Día 138.

¿Les he comentado lo bizarra que resulta la existencia?

Hoy debería estar en el estadio, pero vendí los boletos que me regalaron. Debería estar en un bar viendo el partido con amigos, pero me dí cuenta que tenía un atraso en la escritura, no tengo mis lugares habituales para escribir, así que termine en un café cercano a mi casa para trabajar un poco antes de irme, primera visita que le hago para algo así.

Y sin embargo es el lugar donde debería encontrarme. Es momento de escribir todavía mas y dejar esperando a mis amistades. Ya saben como soy.

De cuando en cuando me encuentro en un deja vú. Se perfectamente que es un imbalance químico que evita que un recuerdo se afiance a la memoria inmediatamente, lo que provoca un desfase en el que lo que estamos viviendo parece que ya lo hemos vivido; por lo menos esa es la explicación mas acertada que he encontrado y aunque me convence completamente, no dejo de pensar que este momento ya lo había vivido, con un resultado extraño.

En la mesa justo enfrente de mí encuentro se encuentra una chica-pájaro que observa la pantalla de su computadora perdida en su propio mundo. Tiene el cabello castaño, las uñas rojas y un lunar en su mejilla, parece esperar a alguien, pero la expresión de su rostro no da señales de quien pueda ser. Procuro no pensar demasiado en ello, sus movimientos son extraños, desfachatados, un poco fuera de lugar. A pesar del ruido y el movimiento constante alderedor, me encuentro agradablemente fascinado por ella, el azar es tan denso que hace que todo gire demasiado rápido mientras escribo demasiado lento. Sus ojos son enormes, sus pestañas aletean rápida y confusas, cuida su maquillaje constantemente, me siento incomodo al invadir su privacidad, por indirecta que esta sea. Me recuerda una historia de un niño que ve como se va en un tren una niña que nunca conoció, preguntándose en quien se convertiría y quienes serán quien le aman.

En mi deja vú, en un universo alterno, la conozco, pero los recuerdos son confusos, hay una linea en el tiempo converge en su posición justo en este momento, posicionada y frágil para desaparecer, una de tantas posibilidades existenciales que no han sido, en ella platicamos de algo, nos dedicamos una sonrisa… y el recuerdo se pierde, como todo, las posibilidades están hechas para no ser observadas o calculadas, solo imaginadas. Tomo mas café del que necesito tan solo para continuar un momento mas admirándola, después de todo es un pájaro, en cualquier momento puede prender el vuelo y desaparecer de la misma manera en que llegó. Picotea su alimento, atiende sus asuntos, sus alas se encuentran relajadas, de cuando en cuando levanta su cabeza rápidamente, consciente de mi presencia, para después continuar con sus asuntos, hay un abismo de civilización y suposiciones entre los dos que crea un agradable ambiente.

Mi tiempo se acaba, el instante comienza a desaparecer, mas temprano que tarde uno tendrá que partir, hay lugares que ir, gente que atender y el ajetreo de la ciudad comienza a filtrarse. Me pregunto si algo aprendí dentro de esta burbuja inexistente. No tengo idea, las musas aparecen y actúan de manera extraña, no siempre en la forma que uno espera. Las maravillas de existir en un planeta pequeño.

De todos modos le agradezco por el momento, no todo debe dejarse al azar. Con un poco de suerte, leerá estas palabras, con un poco mas, quizá se de cuenta que me ha hecho sonreír.

“En otro lugar es un ave de presa”.

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