Día 125.

¿Adelantando trabajo en sábado en vez de salir a la calle con los démas niños a jugar? Sí, no siempre se tiene lo que se quiere y las obligaciones más importantes son siempre con uno mismo (falso como moneda de tres pesos) así que procuremos el trago amargo con una buena dosis de cinismo y si al rato se me antoja, también de cafeína.

Hablemos de la compulsión.

Ayer platicaba con unos amigos acerca de en que punto algo que resulta placentero se vuelve un acto sin sentido solo por la necesidad de seguir haciéndolo. El tema que nos ocupaba eran los vicios clásicos, como el alcohol y el cigarro (sin dejar de lado las drogas suaves, dado que era el 4:20), en donde puse el ejemplo de que una noche anterior había salido a tomarme una cerveza con un otro amigo, más dichas cervezas, se encontraban al tiempo, por mucho llevarían una hora refrigeradas. Molestos, pedimos hielo y vasos, aunque el sabor realmente no era agradable, por lo que las tomamos con poca convicción, considerando irnos de ahí. La siguiente ronda igualmente solicitamos hielo, pero ya con menos irritación. Para las rondas subsecuentes nos encontrábamos en otra mesa platicando con otras personas, paso el tiempo y de repente ya no tenia importancia la temperatura de las bebidas.

Que haciendo memoria, creo estaban todavía mas calientes.

¿En que momento dejó de ser importante? creo que en el momento en que dejamos de prestarle atención al hecho de que se la bebida se supone debe ser agradable.

Mientras platicaba acerca de esto, mis acompañantes hicieron memoria de cuanto fuman, calculando como bajo el numero (afortunadamente ya tengo casi un año sin fumar, un día me aviento un post al respecto), sin embargo, mientras transcurría la tarde y se convertía en noche, a la cajetilla que habían comprado apenas horas antes, le quedaban solo dos solitarios cigarrillos, pues todos los otros 18 habían desaparecido en sus bocas, exhalados justo enfrente de mí durante el tiempo que estuvimos charlando los tres.

Lo cual no fue más de 4 horas.

Esto equivale (haciendo malas matemáticas) a que se fumaron cada uno 2.25 cigarros por hora, pero, tomando en cuenta que durante la primera hora estuvieron fumándose un solo cigarrillo entre los dos, la verdad es que la mayoría de los cigarrillos murieron y mataron en tres horas.

Si, llega a ocurrir.

Igualmente con la comida, el café, el internet (el sexo, lo cual es un caso triste aunque no lo parezca), cualquier cosa que idealmente tiene dosis para ser consumidas, llega el momento en que lo hacemos mecánicamente, como tratando de llenar un vacío inexistente. Gibran Jalil habla de un gigante en una isla que se la pasaba comiendo tierra y tomando el agua del océano sin parar, a lo que le preguntó si no se encontraba satisfecho. El gigante responde que no solo esta satisfecho, sino harto, pero, ante la siguiente pregunta de porqué lo hacia, su respuesta fue que le daba miedo que el día de mañana ya no tuviera mas tierra que comer y agua que tomar.

Continuemos en el siguiente post.

“Sip, soy gordo y como bambú”.

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Día 124.

¿Cuantos ángeles caben en la punta de un alfiler? No sé y no me importa. Lo que me importa es que el 24 sigue siendo mi numero favorito, que esto verá la luz (figurativamente) el domingo y que llevo 62,000 palabras como mínimo escritas en este blog, lo que equivalen a aproximadamente 250 paginas en un lapso de 4 meses desde que comencé a escribir.

Nada mal.

