Día 121.

Esperando en un internet de mala muerte a que me quemen un disco de música. Lo malo de no llevar toda la tecnología junta es que de repente se requieren cosas (como CD’s grabados) que simplemente ya no se utilizan, por lo que no cuento con un quemador, lo que me orilla a acudir a tugurios como este por ayuda.

A lo nuestro.

Ahora que las campañas presidenciales están en su apogeo, me encuentro con un fenómeno extraño. No, no el habitual comentario tira mierda a algún candidato o la promoción semi-mesianica de otro, lo cual es algo que esperaba. Lo que ahora esta ocurriendo es que de repente el país es una porquería y todos vamos a morir.

Así de dramático.

La verdad es que no tengo idea por quien voy a votar (digo, siempre voto por Satán porque el mal siempre gana, pero no sé a que representante suyo en la tierra le facilitaré mi derecho ciudadano), pero la verdad es que siendo honestos, mi voto no es un acontecimiento que detenga el inminente apocalipsis que se ha desatado, donde el fuego está justo bajo nuestros pies solo esperando el día en que tome posesión el próximo presidente (o el día siguiente a la elección) para terminar de quemarnos a todos y maldecir a todas las generaciones que nos precedieron desde el inicio de los tiempos.

¿Cuando ocurrió esta inevitable tragedia?

No estoy seguro, pero al parecer la culpa es del gobierno. No el actual, no el anterior, sino cualquier gobierno. A según entiendo, la gente esta muriendo de hambre, la desesperación es rampante al punto del suicido, los animalitos caen muertos al nacer, la economía esta destruida y la violencia es tanta que solo asomar la cabeza a la calle garantiza sino la muerte, al menos el reacomodo de los huesos que la conforman. En este escenario, la gente ha perdido la esperanza de cualquier cosa y su realidad es absoluta en el sentido de que a lo mas que podemos aspirar es a prolongar la agonía, pues si hacemos caso a toda la cantidad de información que no es vertida como drenaje en en cerebelo, vivimos en un basurero toxico lleno de mutantes lentos. Después de dos semanas de ignorar las noticias y de repente inbuirme en el ambiente fatalista predominante, se me antoja un descenso dentro de una porqueriza, un acto sin ningún valor excepto como cronista de una propaganda terriblemente paranoide.

¿Soluciones? al parecer ninguna. Si tomamos en cuenta el axioma matemático de que dos negativos generan un resultado positivo, caemos en que ni siquiera las reglas básicas de la aritmética pueden salvarnos, pues también han desaparecido. Cualquier solución propuesta es inmediatamente desechada como un acto de demagogia en el mejor de los casos o una invocación acelerada hacia el abismo irreversible de la destrucción total.

Que por cierto es tan ruda que antes de morir vamos a ver como violan, matan y destazan a nuestras familias frente a nuestros ojos.

No hace mucho un amigo me preguntaba “crees que ya tocamos fondo o crees que podríamos estar peor?” a lo cual se me antojó contestarle con una cachetada.

¿Porque? Mañana les cuento.

“Creo que esto es la colonia Obrera”.

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