Día 75.

¿Como se le llama cuando tienes un domingo en la mañana descansando tranquilamente, te preparas un café para relajarte, dejando los pendientes para la tarde y de repente te entra la culpa de no escribir? Dudo que se le llame ser responsable, mas bien masoquista. Una terna de palabras del siguiente texto no existen pero son correctas.

Continuando donde me quede ayer.

Las labores domesticas ciertamente no son sencillas, algunas veces asquerosas. Personalmente hay pocas cosas que deteste mas que trapear. La idea de exprimir un trapeador aún con guantes me parece de los mas poco higiénico del mundo, así que me resisto a realizarlo o a lo mucho hago un trabajo mal hecho, con lo que queda siempre un olor a humedad posteriormente. Sin embargo, hay trapeadores que no requieren mucho esfuerzo para exprimirse igual que cubetas que lo pueden realizar por uno, así que soluciones para ello hay, pero no las compro. ¿Porqué? porque siempre espero que alguien mas lo realice y si no es así, simplemente no lo hago. Ni siquiera considero que sea una labor por la que hay que pagar.

Sin embargo, hay miles de personas que su labor es justamente el limpiar después de uno: en las calles, los centros comerciales, restaurantes, cines, hasta si así lo queremos, en nuestra casa. Trabajo por el que reciben una paga, muchas veces menospreciada como si su labor no fuera gran cosa, siendo que sin ella simplemente ni nos acercaríamos a dichos lugares. ¿Entonces porque habitualmente esperamos que la labor domestica tampoco sea recompensada adecuadamente? Cuestión de tradición, me supongo, esas bonitas costumbres que no desechamos solamente porque antes funcionaban, así que si “algo no esta rompido no lo arregles” como darle cintarazos a los hijos, ponerle limón a todo para evitar el cólera o ponerse a ver televisa.

Por cierto que ninguna de esas cosas funciona.

Cualquiera que ha vivido solo puede dar razón de que un hogar es un ser vivo que se pudre a una velocidad impresionante aunque no haya razones para ello. Todo requiere mantenimiento constante, pero la mayoría de las veces no nos preocupamos en dársela de manera continua, así que cuando ya es demasiado para poder seguir considerando un lugar como habitable, toma todo el día o varios para desenredar todo y siempre se quedan labores pendientes para “otro día con mas calma” que nunca llegan a realizarse, como limpiar la estufa o finalmente deshacerse de esas cajas misteriosas en el patio que llevan siglos funcionando como nidos de alacranes y cucarachas. Y seguirán pululando y copulando por los siglos por venir.

No estoy diciendo que una sola persona deba realizar todas esas labores todo el tiempo (que es lo que habitualmente ocurre) al contrario, creo que lo importante es no solo aprender a realizarlas y llevarlas a cabo regularmente, como parte de la vida diaria, sin que se conviertan en una carga. Tampoco es cosa de decir “yo ya barrí, sequé los platos y corte el pasto, lo demás le toca a alguien más” a menos claro, que ese alguien mas reciba una recompensa adecuada a su esfuerzo, cuyas labores pueden incluir desde hacerte de comer a lavarte los calzones. Si no se esta dispuesto a pagarlas o ya te diste cuenta que tu pareja ya comenzó a hartarse de que la trates como esclava, recuerda una frase llena de sabiduría que te va a llevar lejos en la vida:

¡Acomídate, cabrón!

“¿Así que usted sacude, plancha y desarruga?”.

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