Los recuerdos están para ser guardados con cuidado, revividos deformadamente en las conversaciones, mas no para vivir en ellos.

Me alegra que haya tantos otros caminos que transitar.

“Tampoco hay porqué ponerse denso”.

 

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2 Respuestas a “Día 44.

  1. Ciertamente, muchos recuerdos y calles vacias …. y todo eso tuvo que pasar para que lograras escribir esto, es un precio justo, supongo. Te mando un abrazo, amigo, me encanta tu evolución en el arte de las letras.

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