Día 165.

Me soñé con la mitad superior del lado izquierdo de la cara rojo, efecto de sangre molida atrapada entre la dermis/epidermis, posiblemente a causa de una enfermedad. No me preocupaba. Entre al lavabo a mirarme al espejo. Al rascarme, descubrí un pequeño granito que al jalarlo se extendía como una enredadera parda frente a mis ojos, al terminar de sacarla, me dí cuenta que no era tan grande, sino un efecto óptico provocada por la cercanía del ángulo forzado al brotar de mi rostro. La realidad era mas espantosa: era un parásito que se contorsionaba ahora en el mármol del lavabo, fuera de su hogar, buscando a donde aferrarse. Me asaltó la preocupación de tener pequeños gusanos nadando en el blanco de mis ojos.

Desperté antes de poder confirmarlo.

He escuchado varias veces que la realidad depende del cristal con que se mire. Nada es verdad, nada es mentira. Salgo a la calle, me dan publicidad en forma de tarjetas, son para un antro de giro del color del a mitad superior de mi rostro con un par de promociones: llevar una botella y solo pagar los refrescos; cubeta de cervezas a mitad de precio; show privado ciento veinte pesos. Diversión garantizada.

Dudo.

¿Que venden en esos lugares?

Obviamente el alcohol es el producto que se cobra, pero ¿que es lo se que busca comprar?

Sexo, claro, es la respuesta.

No entiendo entonces porqué casi nadie lo compra.

¿Quizá por el precio? Aunque con lo que se gasta en bebidas para embriagarse suavemente se puede comprar si no una noche, al menos si un rato de placer. En Amsterdam las prostitutas holandesas tienen una tarifa que reza “fifteen minutes suck and fuck” por cincuenta euros. Un trato tan directo como efectivo, bien definidos los términos y servicios. Aquí (en todo el mundo) se paga por un show privado con la mitad de la duración que no incluye mas que una observación cercana a lo ginecológico del producto que se desea adquirir, al cual por cierto no se puede tocar. Suele tener muy poco de privado.

Al reverso de la tarjeta dice ” Pida su sexy” el cual es todavía mas misterioso: pagarle a una extraña porque frote sus genitales cubiertos por una tanga contra los propios envueltos en mezclilla, la tela democrática. Me supongo que tiene sentido si se es eyaculador precoz, fácilmente excitable, aunque eso seria faltar a reglas de etiqueta en un lugar donde los guardias de seguridad suelen ser muy celosos de su labor. Poco conveniente.

Debe ser entonces la compañía, esa cuyo costo se triplica por bebida con respecto a la soledad, para tener el derecho sobre los demás garañones que pululan el antro por tener a una bailarina (titulo profesional, al tiempo que eufemismo) sentada en las piernas, la cual está entrenada para decir SI a todo, impresionarse al presumirle las hazañas reales o ficticias y reirse al hacerle bromas sucias; sin embargo se utiliza el tiempo en contarle los problemas, tratar de enamorarla con el viejo truco de “no se que hace una chica tan linda como tu trabajando en esto”, o en el peor de los casos, seducirla a base de verborrea, en donde el juego se pierde en el momento en que se pide un presupuesto. De todos modos ella tiene una sonrisa comercial para toda ocasión.

De todos modos sigo sin entender lo que se compra.

A lo mejor realmente hay gusanos alterándome la vista.

eyeworm

 

“Ola k ase”

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