Día 125.

¿Adelantando trabajo en sábado en vez de salir a la calle con los démas niños a jugar? Sí, no siempre se tiene lo que se quiere y las obligaciones más importantes son siempre con uno mismo (falso como moneda de tres pesos) así que procuremos el trago amargo con una buena dosis de cinismo y si al rato se me antoja, también de cafeína.

Hablemos de la compulsión.

Ayer platicaba con unos amigos acerca de en que punto algo que resulta placentero se vuelve un acto sin sentido solo por la necesidad de seguir haciéndolo. El tema que nos ocupaba eran los vicios clásicos, como el alcohol y el cigarro (sin dejar de lado las drogas suaves, dado que era el 4:20), en donde puse el ejemplo de que una noche anterior había salido a tomarme una cerveza con un otro amigo, más dichas cervezas, se encontraban al tiempo, por mucho llevarían una hora refrigeradas. Molestos, pedimos hielo y vasos, aunque el sabor realmente no era agradable, por lo que las tomamos con poca convicción, considerando irnos de ahí. La siguiente ronda igualmente solicitamos hielo, pero ya con menos irritación. Para las rondas subsecuentes nos encontrábamos en otra mesa platicando con otras personas, paso el tiempo y de repente ya no tenia importancia la temperatura de las bebidas.

Que haciendo memoria, creo estaban todavía mas calientes.

¿En que momento dejó de ser importante? creo que en el momento en que dejamos de prestarle atención al hecho de que se la bebida se supone debe ser agradable.

Mientras platicaba acerca de esto, mis acompañantes hicieron memoria de cuanto fuman, calculando como bajo el numero (afortunadamente ya tengo casi un año sin fumar, un día me aviento un post al respecto), sin embargo, mientras transcurría la tarde y se convertía en noche, a la cajetilla que habían comprado apenas horas antes, le quedaban solo dos solitarios cigarrillos, pues todos los otros 18 habían desaparecido en sus bocas, exhalados justo enfrente de mí durante el tiempo que estuvimos charlando los tres.

Lo cual no fue más de 4 horas.

Esto equivale (haciendo malas matemáticas) a que se fumaron cada uno 2.25 cigarros por hora, pero, tomando en cuenta que durante la primera hora estuvieron fumándose un solo cigarrillo entre los dos, la verdad es que la mayoría de los cigarrillos murieron y mataron en tres horas.

Si, llega a ocurrir.

Igualmente con la comida, el café, el internet (el sexo, lo cual es un caso triste aunque no lo parezca), cualquier cosa que idealmente tiene dosis para ser consumidas, llega el momento en que lo hacemos mecánicamente, como tratando de llenar un vacío inexistente. Gibran Jalil habla de un gigante en una isla que se la pasaba comiendo tierra y tomando el agua del océano sin parar, a lo que le preguntó si no se encontraba satisfecho. El gigante responde que no solo esta satisfecho, sino harto, pero, ante la siguiente pregunta de porqué lo hacia, su respuesta fue que le daba miedo que el día de mañana ya no tuviera mas tierra que comer y agua que tomar.

Continuemos en el siguiente post.

“Sip, soy gordo y como bambú”.

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