Una pregunta que siempre me había hecho es cuanto tiempo lleva escribir una buena novela. No que tenga intenciones de iniciar una en este momento, por piedad, creo que eso es algo que todavía no tengo idea de como se hace, tomando en cuenta que he leído acumulaciones de palabras que dicen ser novelas, como El escarabajo verde de Vanderberg cuyo mejor personaje era Nagla, la de los poderosos senos que aparece prominentemente en el primer capitulo y después es desechada dando lugar a una historia de momias pero sin momias; o el Psicoanalista de Katzenberg, que logró que leyera 100 paginas antes de decidir que tengo mejores cosas que hacer con mi tiempo, por lo que procedí a leer el capítulo final y dormir con la consciencia tranquila de no volver a levantar un libro de él. Ahora, puedo afirmar que si de colocar una palabra tras otra se trata, con una hora diaria durante 120 días es suficiente para generar (que no crear) las hojas necesarias para ponerlas entre una empastadura y llamarlas “libro”.

Buenos libros que he leído que tienen una extensión de doscientas a trescientas paginas, están El ticket que explotó de Burroghs, interesante experimento que tampoco puede llamarse una novela de la manera tradicional, pero, que llena sus paginas con suficientes descripciones de falos para toda una vida; El golem de Gustav Meynirk, de las mejores historias que entre por los oídos mas que por la vista con un final mas que satisfactorio; El lobo estepario que todo mundo debería de leer antes de cumplir 20 años porque después pierde fuerza; Caín de Saramago, que la verdad no tiene pierde en que es divertido, un poco hereje pero no demasiado; Farabeuf de Salvador Elizondo, una excelente pesadilla envuelta en romance, de esas que todo darketo presume conocer pero que se desmaya cuando involucran sangre… o en este caso, mutilaciones. Creo que este rango de páginas es el perfecto para una lineal bien estructurada de esas para leer durante un fin de semana o por las tardes. Literatura para apantallar en el café dando el gatazo de ser un lector de todo, aunque solo se haga dos veces al año.

Pero, me doy cuenta que me he vuelto negligente.

Desde un inicio quería dedicarle regularmente un post comparativo en cuanto numero de paginas fuera llevando, siendo esta la segunda ocasión que lo hago olvidando las historia de entre cien y doscientas palabras. A manera de disculpa no pedida, ofrezco las siguientes recomendaciones para una lectura rápida y nutritiva sin perder consistencia con lo que pueden impresionar chicas/os dependiendo de sus gustos: Pedro Paramo de Juan Rulfo, pecado estúpido el no leerlo dado que es lo mejor que se ha escrito en el país desde nunca; Otra vuelta de tuerca de Henry James, porque leerlo es darse la oportunidad de tomar el control sobre lo que se lee (y darse cuenta que dice demasiado de el lector); No te enojes, Pamela de Guillermo Fadanelli, es de mis libros favoritos por el momento, pues en cuanto lea otro de él, seguro que será mi nuevo favorito; y claro En las montañas de la locura de Lovecraft. Si necesitan preguntarse porqué lo recomiendo, es que no ha han puesto mucha atención a blog.

Y continuo sin saber como se escribe una novela.

“¡Tekelili! ¡Tekelili!”.

Día 123.

Bonito numero, no sé porque me recuerda a una bandera. Traigo un atraso de un post, que con este termino por regular con lo que ya puedo continuar (por fin) con varias escritos que tengo a medias y que debieron de ser entregados… hace como tres semanas. Ya entiendo porqué se dice que los escritores no respetan fechas de entrega.

Continuando…

Me quedé en la estupidez humana. Definamos eso.

La estupidez es la falta de inteligencia, habilidad, sentido común o razonamiento.

Otro de los escenarios que hasta hace pocos años se encontraba de moda es que deberíamos ser mas como Cuba. Un pueblo orgulloso, donde el socialismo ha hecho la vida justa para todos, todo mundo tiene seguridad social, trabajo, beben ron y no le tienen miedo a Estados Unidos. Claro, bajo ese escenario propio de los años sesenta, se obvia que la gente carece de comodidades, libertad de expresión y que el turismo sexual hasta hace pocos años tenia la leyenda de ser tan económico como intercambiar pantalones de mezclilla o estuches de maquillaje por sexo, exageraciones, claro. Al igual que todos lados el costo es en dinero, poco mas de 40 dolares la noche. Si tomamos en cuenta que el salario anda en 15 dolares mensuales, la perspectiva se vuelve extraña.

