Día 148.

…y así, en dos segundos, se arruinó mi tarde y un buen par de pantalones.

Dado que los últimos posts estuvieron algo densos, procuraré que los siguientes sea mas bien tranquilos y tontos.

En este momento varios conocidos han abandonado su existencia en pos de una no-vida, lugar donde desaparecerán por un numero indeterminado de semanas o meses, olvidarán sus compromisos, su higiene personal, perderán trabajo o escuela y al final su propia identidad.

No, no se están uniendo a un culto. Simplemente van a estar jugando Diablo III en su computadora. Desde aquí les mando bendiciones, buenos deseos y éxito en sus aventuras dado que es un excelente lugar para estar mientras suceden las campañas electorales. Por mi parte, no puedo unirme, esa clase de aventuras están hechas para los jóvenes con mucho, pero mucho tiempo libre. Ya no puedo estar al lado de los guerreros.

Aparte que mi computadora, afortunadamente, no lo puede correr. Sabia que era una buena idea no comprar una poderosa.

Realmente nunca he sido gran fan de la serie, después de todo la acción se reduce a pasar el ratón por diversos objetivos y hacer click miles de veces; curioso como algo tan simple puede ser adictivo (¿o no, facebook?). Aún así terminé el primero alguna vez y el segundo casí lo hago, pero en uno de esos raros eventos, llegando justo al final, lo dejé para después (me pasa en otras cosas, de cuando en cuando en la vida real), lo cual llevo a que en un acto de ironía divina, mi maquina se echara a perder y tuve que formatearla, con lo que perdí mi juego; sin embargo, no me importó demasiado. Realmente lo que me llamaba la atención eran las múltiples versiones del infierno en el juego, no el juego en sí.

¿El juego que sí me absorbió una parte importante de mi vida?

X-COM, las dos primeras versiones.

Desde la primera vez que jugué un demo en un diskette (si, así de viejo es el juego) decidí que era lo mejor del mundo. Para cuando tuve mi propia computadora donde jugarlo, ya habían pasado varios años, con lo que conseguirlo fue bastante difícil, eso sin contar que mi computadora resultaba demasiado poderosa para el juego, lo que complicó su instalación y se movía demasiado rápido para poder jugarse. Sin embargo, con un poco de paciencia y muchos rezos a la recien creada internet,  logré hacerlo funcionar.

El resultado fue mejor aún que mis mas salvajes sueños.

Mi elección de droga electrónica son los juegos de estrategia. No los enormes donde se arman ejércitos y demás, sino las versiones estilo ajedrez, con un numero determinado de piezas, movimientos y por turnos.

¿Que es lo que hacía tan adictivo para mí el X-COM?

Los gritos.

En mi vida he vuelto a jugar algo que sea tan tensionante como mandar un soldado a revisar un cuarto, hacer mal el calculo y olvidar en revisar una esquina oscura. De repente, en el turno del enemigo, simplemente “algo” mataba a mi pobre soldado desde las sombras sin saber lo que era, daba un grito desgarrador y hacía que los demás miembros del escuadrón se volvieran paranoicos, disparando a lo loco, huyeran dejando sus armas en el piso o simplemente se paralizaban de miedo, posiblemente.

Se me acabo el tiempo, mañana le sigo, que tengo mucho que hacer y lamentablemente no implica un juego.

“Pobre Tokyo, siempre le toca”.

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2 Respuestas a “Día 148.

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