Día 124.

¿Cuantos ángeles caben en la punta de un alfiler? No sé y no me importa. Lo que me importa es que el 24 sigue siendo mi numero favorito, que esto verá la luz (figurativamente) el domingo y que llevo 62,000 palabras como mínimo escritas en este blog, lo que equivalen a aproximadamente 250 paginas en un lapso de 4 meses desde que comencé a escribir.

Nada mal.

Una pregunta que siempre me había hecho es cuanto tiempo lleva escribir una buena novela. No que tenga intenciones de iniciar una en este momento, por piedad, creo que eso es algo que todavía no tengo idea de como se hace, tomando en cuenta que he leído acumulaciones de palabras que dicen ser novelas, como El escarabajo verde de Vanderberg cuyo mejor personaje era Nagla, la de los poderosos senos que aparece prominentemente en el primer capitulo y después es desechada dando lugar a una historia de momias pero sin momias; o el Psicoanalista de Katzenberg, que logró que leyera 100 paginas antes de decidir que tengo mejores cosas que hacer con mi tiempo, por lo que procedí a leer el capítulo final y dormir con la consciencia tranquila de no volver a levantar un libro de él. Ahora, puedo afirmar que si de colocar una palabra tras otra se trata, con una hora diaria durante 120 días es suficiente para generar (que no crear) las hojas necesarias para ponerlas entre una empastadura y llamarlas “libro”.

Buenos libros que he leído que tienen una extensión de doscientas a trescientas paginas, están El ticket que explotó de Burroghs, interesante experimento que tampoco puede llamarse una novela de la manera tradicional, pero, que llena sus paginas con suficientes descripciones de falos para toda una vida; El golem de Gustav Meynirk, de las mejores historias que entre por los oídos mas que por la vista con un final mas que satisfactorio; El lobo estepario que todo mundo debería de leer antes de cumplir 20 años porque después pierde fuerza; Caín de Saramago, que la verdad no tiene pierde en que es divertido, un poco hereje pero no demasiado; Farabeuf de Salvador Elizondo, una excelente pesadilla envuelta en romance, de esas que todo darketo presume conocer pero que se desmaya cuando involucran sangre… o en este caso, mutilaciones. Creo que este rango de páginas es el perfecto para una lineal bien estructurada de esas para leer durante un fin de semana o por las tardes. Literatura para apantallar en el café dando el gatazo de ser un lector de todo, aunque solo se haga dos veces al año.

Pero, me doy cuenta que me he vuelto negligente.

Desde un inicio quería dedicarle regularmente un post comparativo en cuanto numero de paginas fuera llevando, siendo esta la segunda ocasión que lo hago olvidando las historia de entre cien y doscientas palabras. A manera de disculpa no pedida, ofrezco las siguientes recomendaciones para una lectura rápida y nutritiva sin perder consistencia con lo que pueden impresionar chicas/os dependiendo de sus gustos: Pedro Paramo de Juan Rulfo, pecado estúpido el no leerlo dado que es lo mejor que se ha escrito en el país desde nunca; Otra vuelta de tuerca de Henry James, porque leerlo es darse la oportunidad de tomar el control sobre lo que se lee (y darse cuenta que dice demasiado de el lector); No te enojes, Pamela de Guillermo Fadanelli, es de mis libros favoritos por el momento, pues en cuanto lea otro de él, seguro que será mi nuevo favorito; y claro En las montañas de la locura de Lovecraft. Si necesitan preguntarse porqué lo recomiendo, es que no ha han puesto mucha atención a blog.

Y continuo sin saber como se escribe una novela.

“¡Tekelili! ¡Tekelili!”.

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