Pero ya no esta de moda ser como Cuba.

Lo que ahora está de moda es creer cualquier cosa que aparezca en las redes sociales donde se demuestra que cualquier país se encuentra bien menos nosotros, lo que demuestra que el gobierno esta mal, es invisible y debe ser derrotado.

Pero no por una revolución, eso ya también pasó de moda hace dos años durante el bicentenario.

La manera es a través de… ¿el voto?

¿En serio?

Siempre ha habido manipulación, promesas de campaña que no van a ser cumplidas y propaganda (funcionalmente algo negativo), pero afortunadamente antes no eran nuestros amigos o conocidos quienes se encargaban de la propagación de la desinformación con el mismo celo con el que detestan a quien no lleva su misma agenda.

Casi como evangelistas.

Rudyard Kipling escribió acerca de los Bandar-log una tribu de monos que cuyo discurso era:

“Somos grandes. Somos libres. Somos maravillosos !Somos las personas mas maravillosas en toda la selva! Todos así lo decimos, por lo que debe ser cierto”.

Eran un grupo muy bien organizado, que repetía lo que otros animales decían, planeaban grandes proyectos para conquistar la selva, pero, cuando caía una rama o hasta una hoja de los arboles, se distraían y olvidaban que demonios estaban haciendo. Eso si, seguían diciendo que eran los mejores de la selva.

Monos terriblemente estúpidos.

¿Cual fue su destino? Pues los demás animales los despreciaban, así que simplemente los ignoraban, continuando con su vida. Mogwli vivió poco tiempo entre ellos, pero aprendió por la mala que hacerles demasiado caso te convierte en parte de ellos.

¿Entonces, cual es la solución al gran problema que tenemos encima?

En primera aceptar que no es un gran problema que va a ser arreglado magicamente. En segunda, darle menos crédito a la actitud fatalista que intenta implementar que nadie mas que uno mismo es dueño de su destino, pero, que pese a eso, al tomar la decisión incorrecta nos condenamos a nosotros mismos y a los demás. El discurso no tiene lógica, busca llegar a la parte mas sentimental de nosotros, y permítanme recordarles que los únicos que consideran que uno debería de gobernarse por medio de flores, sentimentalismos y buenas intenciones son los hippies.

Y huelen muy mal, al igual que los Bandar-log.

¿Entonces?

Dejen de escuchar tanto ruido buscando respuestas a problemas que no tienen. Consideren que es lo que quieren que les sirva a ustedes, dejen de comparar otras vidas con la propia, eso es algo que ningún líder va a cambiar. Gane quien gane el juego sigue.

Y como favor personal, dejen de hacer tanto ruido, eso es propio de los changos al igual que estar aventando heces.

De todos modos modos van a seguir cayendo ramas.

“Todos vamos a ser diputados”.

Día 122.

¿Porqué los vecinos creen que con contestarte feo y poner música banda a todo volumen va a hacer que se les tenga miedo? sobretodo cuando uno tiene bonitas bandas como Oxidised Razor o Destruction para terminar con su pequeño sueño. Pocas cosas mas castrantes que los pasivo-agresivos, mejor agresividad directa y listo.

Justo en ese tenor, y continuando con el tema de ayer.

Una cosa es tener ganas de ejercer violencia y otra muy diferente llevarla a cabo, sobre todo cuando es porque no se tiene argumentos para no hacerlo. En el caso de mi amigo que ve el presente como el final inesquivo de una mala vida, preferí preguntarle una cosa muy sencilla:

¿Realmente tan mal está tu vida?

