Día 166.

¿Les he hablado de los arquetipos? ¿No? otro día con calma, por hoy, lo simplificaré horriblemente a la idea Jungiana del inconsciente colectivo.

Ya que esó está clarisimo, permitamenme contarles acerca de un arquetipo bien padre: el matar niños para comérselos.

Ando de humor jarcor.

Desde hace miles de años, existe el miedo profundo de que en cualquier momento nuestra progenie puede desaparecer, ya sea en un extravio, un secuestro, un accidente, un acto de guerra indescriptible o porque no, mala suerte. Pocas cosas más poderosas que el instinto, especialmente cuando se trata de la protección de los hijos. A veces tambien lleva a tomar acciones delirantes y sinsentido, basados solo en susurros, en el sentir que debemos defendernos contra lo invisible e ignomioso. Like a wolf running high on adrenaline, canta Lucia Cifarelli. No es extraño entonces encontrar desde siempre a los desconocidos como un enemigo listo a llevarse aquello por lo que estamos dispuestos a morir, puede que la amenaza sea real despues de todo, pero… ¿y si no?

Pues es tiempo de crearla.

Debrayemos un poco.

El Saturno de Goya devorando a sus hijos para mantenerse en el poder,  es una imagen densa como ella sola, del que podemos sacar antecedentes. Sin embargo, los mitos griegos tienen entre sus monstruos a una tal Lamia, que, como siempre que Zeus metía el pito en algún lugar, termina en tragedia. Lamia, es una reina de buen ver y mejor tocar, a la que la Hera, esposa de Zeus, ve con malos ojos por andar de rompehogares y nalgasprontas, así que le mata a los hijos y la condena a comerse los hijos de otros. A los antiguos griegos les gustaban sus historias con harta salsa.

Entre las historias populares, encontramos (una de mis favoritas, por la versión de Bugs Bunny), Hansel y Gretel, historia de un par de hermanos alemanes comedores de casas de dulce, atrapados por infraganti por su propietaria que prefiere a los niños gordos y a al horno de leña en vez de retribución monetaria; Pulgarcito, con un ogro menos quisquilloso, que pretende comerse al protagonista y a sus hermanos en crudo creo que sin desinfectar siquiera, pero termina comiendose a sus hijas en una confusión chistosa; El cuento del Lobo y los 7 cabritos, qué aunque no humanos, siguen siendo niños que terminan en la panza del lobo, quien se queda dormido. Lamentablemente sufre de narcolepsia, momento que la mamá de los cabritos aprovecha para abrirlo en canal con unas tijeras, rescatar a sus hijos, meterle piedras en las tripas, volverlo a coser (¿este cuento no lo conocian, verdad?) y aún con toda esa cirugía, el lobo en realidad muere ahogado… haganme el favor. Por cierto, en uno de los mitos griegos, Zeus hace algo similar con su padre, a quien tambien le rebana la panza para rescatar a sus hermanos.

Bien se dice que los griegos inventaron todas las historias posibles.

Otro que vale la pena revisar, es la historia de Caperucita Roja Roja Fosforecente Roja Roja (chiste local) en donde el villano maneja una dieta menos chintinosa que incluye abuelitas. Mañana se los escribo.

hansel

¿Hansel?… Hansel….

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