Día 152.

Soñé que se me informaba que debería ir a comer peyote. Lo anoto. En la calle un limpia-parabrisas bien erizo me dice “hijo de la verga” porque no le doy un peso que no traigo, igualmente lo anoto. El universo manda señales confusas.

Mi relación con el uso de drogas nunca ha sido interesante. Me han preguntado en diversas epocas debido a la ropa y el pelo largo que traía, mis gustos musicales y las compañías que frecuento, si uso drogas, a lo que solo he podido bajar la cabeza en vergüenza admitiendo que no es así. Cada quien tiene sus escapismos, los mios no se llevan muy bien con las sustancias controladas, por lo que no las he acostumbrado.

Igualmente me han preguntado si no he utilizado nada para escribir, pues, solo en su momento alcohol, cigarrillos y cantidades industriales de café, pero ya muy rara vez dos de esas tres. La vez que intenté utilizar algo diferente el resultado fue francamente patético, por lo que entendí porqué los los hippies casi no crearon nada de valor literario. Eso si, los poetas malditos se metían ether (pero se morían muy rápido) u opio, el cual no se consigue ya mas que en forma inyectada y la verdad no le veo sentido a decirle a la gente “hijo de la verga” en los cruceros.

Las que siempre me han llamado la atención por su carácter tan… proletario, son los resistoles y el thiner. A los conciertos que iba de adolescente siempre encontraba un tipo en sus cuarentas que cuya indumentaria incluía un chaleco de la virgen de Guadalupe sin camiseta abajo y una bolsa de pan Bimbo con resistol 5000. Se la pasaba en medio del slam bailando solito con los brazos abiertos dando una inhalada de cuando en cuando, siendo golpeado inmisericordemente también de cuando en cuando y en general pasándosela bomba con un leve bigote amarillo. En otro concierto un sujeto similar en atuendo pero ahora metalero, pues en vez de chaleco traía una chamarra de piel sin camisa abajo, se subió a una bocina colocada encima del escenario, lo que daba una altura de mas o menos 4 metros desde donde yo estaba justo abajo. Procedió a señalar que se iba a aventar sin siquiera notar que nadie mas estaba para cacharlo. Considere un momento mis opciones, por lo que procedí a dar un paso a un lado en el momento en que se lanzaba al vacío, donde aterrizo en un piso de loza con un ruido seco, recto como tabla y se quedo un rato ahí, inmóvil, hasta que un alma caritativa procedió a ayudarlo.

Esa alma no fui yo, por cierto. Me ganaba una risa baja en algún lugar de mi oscuro corazón.

En alguna ocasión me operaron de las piernas. Una reducción y reacomodo de hueso, que al parecer es uno de los dolores mas intensos que hay. Durante la primera noche me administraron un derivado de la morfina que según recuerdo se llama novoina (que no novocaina) pero al parecer es otro el nombre, pues no lo encuentro en internet.

Puedo afirmar que las siguientes 6 horas fueron maravillosas.

Recuerdo que me encontraba en la cama del hospital con las piernas rotas, inflamadas y sangrantes, sin embargo era el mejor lugar del mundo. Todo era placer, como existir siendo una nube que gotea cuando quiere sabiendo que entrega parte de si misma. No necesitaba moverme, hablar o interesarme en nada, simplemente gozar un pequeña muerte recorriendo mi torrente sanguíneo una y otra vez. No estaba dormido, pero podía soñar, no estaba despierto pero estaba consciente de quienes estaban a mi alderredor a quienes sabia felices porque yo era feliz.

Terminado el efecto, volvió la enfermera con dos jeringas: en una se encontraba la causa de goce, en el otro un anestésico menos potente que solo disminuiría el dolor, no lo bloquearía apenas lo necesario para permitirme dormir y sin los demás efectos. En algún lugar de mi mente estaba seguro que si volvía la morfina a mi cuerpo ya no querría que se fuera nunca, así que elegí la segunda opción. El placer no se comparaba a nada que hubiera experimentado hasta entonces y todavía ahora, nada me lo ha vuelto a dar. Me resultó obvio el conocimiento de porqué es tan difícil dejar los opioides: dedicar la vida a consumirlos parece una opción completamente aceptable.

De cuando en cuando me pregunto que hubiera pasado si hubiera elegido la primera jeringa, pero afortunadamente el hubiera no existe.

 

“Nada como yacer en un campo de amapolas”.

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2 Respuestas a “Día 152.

  1. No quiero ser persuasiva pero, tengo mi changarrito, cuyo slogan es: “Después de mi, obtenga la felicidad”-
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