Dejemos de lado las insistentes noticias que nos meten en la garganta (y otros accesos al cuerpo humano) los manejadores del cuarto poder ¿puede alguno de mis lectores decir que su vida realmente es tan terrible como la manejan los periodicos? Hasta donde tengo entendido, para poder leer estas lineas se requiere una conexión a Internet, una computadora, electricidad y un buen numero de satisfactores básicos y no tan básicos de la pirámide de Maslow, entre ellos no mencionado el tener una vida en donde pueden desperdiciarse minutos u horas en linea en vez de estar luchando por sobrevivir, una existencia en donde se dan por sentados lujos tales como salir al cine y al bar al menos una vez a la semana, vacaciones al menos una vez al año en la playa o un par de días otra ciudad, comprarse ropa de marca, comunicarse indiscriminadamente, elegir pareja (temporal o permanente) cada mes, pero sobre todo, el derecho a quejarse por otras personas de cosas que afectan a otras personas en un lugar donde dichas personas afectadas nunca se van a enterar.

¿Donde esta entonces el desastre?

“Es que en otros países están mejor”

Ah, así la cosa cambia.

Un problema acerca de las noticias, es que siempre llegan sin contexto. Por ejemplo, de cuando en cuando veo que se habla de la revolución de Islandia como algo increíblemente excelente que se debería de hacer aquí. El problema es que se comparten solo unos datos básicos: fue una revolución pacifica, se tumbó al presidente en turno, se le va a hacer juicio político y todos son felices por allá. Lo que se deja de lado, es que realmente no se trató de un cambio de gobierno, sino de una estafa bancaria en donde la deuda superaba el producto interno bruto del país, pues, se piense lo que se piense, Islandia es un país pequeño con poca gente (Morelia tiene tres veces mas población que todo el país) y lo que se buscaba no era terminar con un gobierno para instaurar otro, lo que se buscaba era una solución eficiente al problema y como en cualquier compañía, el primer paso es despedir al jefe en lo que se busca como controlar la fuga de capital. Islandia no cambió porque tuviera una sociedad injusta, sino porque tomaron malas decisiones financieras, que por cierto, todavía se encuentran en juicio. Tratar de emular una solución aquí de esa naturaleza es ridículo, porque ni siquiera se tiene un objetivo claro.

Continuemos quejándonos de la estupidez humana en el siguiente post.

“Igual es nada mas un masaje”.

Día 121.

Esperando en un internet de mala muerte a que me quemen un disco de música. Lo malo de no llevar toda la tecnología junta es que de repente se requieren cosas (como CD’s grabados) que simplemente ya no se utilizan, por lo que no cuento con un quemador, lo que me orilla a acudir a tugurios como este por ayuda.

A lo nuestro.

Ahora que las campañas presidenciales están en su apogeo, me encuentro con un fenómeno extraño. No, no el habitual comentario tira mierda a algún candidato o la promoción semi-mesianica de otro, lo cual es algo que esperaba. Lo que ahora esta ocurriendo es que de repente el país es una porquería y todos vamos a morir.

Así de dramático.

La verdad es que no tengo idea por quien voy a votar (digo, siempre voto por Satán porque el mal siempre gana, pero no sé a que representante suyo en la tierra le facilitaré mi derecho ciudadano), pero la verdad es que siendo honestos, mi voto no es un acontecimiento que detenga el inminente apocalipsis que se ha desatado, donde el fuego está justo bajo nuestros pies solo esperando el día en que tome posesión el próximo presidente (o el día siguiente a la elección) para terminar de quemarnos a todos y maldecir a todas las generaciones que nos precedieron desde el inicio de los tiempos.

¿Cuando ocurrió esta inevitable tragedia?

No estoy seguro, pero al parecer la culpa es del gobierno. No el actual, no el anterior, sino cualquier gobierno. A según entiendo, la gente esta muriendo de hambre, la desesperación es rampante al punto del suicido, los animalitos caen muertos al nacer, la economía esta destruida y la violencia es tanta que solo asomar la cabeza a la calle garantiza sino la muerte, al menos el reacomodo de los huesos que la conforman. En este escenario, la gente ha perdido la esperanza de cualquier cosa y su realidad es absoluta en el sentido de que a lo mas que podemos aspirar es a prolongar la agonía, pues si hacemos caso a toda la cantidad de información que no es vertida como drenaje en en cerebelo, vivimos en un basurero toxico lleno de mutantes lentos. Después de dos semanas de ignorar las noticias y de repente inbuirme en el ambiente fatalista predominante, se me antoja un descenso dentro de una porqueriza, un acto sin ningún valor excepto como cronista de una propaganda terriblemente paranoide.

