Día 143.

Almorzando una torta de carnitas y un expresso, bien saludable. Hay niños afuera corriendo de un lado a otro jugando no se a qué: aparecen un segundo por la ventana gritando y vuelven a desaparecer corriendo. Hacen tanto ruido que creo que es justo escribir al respecto.

No, no sobre juegos infantiles, sino sobre el ruido.

Me he resistido a escribir al respecto de esto, cada ciclo es lo mismo, se que es un ejercicio fútil tratar de aislarse de él pues este llega en diversas formas, todas más molestas que la anterior, con lo que no tenia intenciones de agregarle al volumen. Procurare no hacerlo, aunque sé que de un modo u otro es alimentar a la bestia.

A diferencia de la mayoría de las batallas donde combatir fuego se hace con fuego, logrando en algún punto una superioridad, combatir ruido con ruido solo genera mas y mas ruido en donde ninguno gana y mucho menos escucha. Lo único que se logra es que todo mundo quede sordo.

Siempre me ha gustado esa palabra, “sordo”. Me gusta como se puede poner como adjetivo a un golpe, un dolor o un sentimiento, como en “furia sorda”, en donde la expresión podría aludir a un grito de enojo apagado por una almohada. “Sordido” me parece no proviene de la misma raíz, pero también es una palabra divertida que sirve para describir exactamente lo contrario pero con el mismo efecto: algo tan evidente que resulta ofensivo, demasiado ruidoso al punto que aturde.

hace poco dejé de utilizar audífonos, pues después de dos décadas de traerlos constantemente, el daño a mis sidos comienza a ser doloroso, así que prefiero que se recuperen mis canales auditivos en vez de agregarles mas carga de la que es saludable (punto que ya pasó hace tiempo). Recuerdo un maestro en la secundaría que al verme con los audífonos puestos me dijo “te vas a quedar loco”, le pregunté “porqué” y me dijo que porque el sonido entraba directamente al cerebro, no tenia ningún lugar a donde irse. En ese momento me pareció una tontería, ¿quien vendería un producto para volver loco a la gente? Pero ahora me parece lo mas lógico del mundo.

Vivimos en un mundo de mentiras, lo cual, no necesariamente es algo malo, es más, ni siquiera voy a quejarme de ello, al contrario. Como todo mundo presume saber, cada cabeza es un mundo, los estímulos que registramos los traducimos de diferente manera según como nos hemos educado e igualmente respondemos de manera complementaría a ello. La idea de que podamos todos vivir en paz siguiendo objetivos comunes que nos hagan a todos felices es tan ridícula que se ha intentado infinidad de ocasiones durante la historia, logrando que se llegue a la conclusión después de interminables discusiones, que es mas fácil dominar a la gente y venderle una idea de lo que es la felicidad que intentar proporcionarla. Nuestro diseño como especie dista mucho de ser ideal, pero si a eso le agregamos nuestra mezquinidad para con el dominio, somos nuestro peor enemigo.

Y nuestra principal arma contra el enemigo, es el ruido.

Continua en el siguiente post…

“¿Que la tenía así de grande?… ah, su mascota…”

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