Día 116.

Despierto con sueños que no son mios.

Tuve varios despertares en falso. Sueño con un departamento donde hay una niña pequeña, al parecer soy su padre, tengo una pequeña discusión cotidiana con mi esposa, mi carácter es mas fuerte, parece que soy feliz. Trato de despertar varias veces, pues solo cerré los ojos un momento y he de escribir, pero invariablemente regreso al departamento, se resetea la historia. Salgo y encuentro un par de niños que son mis vecinos, son ruidosos. Veo una mujer joven con un toalla, va hacia la alberca del edificio acompañada por dos hombres, todos se ven simpáticos, me gustaría conocer a la chica; la alberca es rectangular, el agua clara y el sol de primavera en el cielo hace todo mejor, pero por ahora recorro los pasillos, son de piedra, como una caverna, pintadas color café. La cara me pica, tengo la barba un poco crecida. Al parecer he bebido demasiado la noche anterior pues tengo resaca, una ducha me vendría bien para despertar. Veo a la chica mas tarde, trae el pelo negro y mojado, y unas zapatillas blancas que se atan al tobillo, se ven caras y elegantes. Se va, sin voltearme a ver. Sigo intentando despertar, en alguno de esos intentos estoy seguro de haberlo logrado, de estar escribiendo sobre este teclado, se lo presumiré a mi novia cuando llegue, que escribí la mitad de este post dormido. De nuevo caigo en cuenta que no es real, pero todo es cómodo, quizá podría quedarme aquí si no tuviera cosas que hacer. Decido tomar esa ducha pendiente, pero del tragaluz cae un bulto de tierra para jardín, lo agarro antes de que toque el suelo para que no se derrame, no se que hace ahí, pero creo que es un ancla hacía mis propias ideas. Las escenas cambian, todas son de una vida de alguien que conozco, posiblemente de dos, pero al mismo tiempo entiendo que son su irrealidad: anhelos, deseos profundos destilados en una vida tranquila, familiar, nutritiva. Me invaden suavemente y se entremezclan con los mios, no importa, solo cerré los ojos un momento y es un buen lugar para descansar.

Me despierta un mensaje en mi celular.

He dormido dos horas en un sillón que no es mío en una casa que no es mía. El despertar no es rudo, los dedos en mi cerebro se desvanecen con la misma suavidad con la que llegaron, estoy completamente seguro que he soñado los sueños de alguien que vive aquí. Recuerdo que me han prestado esta casa para tener un lugar tranquilo donde escribir cuando lo necesite, me apena darme cuenta que me he dormido sin pedir permiso.

Por un momento dudo de estar realmente despierto, pero esto ya me ha pasado antes. En otras ocasiones he dormido en casas ajenas donde sus habitantes han dejado en cada objeto una parte de si mismos, como un aroma, destellos de recuerdos y lugares que nunca fueron. Por un momento pensé que era una mala idea escribir aquí, pero al parecer he sido aceptado por este espacio al igual que por las personas que le dan vida.

Siento el descanso.

“Detrás de las paredes”.

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