¿Soluciones? al parecer ninguna. Si tomamos en cuenta el axioma matemático de que dos negativos generan un resultado positivo, caemos en que ni siquiera las reglas básicas de la aritmética pueden salvarnos, pues también han desaparecido. Cualquier solución propuesta es inmediatamente desechada como un acto de demagogia en el mejor de los casos o una invocación acelerada hacia el abismo irreversible de la destrucción total.

Que por cierto es tan ruda que antes de morir vamos a ver como violan, matan y destazan a nuestras familias frente a nuestros ojos.

No hace mucho un amigo me preguntaba “crees que ya tocamos fondo o crees que podríamos estar peor?” a lo cual se me antojó contestarle con una cachetada.

¿Porque? Mañana les cuento.

“Creo que esto es la colonia Obrera”.

Día 120.

Bueno, me regalaron un celular usado de hace cuatro años y me encuentro confundido. Será mejor que me explique.

Desde hace mucho había decidido que no me interesaba entrar en el submundo de los celulares. Tengo los conocimientos básicos acerca de para lo que sirve, osea, para mí un celular sirve como reloj, para hacer llamadas y recibir mensajes, en ese orden de importancia. Cualquier otra función que realicen siempre me ha parecido… insustancial. Mi política ha sido siempre esperar a que un aparato haga exactamente lo que quiero o me ofrezca algo especial para comprarlo, ya sea un reproductor de música, una consola de juegos o una computadora. Por ejemplo, mi laptop, como ya lo he comentado, la compré buscando tres cosas, la primera que fuera muy económica, la segunda que el teclado fuera cómodo para escribir y por ultimo que fuera transportable sin ser diminuta. Cosas como rendimiento, capacidad para correr programas y tamaño del disco duro me tenían sin importancia. ¿Porqué? Bueno, llevo bastantes años reparando computadoras, cosa que me ha ayudado a mantener mis vicios, tiempo en el que he aprendido que si quieres que tu maquina haga maravillas, se le tiene que invertir una fuerte cantidad de dinero, mantenerla actualizada y pasados un par de años, simplemente comprar una nueva, pues mas temprano que tarde se vuelve obsoleta.

O al menos eso parece.

En sí, no es que sea obsoleta, lo que sucede es que estamos programados para consumir, tener lo mas nuevo aunque no lo ocupemos, cosa que ido procurando quitarme de mi propio sistema cerebral. Un buen día me pregunte exactamente que quería en una computadora, llegando a la conclusión que lo que quería, ya hacia tiempo se había convertido en parte estándar de la tecnología: música, Internet, procesador de texto y video. Tal vez no lo recuerden, pero no hace demasiado, cuando el entandar de la capacidad de memoria era menor a un gigabyte, mantener abiertas por un periodo relativamente largo dos o tres de estas funciones, lograba que de repente la maquina se alentara; se abría algo mas y comenzaba a trabarse, se le agregaba otra o la maquina lo hacía por su cuenta y simplemente dejaba de funcionar. Mi laptop anterior le tenia aversión a youtube aún que contaba con 512 de memoria junto con un buen procesador, pero el costo de actualizarla resultaba como de la mitad del costo de mi maquina actual, que cuenta con cuatro veces su potencia, y sin embargo, es de las maquinas mas básicas en el mercado. Todo esta en el estandar de lo que ocupas.

Con los celulares me pasa algo similar.

¿Facebook en el celular? ¿videos? ¿gps? ¿mp3? cuando salió el Iphone, recuerdo que lo quería, hasta que vi el costo y lo comparé con las cosas que realmente haría con el, lo cual resultó un costo exorbitante. Para mí solo me significaba agregarle un ipod a un teléfono, pues lo demás no lo utilizaría, y ya tenía ambos aparatos por separado, el juego de status de la tecnología es un juego donde ya participé. Por otro lado, después de ver a varios amigos gastando cantidades de dinero fuertes por aparatos que consumen la totalidad de una quincena de trabajo para que estos se caigan, se rompan o les sean robados al poco tiempo, me hizo convencerme aún mas en utilizar aparatos desechables.

