Día 107.

Siguiendo con los refritos y a tono con la fecha, les dejo:

Último entorno.

Cada forma que ves la piensas con la vista. Todo lo que ha adquirido una forma fue antes un fantasma.

        Gustav Meyrink. “El Golem”

Mi memoria es un sucio carcamal.

Desde aquí arriba todo es pequeño, puede que un poco más de lo que recuerdo. Mi abuelo solía dar recorridos turísticos en estas torres, en un tiempo en que el acceso estaba permitido a todo mundo con un poco interés en entrar, no se cuanto seria su tarifa por contar historias del lugar pero seguro que era en centavos, todo era en centavos en aquel tiempo.

La única vez anterior a esta que estuve aquí no había tantos autos allá abajo, anuncios ruido, las paredes tenían un color café mas que rosa, olía la herrumbre dulce, pesada de las campanas que me fascinaban. Esta en la que me encuentro es la única que esta en funcionamiento todavía, solo para el Angelus, las demás las han sustituido con bocinas con campanadas pregrabadas; alguien siempre se encarga de echarle tierra a las tradiciones. Bueno, nunca es tarde para resucitarlas.

Así es…treinta y tres metros de aquí al suelo. Si mis cálculos están correctos (y se que lo están, después de todo mis padres no se partieron el alma para pagarme una carrera en vano) en mi caída recorreré veintiséis de ellos en tiro parabólico, ya tomando en cuenta la velocidad del viento, la inclinación, el ángulo preciso… si, hay que tomar en cuenta todo, nadie se fija en toda la preparación amenos que salga mal el espectáculo.

Apuesto mi abuelo se revuelca en su tumba, pero bueno, eso se saca la gente por meterle a uno ideas es la cabeza; a quien se le ocurre decirle a un niño “uh si supieras la de gente que aventaron desde aquí durante la guerra cristera, caían de ladito, todavía se alcanzaban a retorcer antes de entregar el cuero”… pero claro, esa no era su historia favorita, como olvidar la de que los niños que se portaban mal se los llevaba el robachicos y los vendía a las minas de carbón si bien les iba, o se si portaban muy mal entonces era el viejo del costal que los hacia picadillo utilizando su sangre para teñir la ropa…y siempre sacaba un pañuelo en ese tono para demostrar su punto mientras sonreía con su boca chimuela apestosa como solo los viejos de antes lo acostumbraban, mejor dicho, portaban a mucha honra.

Bonito detalle que el suéter de mi primaria era rojo con líneas azules. Fui un niño muy bien portado por cierto. Maldito anciano enfermo…de algún lado tenia que sacarlo yo. ¿Quién quiere hacerse viejo después de todo?

No, no me justifico, afortunadamente creo en el derecho inamovible de quitarse la vida como mejor le venga a uno en gana, al igual que defiendo obligación de joderle la existencia al prójimo de la manera mas imaginativa posible.

Colarse hasta aquí fue fácil como lo esperaba. Supondría el vulgo que un tipo trajeado con un maletín entrando de día a la iglesia llamaría la atención en un hora en que solo asisten turistas, un par de beatas reciclando plegarias, tal vez un vagabundo. La realidad es que la gente es poco intuitiva tirando a la autoindulgencia, seguros de que nada pasa. Mañana los periódicos tendrán mil detalles de mi vida aunque pocos con respuestas, los programas de radio estarán de plácemes con tantas llamadas que se van a saturar las líneas:

“Ya no sabe uno a donde va a parar el mundo, si yo lo conocía, era maestro de la primaria de mis hijos, Jesús Bendito si les hubiera hecho algo, ay, ay, ya, que cosas Dios mió, que cosas”.

Me imagino la cara del conductor de radio detrás del micrófono sin saber que responder, agotado de escuchar las mismas quejas todos los días, ahora para que le suelten encima nuevas para las que no tiene soluciones programadas. ¿Qué necesidad tiene uno de cargar con la mierda de los demás? Ah cierto… si de mucho de eso se trata esto. Que divertido.

Hay que pensar seriamente…estoy a punto de crear una nueva leyenda urbana que con un poco de suerte hasta traerá más turismo a nuestra noble ciudad: nada llega más al publico que un acontecimiento mórbido. La gente se niega a cada momento su natural instinto de disfrutar con el sufrimiento ajeno, como si no fuera una parte inherente de si. Tanta represión en nombre del buen gusto. A claro, a todos les gusta visitar los lugares históricos donde murieron héroes, las exhibiciones de aparatos de tortura, las corridas de toros…Si les fascina que el toro gane, para poder gritar con indignación “¡Toro asesino!”, en serio, el sadismo tiene taquilla asegurada.

Me da miedo pensar que puedo fallar. Espero que no, porque es un hecho que no lo voy a poder repetir. Siento un poco de pena por el barrendero allá abajo porque a alguien le va tocar limpiar el desorden después que se lleven mis restos. Aún quedaran las manchas, algunos pedazos de carne, souvenirs… posiblemente le provoque pesadillas de por vida. Colateral, le llaman, pero bueno, vale la pena el objetivo: esos buenos niños del orfanato que en cualquier momento van a llegar.

Uno en particular. Todavía no se cual. Me dan ganas de vomitar de los nervios…la emoción. Sublime me gusta pensar.

Me aventaré con una velocidad y momento preciso, (que no tome ese curso de clavados en vano). Para entonces mas de uno estará mirando hacia arriba, los que alcanzaron a escucharme gritar “¡adiós mundo cruel!”, justo antes del salto… no se puede fallar con un clásico. La caída será de un par de segundos, culminado en mi cuerpo empalado en la reja metálica que divide la catedral de la calle principal. Ahí es donde sucederá la magia. Ninguno de los presentes olvidara este día… Pero siempre se puede hacer más.

Con mis ultimas fuerzas levantare mi brazo y señalare a uno de los niños, uno solo…espero alcanzar a musitar un “Tú…” con la boca chorreante si el impacto me lo permite. Si no, de todos modos el efecto será literalmente memorable: Antes de que comiencen los gritos, todos estarán volteando su cabeza hacia donde señalo, hacia ese chiquillo, se plantara la interrogante de inmediato quemándole con mas fuerza la marca impuesta …transitara su existencia siempre preguntándose porque él, porque no cualquier otro, cualquiera, que hizo para merecerlo…le recordaran constantemente que lo señaló no solo un muerto, sino “Él muerto”…, le evitaran los demas niños, volaran piedras a su cabeza, los adultos trataran de darle consuelo pero siempre desconfiaran de él…un abrazo sincero queda descartado por lo que dure su infancia… si la sobrevive no creerá merecerlo…no tiene salida ¿Quién lo aceptaría, a donde podría ir? ¿Con sus papás?…ha cierto…no tiene.

Así es como se maldice a alguien. Al azar.

Ya llegan los niños acompañados por las monjas (no se como podría ser esto mejor), es tiempo de romper esta confesión en pedazos chicos, dejar que el viento se los lleve. Dejare unos cuantos aquí, para iniciar la cadena. Seguro que encontraran algunos dispersos por la ciudad pero no todos. Míralos, ahí están, casi listos para entrar al catecismo. Ese güerito se ve interesente, no lo aseguro, pero procuraré que sea el elegido, se ve resistente para llegar la vida adulta revolviendo una y otra vez la experiencia hasta que finalmente estalle. Lastima que me este vedado el don de la clarividencia.

¿Cuál será su nombre? Mejor aún… ¿Cómo lo llamarán desde ahora?

“Con giro y todo”.

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