Día 161.

Tomando café normal después de dos vasos de coca-cola. Me falta comer chocolate para estar como Rutger Hauger en Split Second (una película de terror satánico-futurista que todo mundo debería ver porque es tan mala que resulta buena). Hay mucho que hacer hoy.

Terminado con la serie prometida, tengo muchos temas pendientes. Pero, no puedo continuar. Queda por escribir un epílogo que no cae exactamente dentro de lo convencional, sino que es un tema recurrente en este blog al que me refiero como: Japón está mal.

Démosle una pasada rápida al porno japones.

Hay estudios enteros para tratar de establecer una conexión, o mejor dicho, una traducción del pensamiento oriental al occidental, donde habitualmente se llega a la conclusión que se requieren mas estudios. Sin embargo, ambos lados consumen la cultura del otro, solo que de una manera… poco ortodoxa.

Japón, en particular, tiene la muy dudosa distinción de ser el único país que ha sido obliterado por dos bombas atómicas, contar con un ejercito que está restringrido desde el final de la segunda guerra mundial a no poder ser utilizado en conflictos internacionales o declarar la guerra a nadie, así como ser actual socio comercial al igual que militar de Estados Unidos a pesar de su pésima historia reciente (eso sin contar con el bombardeo con Napalm sobre Tokyo), un sistema social basado en la represión emocional en todos los niveles, así como estar permanentemente en la lista países con el índice de suicidios mas alta en el mundo, me lleva a una conclusión: Jápón creció mal.

Y cuando eso pasa, se adquieren gustos exóticos.

En particular, Japón tiene una tradición desde el siglo XIX de encontrar erotismo en los tentáculos de pulpo. Si, tentáculos de pulpo. Tanto reales como dibujados.

No, no voy a explicar el asunto.

En vez de eso les comentaré que al igual que en todo el mundo allá existen legislaciones moralistas, una de ellas, es evitar el mostrar genitales en cualquier medio para evitar “la decadencia moral”, pero, no dice nada acerca de mostrar el acto sexual en si. Y, al igual que en todos lados, las leyes están hechas para ser dobladas, que, es mas cómodo que romperlas. Específicamente en el caso japones, la pregunta obvia que se hizo fue “¿que tantos genitales es mostrar genitales?” seguida por “¿podemos poner otras cosas que parezcan genitales pero no sean genitales?” y por último “¿y si en vez de personas usamos dibujos?”.

Con esas discusiones, se abrió un universo nuevo y horrificante (si, ya sé que esa palabra no existe).

Para la primer pregunta, se hizo una autocensura, poniendo tal cual, una linea negra cubriendo los genitales en las revistas; al principio, cubriendo totalmente los genitales y gradualmente reduciéndola hasta ver en que momento se rompía la ley… con lo que vieron que poniendo una pequeñita linea negra justo en medio de los genitales (aunque se vea todo) era suficiente para brincarse la legislación. La segunda pregunta fue en parte respondida con la primera, en la que en casos de no poder mostrar genitales, pues que tal un sustituto, como… un sonajero, o un dildo con cabeza de payaso (esa es una imagen que nunca me podré sacar de la mente).

La tercera pregunta es la que dio un giro inesperado al asunto. Resulta que se pueden hacer dibujos de lo que sea incluyendo animaciones, siempre y cuando se tape o sustituyan los genitales, lo demas está permitido, dentro de los estándares de obras artísticas. A simple vista esto no parece nada extraño, excepto que siempre hay limites que romper, en este caso, es dibujar todas las perversiones posibles en donde el único limite es que se venda… y como ya en su momento expliqué, hay mercado para todo.

Solo que en Jápón el mercado es ridículo, al grado que es toda una cultura con sus propios códigos de vestimenta, industria establecida, relaciones sociales y afectivas (como gente que se casa con su almohada que tiene el dibujo de su monita predilecta).

Hay publicaciones de tortura, horror, incesto, pedofilia, canibalismo y muchos etceteras (o todos mezclados), que se pueden comprar en todos lados dentro de los limites legales, porque después de todo, siguen siendo caricaturas. En sí, el asunto se ha vuelto tan extraño que en Canadá el año pasado hubo un par de decomisos en aeropuertos de turistas que por llevar “material ilegal” o sea, libros de hentai como se le conoce coloquialmente al asunto. ¿Porqué? pues porque bajo las leyes que rigen el mundo occidental, son materiales que muestran abusos sexuales. Lo cual es es cierto, excepto, que siguen siendo dibujos. Hasta este día que escribo, existe un movimiento dentro de la industria del comic estadounidense para evitar la censura de este tipo de material, pero para otros, dentro de la misma industria, es algo indefendible.

¿Quien tiene razón? yo que se, sigo pensando como occidental. La libertad sexual es algo por lo que se ha luchado durante siglos, pero hay algo escabroso en una cultura que vende ropa interior femenina usada en maquinas de moneda.

Por cierto, el cine porno japones con personas es aburridisimo. Supongo que por eso inventaron el bukakke.

No, tampoco voy a explicar que es eso.

“Yep, siglo XIX”.

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