También, me fastidia la cultura del celular.

La idea de estar disponible 24 horas al día me parece absurda sobremanera, la imposibilidad de incomunicarse ante el estres que produce hacerlo al grado que ya existe terapia de desintoxicación, me parece un atentado contra el libre deseo de no querer saber de nadie. Igualmente sigo sin entender el papel del mensaje de texto fuera de situaciones que no requieren una respuesta inmediata, pero, para asuntos que requieren una conversación que se puede resolver fácilmente en 30 segundos de llamada, se utilizan 5 mensajes, los cuales, si no se está atento al momento que llegan, pueden hacer perder el tiempo de una o mas de las partes involucradas, recurso que no debería ser depositado tan aleatoriamente.

Actualmente la tecnología del celular ya me esta pareciendo más aceptable con aparatos económicos (o al menos accesibles) que ofrecen servicios que puedo llegar a utilizar y disfrutar, pero mientras tanto, me quedo confundido adoptando la tecnología de hace 4 años, dedicándole una mañana a sacarle provecho y dándome cuenta que los juegos en java no son divertidos.

Al menos tiene cámara.

“Claro, si es el teléfono de Evangelion, las cosas cambian”.

Día 119.

Siempre que termina un evento importante, el siguiente día es confuso, salen detalles importantes que atender de los que no hubo tiempo de preocuparse en su momento y que sin embargo forman parte integral de los acontecimientos. Como la verdad es que apenas estoy viendo de que lado se agarra la sartén, tendré que dejar un par de cosas para otro momento, pues, como siempre, lo urgente no deja tiempo para lo importante.

El otro día, platicando con una amiga, me preguntó cual seria para mí la peor manera de morir, a lo que sin dudar respondí que por enfermedad. No que la enfermedad en sí sea lo terrible, sino el hecho de que la decadencia poco a poco es una de las cosas que no solo aquejan a quien la padece sino a también a quienes están a su lado. La gente que me conoce sabe que he padecido varias enfermedades mas o menos fuertes, por lo que sé la carga emocional que genera en la familia el estres de querer lograr que se mejore el enfermo con la misma frustración de tener la imposibilidad de hacerlo, solo se puede estar ahí, con una mezcla de frustración, cariño y preocupación constante tratando de mantener la cabeza fría con un zumbido bailando dentro de ella.

Hace ya varios años, tuve un perro que falleció de una enfermedad degenerativa. Se le inflamaba el estomago impidiéndole la respiración, lo cual se ponía ver era increíblemente doloroso para ella. La llevamos al veterinario, la operaron, le aliviaron el dolor, pero la realidad es que ya era vieja, solo se recuperaría parcialmente, siendo solo la sombra de quien era. Nos dijeron que la mejor opción era prepararse para dejarla ir, pero no lo hice. Poco menos de dos semanas después, nuevamente el estomago volvió a inflamársele provocándole una agonía constante, la volvimos a llevar al veterinario, donde nos preguntaron si no preferíamos ayudarla a bien morir en vez de volverla a someter a una intervención. En ese momento tomé una decisión que hasta la fecha me persigue, en donde preferí que la volvieran a operar: no estaba dispuesto a dejarla ir. Vi como le ponían un tubo en el hocico, la subían a la mesa de operaciones donde se me quedaba viendo, pidiendo que la ayudara. Literalmente se orino de miedo. Le pusieron mal la anestesia, así que pudo sentir como le metían un tubo hasta el estomago con la sensación de estar indefensa mientras se ahogaba antes de perder el conocimiento.

Esos fueron sus últimos pensamientos.

