Día 47.

Super domingo y yo sumamente bolillo. Me la he pasado cuidándome de las enfermedades respiratorias pero esta complicado esquivarlas cuando la gente con la que tratas diariamente esta enferma. Solo queda reposar, ver el partido a medias para no perder la costumbre y esperar a ver como amanezco mañana, espero no tener que ir con el doctor pero si es necesario ni modo, inyecciones rápidas para alivio rápido. Ah, también me echaré un buen trago de jarabe para la tos de esos que ponen chidillo el mundo. Siguiendo con lo mismo, las pesadillas de anoche fueron leves, doy gracias por ello, solo soñé con una chica de la prepa a la que le ofrecía matrimonio pero le mentía para conseguirlo.

Mi relación con el deporte es una relación abusiva. Nunca he sido bueno para deportes de grupo, competitivos o para el deporte ciencia. Con este ultimo en particular podría mejorar pues resulta que soy bueno para jugar, pero no para dar el mate, principalmente porque me aburre rápido. De niño y adolescente practiqué artes marciales, de donde viene mi desagradado por el olor a pies o a cola, pan de cada día al practicar patadas y defensas. También practicaba natación desde los 11 años, excelente lugar para aprender de anatomía femenina en un ambiente cálido y nutritivo; por ultimo durante un par de años patinaba con rollerblades, pero mas que deporte lo consideraba un acto autodestructivo que un par de veces debió costarme la vida, afortunadamente no pasó de una cicatriz algo profunda en la rodilla. Todavia tengo mis patines, mas seguramente mi factor de curación mutante se ha disminuido con los años, actualmente prefiero volar papalotes.

¿Y de los demás deportes? nunca entendí. Patear un balón, anotar una canasta o golpear con una raqueta una pelota, me resultan mas difíciles que la anatomía femenina (que tampoco he aprendido demasiado, pero es una labor mucho mas interesante), igualmente las reglas sociales de jugar me son abismales, por lo que terminando segundo año de preparatoria, decidí dejar el deporte a los masoquistas, decisión de la que no me he arrepentido mas que cuando se juega fútbol en la playa. La mayoria de la gente que he conocí que se dedicaba con mucha disciplina a mejorarse dentro de un deporte no llegó a los treinta años sin lesiones recurrentes que los vuelven fragiles como muñecas de porcelana.

Sin embargo el tiempo pasó y me di cuenta que el deporte tiene otro aspecto: el alcohol.

De repente los amigos con los que salia comenzaron a ir al estadio, a ver el box los sábados por la noche o juntarse para ver el Superbowl, actividades a las que primero me resistía hasta que descubrí que en el estadio Morelos la caguama tiene un buen precio, venden tortas de carnitas y no es necesario ser fan para disfrutarlo: puedes gritarle a los jugadores, sabrosear a las edecanes, emocionarte con los goles o ponerte ebrio en dos horas dentro de un lugar donde nadie te reclama por hacerlo (o todo al mismo tiempo), al contrario, cada diez minutos pasa un vendedor que te invita a gozar de sus productos. Igualmente caí en cuenta que disfrutar del box se refiere a botanear en casa de un amigo o un bar, dársela de muy conocedor, mientras dos tipos se rompen la cara como decisión de vida.

Que puedo decir, pienso que el fútbol realmente nos une, pero no en la cancha.

“Nada tan vigorizante como el estudio”.

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