Día 106.

Lo malo de las crisis es que cuando se comienza a cerrar una válvula que se encuentra exhaustando vapor, se da uno cuenta que hay una buena cantidad extra que comenzaron a gotear agua hipercaliente sin que nos diéramos cuenta, porque no les prestamos atención mientras ocurría la crisis. Desde hace un mes o algo así parece que vivo en un estado de estrés sin secuencia, solamente aparecen cada dos o tres días emergencias que supuestamente habían sido atendidas o no tenía idea que fueran o ocurrir. O quizá me engaño, y la realidad es que de antemano estaba consciente que estaban ahí, solo protegiéndome de ellas con la misma falacia del prisionero que llega a la conclusión que no va a ser ejecutado solo porque el verdugo le dijo que lo ejecturaría el día que menos lo esperara.

Como sea, me siento un poco… drenado.

Hace tiempo encontré con que la filosofía de tocador que utilizan los motivadores de grupos, de que la palabra crisis y la palabra oportunidad son iguales en chino, ergo, cuando sucede una crisis es el momento de aprovechar y realizar cambios. La realidad es que esa suposición tiene el significado contrario. Mientras se encuentra uno dentro del ojo de un huracán, la peor decisión que se puede tomar es intentar aventarse a lo baboso a cambiar la cosas, lo único que se va a conseguir es que le caiga una vaca encima. ¿Porqué salió entonces esa frase? un error de traducción y un motivador que necesitaba vender una idea. La mayoría de las soluciones fáciles que vienen en los libros de autoayuda o que se escuchan de oradores que han sobrepasado las adversidades, son frases muy simpáticas que poco tienen que ver con la realidad. Engaños a mi gusto mal intencionados, caramelos para quitar el hambre y que solo generan picaduras de dientes (por cierto que los dulces no pican los dientes).

Recuerdo de niño un poster que vi en una clínica del seguro social, en la que aparecía una flor rota, que había sido pegada con cinta, con la mitad del tallo de un lado, la otra mitad del otro. El mensaje decía “Después de un accidente, ya nada es igual”. En la época en que lo vi, iba a rehabilitación por la rotura de mi codo, asunto en el que participaron unos chavos que le aventaron una pelota al caballo que yo iba montando, el cual se asustó y me tiro. En ese momento las cosas pudieron haber quedado en que tenia el brazo roto, pero se arremolinaron a mi alrededor muchas personas mientras yo me encontraba en shock, entre ellos señalaron a los culpables, que no tendrían no más de 15 años. Uno de ellos asustado, tomo mi brazo y lo doblo, para que los curiosos vieran que estaba bien, con lo que desacomodó más lo huesos provocándome una fractura múltiple que requirió cirugía para arreglarse. Buenos tiempos.

No quiero con esto decir que hay que quedarse estático mientras ocurren, todo lo contrario, hay que moverse, luchar por arreglar las cosas, pero no tratar de dar vueltas de timón solo porque de repente se hace mas fácil que enfrentar las cosas como vienen.

Mañana escribo algo mas alegre.

“Muy similar”.

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