Día 73.

Muchas gracias a toda las personas que que se tomaron la molestia de leerme, re-postear, comentar y ponerse el saco. Después de todo me manejo con la misma economía de “si no hay aplauso, no hay prenda”. En su honor me tomo un té de flores, escucho una banda oscura de industrial y pronuncio namasté.

Sinceramente, muchas gracias.

Continuemos con la programación habitual.

Ayer fui al cine a ver El artista. Admito que no me hubiera interesado si no hubiera tenido tantas nominaciones al Oscar, pero aprendí mi lección con Los imperdonables, la cual tampoco hubiera visto si no es por lo mismo, con lo que me hubiera perdido una de vaqueros.

Aparte que la otra que hubiera querido ver es la de Ghost Rider 2 y la primera fue como un pollito sin pico ni alas.

El artista, es muy buena. Todo lo hace bien, sobre todo la manera sutil de irte llevando en descenso a lugares bastante oscuros. Jean Dujardin es la onda en su papel de actor demasiado orgulloso para cambiar, Berénice Bejo derrite cuando sonríe: si me merece. No tengo idea como le hicieron para elegir a los actores principales pero debió ser bastante complicado encontrar que tuvieran tan buena química en la pantalla, sobre todo tomando en cuenta que la película es en blanco y negro, y muda.

Justo eso es lo que quiero escribir.

Habitualmente mientras se está en el cine, el sonido se encuentra a un volumen muy alto, con una mezcla de voces, música, sonidos de fondo, explosiones y balazos si es una buena película, que evita que nos demos cuenta que las demas personas en la sala platican, se levantan, hablan por celular o en general hacen ruido al mascar palomitas. Sin embargo, con el cine mudo, al que ya no estamos acostumbrados, pasa que todo es audible en la sala. A pesar de que hay música de fondo, la melodía no es lo suficientemente fuerte para tapar lo demas. Al principio, la audiencia, incluyéndome, estaba atenta a la pantalla, siguiendo la historia, portándose bien. Menos de media hora después pude comprobar algo que ya había leído en algún lado: le tenemos miedo al silencio.

Como somos seres que producimos sonidos para comunicarnos, utilizamos el oído para informarnos de lo que ocurre alrededor, gracias a la urbanización hay pocos espacios con silencio y tenemos la posibilidad con tecnología, de no pasar un solo segundo sin sonido, nos aterra cuando se nos priva de tal estímulo. Si no me creen, métanse a una oficina o un salón de clases vacio cuando ya se fueron todos durante una media hora y díganme como se siente. O, mas fácil, coman solos en su casa sin televisor, música o teléfono. Van a comer en la mitad de tiempo. Por mi parte, hasta hace poco tiempo cuando salia caminar con mis perros, traía todo el trayecto audífonos, pero, dado que tanto metal me ha lastimado el tímpano, ya no los utilizo, así que he optado por pasármela cantando para distraerme.

Volviendo al cine. Después de media hora, un tipo comenzó a estirarse y bostezar bastante fuerte, un señor hacia comentarios al azar en voz alta, lo suficiente para que se escuchara cinco filas mas abajo, alguien mas se puso a mandar mensajes por su celular, la tensión se hacia palpable y una película de poco mas de hora y media se transformó en una nueva parte del Señor de los anillos… extendida. Hubo un momento en que me paré para ir al baño, pude sentir las miradas de la mitad de la sala en mi espalda y cuando regresé pude comprobar que efectivamente se me quedaban viendo, aunque tenían una pantalla de 30 metros cuadrados enfrente. ¿Para qué? supongo que para poder escapar un momento. Terminada la función, platicando con mi bella acompañante, me confesó que toda la función se la pasó tensa, porque ella ubica, recuerda e identifica a las personas por la voz, por lo que al escuchar voces suspiro y se dijo “ya, termino”. Los pequeños laberintos que creemos tener resueltos. Le dije que suponía que la razón por la que le tenemos miedo al silencio es porque el ruido nos da cuenta de que estamos vivos, a lo que ella difirío con algo que me parece mas acertado acerca de lo que realmente nos da miedo.

La soledad.

“Y a la falta de higiene personal”.

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