Día 59.

Comiendo mandarinas jugosas, escuchando a el nuevo disco de Orange Goblin y escribiendo temprano como Dios manda. Con un poco de suerte tendré una hora extra hoy para destapar el juego maldito que lleva año y medio retándome a hacerlo. Veremos si es cierto porque mañana toca hacer cambios nuevos a mi rutina diaria.

Hoy vamos a aprender una palabra nueva: Psicopompo.

Como ya deben de irse acostumbrando, tengo la costumbre de navegar aguas oscuras dentro del Internet, por lo que anoche, investigando si las sirenas tienen cola de pescado, lo cual encontré no es cierto, las sirenas griegas tenían partes de ave, vivían en acantilados, tocaban instrumentos musicales y hechizaban a los marineros para que se lanzaran al mar posiblemente para comérselos. Al parecer el problema radica en que en español no existe la diferenciación entre Seirên y Mermaid, dos seres mitológicos completamente diferentes, el segundo es el que tenia cola de atún. Pero bueno, resulta que las sirenas (ambas) son considerados psicopompos, palabra muy barroca que sirve para designar a las entidades que atraviesan el limbo entre la vida y la muerte, con diferentes funciones dependiendo de la cultura. En el caso de las sirenas griegas, aparte de consumir hombres, al menos una de ellas se encargaba de llevar almas de un lado al otro.

Hay muchos tipos de psicopompos, como el clásico sesgador, los figuras de perros que hasta la fecha se colocan en los ataúdes para que te guíen al otro mundo, el ángel de la muerte, chotacabras (me encanta esa palabra) y gorriones, hasta demonios de esos que llevan las almas al infierno. Todos agentes lubricantes hacia la luz, solo transportan. También se le llaman psicopompos a los que te traen de la nada al nacimiento, no sé si el hálito divino cae en esta consideración o si hay algún agente extra como los querubines, pues no soy muy versado en asuntos de creación. Igualmente los shamanes y los sacerdotes pueden actuar de psicopompos, guiando el alma por el lugar correcto, claro, el chiste es que atraviesen con ella los peligros, no solo que le digan por donde, para eso hay muchos instructivos como el Libro de los muertos egipcio (luego me aviento un post de esto), los caminos de flores o la extremaunción. Como podrán notar es una palabra interesante, parte del arte del buen morir.

Personalmente considero el agua como el agente mortifero por excelencia, no como destructor, sino como donde habita la muerte. El lago de Pátzcuaro tradicionalmente es el lugar por donde entran las almas al inframundo, no es de a gratis que se haya mantenido la tradición de noche de muertos tan fuertemente ahí mientras en otros lados ha ido desapareciendo, Caronte es el psicopompo por excelencia llevando las almas a salvo por el río Aqueronte o el Estigia a cambio de una moneda, y cualquiera que se ha metido con una tabla de surf al mar sabe bien que la vida se te puede ir en un segundo como si cualquier cosa, no por nada los que lo practican regularmente acostumbran meditar o rezar antes de meterse. Una tumba acuática sigue siendo una tumba, no me extraña entonces que las sirenas estén tan ligadas con la muerte, porque si algo sabe hacer el mar, es llamarte con sus sonidos.

¿Y quien es capaz de resistirse a tanta belleza?

“Y luego con esa fiestota…”.

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