Día 127.

Después de estar bien alimentado se antoja escribir. Este es el quinto post que escribo en un solo día, nada mal, considerando que he descansado lo suficiente entre uno y otro. Igualmente aprovecho que traigo el ratón cerebral encarrerado, que no tengo dinero para salir en la noche y que no hay nada interesante que ver en televisión (como si habitualmente lo hubiera).

Dado que todo el día he estado dándole vueltas al mismo tema, continuemos, claro, dando un esquinazo y aprovechando que también ya es tiempo de tocar otro pecado capital, en este caso el que menos me aqueja, dado que personalmente me aburre:

La gula.

En este mundo post-moderno (el mamón ataca de nuevo), el comer con exceso se considera un arte o una desgracia, dependiendo de la manera en que sea digerida. Los pecados capitales no son tan simples como parecen, llevan sus puntos extra descritos por teólogos, en este caso por Santo Tomas de Aquino: comer en abundancia, comer cosas lujosas, comer con condimentos que le den buen sabor, comer fuera de tiempo y comer con demasiadas… ganas. Todas son parte del pecado de la gula.

Supongo que lo correcto es comer despacio y piadosamente un plato de avena. Sin azúcar. Vieja la avena de preferencia y poquita.

En el piso.

De las cosas que me gusta abusar en cuanto a comida son de las pastas, los camarones, los tacos de barbacoa y uno que otro platillo, pero en general no tengo el gusto de saber aprovechar los rituales de la comida como a la mayoría, mi estomago se llena y biologicamente se me complica seguir comiendo, so pena de tener un día muy… líquido. La gente se extraña cuando descubre que como dos veces al día, que mis comidas son sustanciosas pero que no tengo un apetito como el que se le atribuye habitualmente al genero masculino y que invitarme a un buffet de carnes es una pésima inversión donde todos pierden. En general la comida me preocupa poco, quizá porque nunca me ha faltado, lo único que le pido es que tenga buen sazón (el mentiroso) y que no me haga daño.

Sin pepinillos.

De lo que si estoy seguro es que es uno de los pecados que mas se castiga. Dudo que el infierno guarde torturas tan severas como las que se le hacen padecer a la gente gordita, gorda o marrana, solo por el hecho de serlo: discriminación desde niños, etiquetación inmediata no importando que mas tiene su persona:

– Te voy a presentar a una amiga, es bien buena onda.

– Osea que es gorda, no gracias.

…desprecio por parte de los médicos, objeto de bromas crueles, humillaciones poco privadas justificandolo con un “a ver si así baja de peso” y claro, estas son actitudes que la sociedad mantendrá por el resto de su vida de una u otra forma, como evitando crear ropa que no se vea como carpas de circo, propaganda ni siquiera levemente disimulada de que ser gordo es feo y que si baja de peso todo mundo lo va a querer, mientras al mismo tiempo se le vende una cantidad indecible de grasas con sabor (por cierto, algunas deliciosas) en cada esquina, porque en el fondo solo hay algo que pueden hacer muchas personas obesas.

Seguir comiendo.

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“Beelzebub, diablo patrono de comer en exceso”.

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