Día 96.

Siguiendo el vive latino, esperando a que toque Tropikal Forever y si me logro escapar un rato en la tarde, Illya Kuryaki. Tenia considerado ir a visitar al Papa, pero por causas de fuerza menor, decidí que no tenia ganas de caminar 12 kilómetros solo para ver una pantalla gigante en medio de 300,000 personas para regresar inmediatamente, eso claro, si conseguía transporte.

¿Que me interesaba de ir a verlo?

Bueno, no soy un católico practicante, no tengo nada en especifico a favor o en contra de la iglesia. Afortunadamente cuando tenia 12 años mi madre me presentó un libro llamado Compendio de historia sagrada, que era un resumen con dibujos al estilo de Gustave Doré sin anotaciones de versículos, para que lo leyera antes de hacer mi primera comunión. Pasé los siguientes meses leyéndolo de cuando en cuando, bastante bueno como aprendizaje acerca de las historias. Para mi hacer la primera comunión solo significaba ponerme un traje que seguro se me vería ridículo, pero afortunadamente mi madre tiene una mente abierta, por lo que me dieron la opción de primero leer y decidir si quería o no hacerla. Realmente no veía porque no hacerlo, pues intuía que era algo que haría feliz, pero, llegué a la parte de la adoración del becerro de oro y como Moises manda pasar a 20,000 judíos a cuchillo.

Así, con esas palabras, pasar a cuchillo.

Me pareció algo horrible que me llenó de dudas ¿qué no se suponía que Dios es todo misericordioso? ¿tan grave resultaba dudar o tener otra religión que no fuera la del patriarca? y por ultimo, el primer mandamiento dice claramente “Yo soy el señor tu dios que te ha sacado del país de Egipto, no tendrás otros dioses delante de mí” aún no se habían entregado siquiera las leyes al pueblo, nadie las sabia, entonces ¿porqué matar a tu propia gente?

Aparte que a mí no me sacó de Egipto.

Estas pequeñeces hicieron que reconsiderara el hacer comunión. Pasé los siguientes años con una rabia propia de mi edad, dirigida diversos objetivos uno de ellos, la iglesia, pero en el fondo no creía en ese odio, pues honestamente, a mí nunca me ha hecho nada malo la iglesia, aparte de molestarme de cuando en cuando, eso sí, la considero culpable de que casi todo el arte medieval y renacentista que estoy seguro tenia mucho más que decir, gira alderedor de los mismos personajes bíblicos. Acostumbraba leer bastante ya en aquel tiempo, así que consultaba regularmente dicho compendio para aprender, pues me dí cuenta rápidamente que no podía tumbar argumentos contrarios sin información, con lo que poco a poco fui dándome cuenta que la Biblia tiene demasiadas facetas, algunas de ellas bastante saludables si se tiene la capacidad de tomar lo que sirve y dejar de lado lo dogmático sin razón, fue uno de los ejes que me ayudó a pensar de la manera en que lo hago, dudando de las cosas que me quieren vender como absolutas. Entre las miles de cosas que tengo que agradecer a mis padres, es que siempre estuve rodeado de libros, entre ellos había algunos que hablaban acerca de la expansión del a religión católica por el mundo, siempre con una doble moral de aventar una piedra para después ir a sobar a quien se la aventó y decirle “son los designios del señor”. Ciertamente no me agrada una institución que prefiere agriarse antes de aceptar sus errores, menos aún que los que llega a aceptar lo hace con medias tintas.

De nuevo ¿entonces para que demonios querria ver al Papa?

Les platico mañana.

“El cuento de nunca acabar”.

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