Día 83.

Despertando después de una semana sumamente estresante donde afortunadamente al final las cosas salieron bien: me ofrecieron un par de proyectos pequeños pero interesantes, volvió la lluvia y el viento un momento para recuperarme y hasta ganamos en el juego de mesa después de unas pocas pero, humillantes derrotas consecutivas. Contra un enemigo infeccioso ni mas ni menos.

Como quiero iniciar la semana ligero, platiquemos acerca de ese juego o mejor dicho, como es que llego a mis manos.

Alguna vez aprendí el nombre de Howard Phillip Lovecraft, justo en el momento en que debía llegar. Eso significa en mi adolescencia, cuando ya llevaba buen rato imbuido en el submundo de la literatura de terror, el metal, las películas de miedo y asuntos similares, sin embargo, nada de este autor había aparecido en mi radar a pesar que intuía que la linea evolutiva entre Allan Poe a Clive Barker estaba llena de agujeros que seguramente provenían de un numero importante de artistas que no llegaban a México. Resultó que todos esos huecos eran las pesadillas de Lovecraft. Y efectivamente su especialidad era llenar paginas con pesadillas minuciosamente descritas que sin embargo eran indescriptibles.

¿Como? Con la utilización pesada de adverbios y jugando con la imposibilidad de lidiar con lo desconocido. De sus cuentos mi favorito posiblemente sea “Los sueños en la casa de la bruja”, de esas historias que realmente uno quiere dejar el libro pero se encuentra incapaz de hacerlo y provoca malestar en algún rincón amigdalico habitado por miedos primigenios; cuento en el cual sumerge a su protagonista en una ático con lleno de angulos imposibles  en donde habita una rata con cara humana que lo acosa mientras trata de salvarse de una bruja que parece habitar solo dentro de sus sueños febriles.

La oscuridad siempre estaba llena de inexplicables ruidos, y no obstante Gilman se estremecía a veces temiendo que aquellos sonidos se apagaran y le permitieran oír otros rumores más leves que acechaban detrás de ellos.

Siempre he creído que el éxito del miedo en la literatura, tiene que ver mas con la capacidad de sumergir al lector en un mundo lo suficientemente real para sentirlo propio, para que en el momento en que se enfrente a la irrealidad esta pueda ser absorbida con consecuencias reales. En el caso de Lovecraft, esta consecuencia habitualmente tenia que ver con la locura ante eventos que la mente humana simplemente es incapaz de comprender. En las mil y una noches se encuentra una historia donde Jesucristo conocido como Isa, observa al pez Bahamut que sostiene la tierra, tan inmenso, que Isa cae desmayado por tres días. Lovecraft hace lo propio ante mentes mas pequeñas que se resquebrajan permanentemente ante entidades cósmicas inmensas, malévolas e indescriptibles, con sirvientes como un Shoggoth:

Era algo horrendo e indescriptible, mayor que un vagón de metro; una congestión informe de burbujas protoplasmáticas, vagamente luminiscentes, y con millares de ojos temporales formándose y deshaciéndose como pústulas de luz verdosa…

En algún momento le dedicare mas espacio a los aportes de este autor, por ahora, les comento que a partir de toda su mitología hay un juego de mesa llamado Arkham Horror, que al principio me resistía a comprar pues nunca he sido muy aficionado y mi experiencia se reducía a poco más que jugar Turista con la consecuente frustración que conlleva el que nadie gana solo se pierden amistades, al grado que ya que lo había mandado pedir tan solo porque tenia un poco de dinero extra para quemar, a medio camino ya me arrepentí de hacerlo. Afortunadamente el amigo que me lo trajo ya había hecho el pago, pues si no, no habría sabido de lo que me hubiera perdido. Eso si, no ha sido nada fácil el proceso. La primera vez que intenté jugarlo antes de enseñárselo a alguien mas, tarde 8 horas en leer el instructivo en ingles, acomodar las piezas y jugar un solo juego rápido, que por cierto fue de la mitad de ese tiempo. De ahí, el aprendizaje a sido lento, plagado de errores en las reglas, los procedimientos pero sobre todo los tiempos en que se realiza cada cosa, al grado que somos habitualmente tres jugadores los que llevamos las riendas y aún así hay tantos detalles por cuidar, que no es extraño que se escape uno (o muchos) lo que a veces requiere discusiones mas apropiadas para una corte que para un juego de mesa y que debe ser respondida por profesionales del mismo que llevan discutiendo por años en linea. Igualmente la curva de aprendizaje ha sido lenta, con mas de un año jugando una vez por semana aproximadamente y agregando partes nuevas que aunque pareciera que con la experiencia ya deberíamos tener acceso rápido a las nuevas mecánicas, es común que nos demos cuenta un par de meses después que se ha olvidado algo bastante obvio, por lo que hay que dar marcha atrás. Eso si no nos damos cuenta que desde las reglas mas básicas llevamos arrastrando errores que ya se han acoplado desde el principio.

Puede tener hasta 8 jugadores cooperando por evitar que una inteligencia maligna despierte para terminar con el mundo, lo cual ha resultado en una experiencia similar a desatar un rollo de estambre enredado, al grado que nunca he terminado un juego así. Igualmente han pasado diversos jugadores interesados que han sucumbido y abandonado ante lo intrincado del asunto, el nivel de estrés que genera o el cansancio, pero mas que nada a un pequeño detalle: el juego habitualmente termina en derrota. El tablero está diseñado para llevar ventaja sobre los jugadores, al grado que aunque parezca que se tiene la victoria asegurada, un cambio al parecer sutil, puede desencadenar la catástrofe.

Creo que es de los mejores entrenamientos en trabajo de equipo que he tenido.

Basado en esta escueta descripción, puedo asegurar que se mantiene bastante cercano a una experiencia lovecraniana, que si bien no necesariamente es atemorizante, crea adicción, por lo que le he invertido una cantidad considerable de dinero, tiempo y organización, así como pidiendo favores a amigos que me han de conseguido expansiones para el juego.

Ah, y un poco de salud mental.

“Un joven oscuro haciendo lo que hacen los jovenes oscuros”.

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