Día 112.

Escucho una golondrina cantando afuera de mi ventana. Creo que son mi aves favoritas.

La espera es una de las cosas mas estresantes que conozco. La idea de pasar las horas esperando algo de lo que no se tiene una certeza del resultado genera tanta ansiedad que el tiempo en si es ansiedad. Hay demasiadas cosas que escapan del control de uno mismo, para la mayoría estamos entrenados con años de experiencia cotidiana, lo que nos genera una suerte de defensa que evita que nos volvamos locos. Mucho de esta defensa se basa en la repartición de culpa: si podemos asignarle a algo o a alguien el control de eso que nos afecta y que nos consume, tenemos la posibilidad de racionalizar las cosas.

Pero la verdad es que muchas veces esta racionalización no sirve.

Entre los millares de explicaciones que podemos crear (algunas de ellas llevan miles de años dando vueltas codificadas en algún lugar de nuestro ADN, como si las barreras mentales fueran tan importantes como las unas y dientes), siempre hay un puñado que nos llevan hacia la destrucción, con la misma certeza con la que una familia se avienta uno a uno tratando desesperadamente de sacar a un miembro que se ahoga en un río, logrando solo el mismo destino. Lo que no entiendo es porqué habitualmente utilizamos ese puñado como base para nuestras interacciones dolorosas, como si anidar ratas en el alma no llevara a otra cosa que ser devorado lentamente desde dentro. Igualmente, puedo racionalizar todo esto, puedo darle una explicación, pues eso se supone que es el conocimiento que he elegido y no por eso las cosas tienen mas sentido, tan solo es una capa de pintura sin quitar el oxido, no porque no se vea, no esta ahí.

¿Me vuelve una persona horrible el preferir la certeza? supongo si. Todos somos horribles cuando quedamos reducidos al caldo de cultivo que no sabe mas que burbujear, buscando con nuestro hedor alejar a cualquier depredador que nos pueda abatir. Uno de los miedos mas primigenios que tenemos es igualmente uno de los tabues mas absolutos: el ser comidos. Afortunadamente la naturaleza en algún punto vio lo poco provechoso de el canibalismo, con lo que nos puso castigos al respecto, volviéndonos menos humanos generación tras generación que se dedique a esta practica.

La idea de un día me convierta en alimento para los gusanos me horroriza. No tanto el estadio de la muerte, eso es algo que va a ocurrir, lo que me crispa la piel es pensar en cientos de pequeñas criaturas ciegas arrastrándose por debajo de mi piel saboreando la carne descompuesta, avanzando sin prisa, encontrando el agujero de mi estomago para descansar y seguir mordiéndome todo en completa oscuridad. Me imagino que lo que primero se llevan debe ser la lengua para que no pueda gritar.

Por algo la cremación me parece de los mejores inventos del hombre.

De todos modos, solo queda esperar. A veces hay buenas respuestas en la paciencia, pero por ahora procuraré hacer algo en lo que me he vuelto experto.

Escapar.

“Los misterios del gusano”.

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