La llevamos a casa después de la operación aún con la anestesia encima. Recuerdo que estaba agotado, toda la familia lo estaba, habían sido semanas agotadoras, solo queríamos dormir. De repente entró mi hermana a mi cuarto a decirme que mi perro no estaba respirando bien. Corrí a su lado, a tiempo para que muriera en mis brazos. Intenté masajearle el corazón en un acto de desesperación, pero no, ya se había ido. Todo el cansancio que sentía había desaparecido. Después de todo este tiempo aún no puedo olvidar su mirada en la mesa de operaciones.

No tuve el valor de dejarla ir.

Durante el ultimo mes, uno de mis perros tuvo una infección estomacal. Era la primera vez que se enfermaba, siempre había sido bastante sana, saliamos a caminar todos los días, tenía uno que otro achaque a sus 10 años, pero ninguno que le impidiera llevar una buena vida. la infección se le trató, pero al parecer las medicinas le habían hecho daño pues vomitaba la comida, se cansaba rápido y la respiración comenzó a afectarsele. La llevamos de nueva cuenta al veterinario pues su salud comenzó a deteriorarse rápidamente, sus parpados y su cabeza se inflamaron terriblemente, pero seguía el instinto de sobrevivir fuerte, buscando comer, levantarse a pesar que parecía consumirse con la perdida de peso tan tremenda, se le veía en el mundo. las pruebas de sangre resultaron indeterminadas, con las vacaciones de semana santa, los servicios no funcionaban con agilidad, pero la realidad es que estaba demasiado enferma, posiblemente de cancer. Hace poco mas de una semana fue el último día en que la vi sonreír. La cargué para ayudarla a llegar el ultimo tramo a casa y de repente se soltó: simplemente todo su peso lo dejo caer en mis brazos. Creí que había muerto, lo cual me llenó de confusión. Por un lado no quería aceptarlo, pero por otro estaba tranquilo si así hubiera sido: un final fulminante creo que es a lo mejor que se puede aspirar. Sin embargo no fue así. Llegamos a casa, donde se dirigió a dormir.

Durante la siguiente semana comenzó a mejorar en cuanto a los síntomas, pero su actitud decaía. Dejo de comer, de preocuparse, hasta que hace dos noches comenzó a llorar. La familia nuevamente estaba en crisis, las emociones estaban dominando y el cansancio junto con el silencio comenzaba a ser una constante.

Hace unas semanas platicaba con una señora, quien me decía que nunca quiso comprarles a sus hijas un perro, pues sabía que un día moriría mientras fueran niñas y ese dolor las lastimaría mucho. He tenido perros desde niño y es cierto, es muy duro cuando mueren, pero por nada cambiaría los días que compartimos y las aventuras que viví con ellos. Nadie me ha enseñado más de como ser un buen humano que mis perros. Creo que es algo que todos deberían poder hacer.

Ayer en la tarde, mientras la llevábamos nuevamente al veterinario, me quede un momento a solas en el auto con mi perro: tenía miedo, mucho dolor, le pregunté que es lo quería y recordé que le prometí no dejarla sufrir, aunque la verdad, no quería que fuera mi decisión. La llevé a la clínica, el veterinario me preguntó claramente si dejarla ir es lo que quería, a lo que respondí que si. No es lo que quiero, pero si. Le ayude a tomar una última vez agua, le sostuve la cabeza y estuve con ella mientras le aplicaban un anestésico. Le dije un hasta luego que ocurrirá algún día y esperé con ella mientras dormía.

Hoy es otro día.

Como siempre, el mundo gira sin importarle quien este arriba. Como lo dije al principio, el día siguiente siempre es confuso. Sé que tome un decisión, se que lo hice porque es algo que debía hacerse, no por eso deja de ser menos difícil. De lo único que puedo estar seguro es que con los recuerdos con los que me quedo son las tardes al sol viéndola perseguir gatos, rascándose la espalda en el pasto, saludándome cada mañana e ignorándome cuando quería dormirse.

Pero en este momento, me quedo con esa última sonrisa.

 

“Eso si, nunca creyó en los fabulistas”.