Día 97.

Que difícil es encontrar una taza para café expresso a un precio económico. Pasé toda la tarde siguiendo el primer arcoiris que he visto este año sin alcanzarlo, pero al menos ya sé donde conseguirla mañana. Estoy hambriento de tanto caminar pero antes hay que escribir, dándole una primera escuchada al nuevo disco de High on fire.

¿Donde me quede ayer?

Ah, si.

Bueno, con los años, me fui suavizando en mi anti-clerisismo, principalmente porque siempre encontraba en todos lados alguien dispuesto a decir que la iglesia era lo peor que le había sucedido a la humanidad, que debería ser destruida y que la gente con fe en ella es idiota. Así de sucinto. La actitud de “estas a mi favor o eres un ignorante” me parece una de las cosas mas desagradables, sobre todo porque me parece que es hacer exactamente lo mismo de lo que se queja quien la predica. Hay que enfrentar esa lógica a algunos datos duros: México es el segundo lugar en número de católicos con 95 millones, que representa poco mas 80% de la población total del país en el cual, a cada lugar al que se vaya, se va a encontrar una iglesia como mínimo. Por otro lado, la Biblia sigue siendo el libro mas vendido del mundo, que no es nada fácil de leer por cierto. ¿Entonces toda esa gente es idiota? Desde el punto de vista de quien odia a la iglesia, si.

Recuerdo en particular a un maestro en la universidad, quien hablaba en clase que en África hay tanto VIH porque la población no utiliza condón, a causa de la iglesia católica, porque lo prohibe, un argumento que me pareció muy débil, por lo que le pregunté si no tenían derecho las personas a seguir o no las creencias de su iglesia, (a sabiendas que son otras las causas de tanta enfermedad) a lo que su respuesta fue categórica:

“Por pensamientos como el tuyo es que está muriendo la gente de SIDA”.

Toma de goma.

Desde entonces no volví a participar en su clase, que es en la que tengo peor calificación obtuve, pues me dejo de interesar al darme cuenta que estaba siendo instruido por alguien que en vez de enseñar, pontificaba. Si hay algo que detesto en este mundo son los dogmas, sean de quien sean. Me recordó a otra maestra con la que me sucedió algo similar, que daba introducción a la psicología, a quien cuestione dando el ejemplo de que si, hipotéticamente, a una computadora se le da la información de que un perro tiene cuatro patas y una mesa tiene cuatro patas, entonces la catalogabas como que ambas eran iguales; y mi pregunta era que si podía suceder algo similar en la mente humana, a lo que ella me miro fríamente, respondiéndome con otra pregunta cargada de veneno:

“¿En que clase cree que estamos? aquí no se manejan computadoras”.

Otra de goma.

Era como el tercer día de clases, durante el primer año. Terminando la clase, se me acercaron varios compañeros a quienes no conocía a decirme que la maestra se había pasado, que no tenia porqué responder así, mucho menos cuando era un cuestionamiento válido, lo cual agradecí, porque por un momento, me hizo dudar que quizá lo mejor hubiera sido quedarse callado. Pero también comprendí clases después, que lo que ocurrió no fue que atacara porque sí: lo hizo porque de lo único que sabia hablar, era de lo que venia en sus apuntes.

Justo a este punto quiero llegar.

Cada que me dicen que no hay que discutir de política, de religión o de futbol (aunque en realidad es a cualquier asunto que resulte espinoso o del que no sepamos), me quedo pensando que es porque le tenemos miedo a los dogmas. Nada como una creencia enraizada en creer que se tiene la verdad absoluta para volvernos ignorantes, sobre todo, cuando aseguramos que son los otros quienes tienen esos dogmas y no nosotros. Al no darnos la oportunidad de dialogar un poco, todo mundo pierde, especialmente cuando se trata de enseñarle a los demas supuestamente a ser mejores personas.

¿Y porqué quería entonces ir a la misa del Papa, padre de todo dogma, defensor de paidófilos, creador de miseria, nazi, retrógrada, que utiliza el signo del anticristo y que debe ser bien malo porque tiene cara de malo?

Con la pena, se me acabó el espacio, mañana prometo contestarlo.

“El mejor Papa de la historia”.

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