Día 68.

Fin de semana largo, con poco descanso y bastante fiesta ligera, pero constante. Se me ha solicitado escriba acerca de un partido de fútbol al que asistí en calidad de espectador que se sabe el nombre de tres jugadores y desconoce la economía de los boletos del estadio. La neta no traigo ganas de hacer eso, pero creo que es necesario antes que lo olvide.

Me regalaron boletos de platea, que para mi es lo mismo que si me dicen que si prefiero caviar ossetra iraní o huevos de pescado: desconozco la diferencia, pero mejor pido una torta de carnitas. Estoy acostumbrado a ir a zona general, es más, las únicas razones por la que voy al estadio es porque me gané los boletos en internet o porque son al dos por uno contra un equipo de poca monta, así que cuando recibí los boletos, lo que pensé inmediatamente fue “cerveza en el estadio y gritarle a los jugadores”. Oh, pero estaba por recibir una lección importante de vida.

Realmente ver un partido desde platea es muy diferente (en mi caso decir “ver” es solo un decir, no puse demasiada atención al juego) desde que llegas a tu lugar asignado que contrariamente a lo que pensaba puedes sentarte donde sea mientras no lleguen sus legítimos dueños, los baños están limpios, puedes meter tus propios alimentos y bebidas, se tiene una vista digna de un coliseo, pero sobre todo, las reglas sociales son diferentes. A diferencia de la zona general, la seguridad es laxa, los policías te tratan con deferencia, nadie grita todo el tiempo, cada quien trae su fiesta de manera tranquila, mas parecido restaurant familiar que un estadio de fútbol. No tardé mucho en darme cuenta que el costo dos veces y medio mayor que el de un boleto general, no da derecho solo a una mejor vista en un lugar a la sombra. No, lo que dá es status o mejor dicho, una barrera literal entre los de arriba y los de abajo, que provoca que la gente se comporte “a la altura” de su posición.

Hace unos meses hice el sacrificio de comprar un boleto VIP para un festival de metal, que valía el triple que los boletos normales, el gasto mas alto que he hecho por un concierto, pero tomé en cuenta que la duración del festival seria de doce horas y que siempre termino queriéndome salir a la mitad del evento por el cansancio de estar parado, empujándome por tener un lugar, regularmente solo teniendo asfalto donde sentarme, por lo que comprar un boleto que ofrecía silloncitos donde descansar mientras tocaba alguna banda que no me interesara, me parecía una inversión arriesgada pero que al menos debía intentar, sobre todo porque estaba por quedarme sin empleo y quería disfrutar el dinero mientras lo tuviera. Lo que conseguí fue algo bastante diferente a lo que esperaba. Como parte de los derechos del boleto, venia acceso directo a una zona en primera fila, pero estaba seguro que los asistentes se amontonarían al frente como siempre sucede por lo que llegar seria luchar contra una marea humana, sudorosa y ebria, pero no, todo lo contrario, llegar al frente implicaba pedir permiso, moverse con calma con bastante espacio entre gente emocionada pero relajada y en menos de medio minuto estaba enfrente del escenario junto con otros asistentes con boleto VIP mientras en las demas zonas la gente luchaba por conseguir un lugar desde donde medio ver mientras orinaban en vasos de cerveza para no perder el lugar, cosa que ninguno de los de mi zona tenia necesidad de hacer, igualmente los silloncitos eran una maravilla donde podías tomar una siesta (lo cual hice) pues estaban posicionados en la parte lateral de tal manera que el sonido no llegaba con mucha fuerza.

Ciertamente lo que uno paga es la comodidad.

Claro, cuando se separan a la gente en clases sociales siempre surgen problemas, en el caso de el concierto, como tenía bebidas ilimitadas, la gente de las otras secciones se arremolinaban en la valla colindante pidiendo cerveza y si no se las dabas te mentaban la madre. También aventaban los vasos llenos de orina justo al frente, osea, a donde me encontraba, consta decir que al menos tres veces me empaparon, por lo que opté por darme un baño vaquero con el agua de la hielera del puesto de cervezas a las 10 de la noche. Muy yogi el asunto.  Hoy en el estadio, mientras veia a las personas que se encontraban en la sección de general, hacia comentarios despotas con mis amigos acerca de estar arriba mientras ellos se encontraban abajo. Eran solo bromas, pero en el fondo, creo que subyace la verdad de que el pequeño poder o la falta de este separa mas a la gente que todas las paredes del mundo. Hubo una pequeña pelea entre aficionados a unos cuantos metros de donde estaba, y sin embargo la policía no sacó a ninguno de los rijosos, los separaron para después dejarlos regresar a sus asientos como si nada, cosa que en la zona general les hubiera ganado a ambos una torcida de brazo por parte de un granadero mientras los conducen derechito a la salida. Las reglas cambian de maneras poco sutiles dependiendo de donde te encuentres, lo quieras o no, todo se reduce a la economía.

Me suena a algo por lo que yo también aventaría un vaso de orina.

“Haga el favor de retirarse, no hemos sido presentados formalmente”.

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