Día 168.

Del comer y el rascar lo difícil es empezar. Con la escritura es igual. Tengo un par de temas en la cabeza que no caben en otro lado que no sea en este blog cimentado en quejas y recuerdos.

Lo admito señor juez: soy zurdo.

A lo largo de mi vida rara vez me he quejado acerca de ser del 10 por ciento de la población cuyo hemisferio dominante es el derecho (si, va al revés), porcentaje que curiosamente es similar en la cantidad de personas homosexuales en el mundo; aunque no hay correlación entre las dos, excepto en la coloquial frase “batear de zurda” hasta donde tengo entendido.

Afortunadamente mis padres siempre me educaron a realizar mis actividades con la mano izquierda, solo una vez una, que recuerde, una persona intentó hacer que tomara la cuchara con la derecha con cierta insistencia a eso de los tres o cuatro años, igual pudo haberme dicho que fuera con el pie y me hubiera resultado igual de cómodo; pero, mi madre le dijo que me dejara hacerlo a mi modo y sanseacabó. Obviamente el mundo está diseñado para los diestros, cosa por demás obvia y supongo ¿democrática? no estoy seguro que el termino aplique para un evento en que la mayoría simplemente nace así y por tanto en automático las cosas fluyan hacia ese lado, no es un asunto de elección. Anyway, pocas veces he sentido que dicho diseño me haya puesto en desventaja, normalmente es cosa de una pequeña adaptación de mi parte a algunos utensilios o normas sociales, como por ejemplo el saludar con la mano derecha es un gesto que en algún punto tuve que desarrollar hasta convertirlo en algo natural, al igual que cuando manejando alguien me da una dirección “da vuelta a la derecha” tiendo a pensar que es a la izquierda, lo que de momento me confunde, peor si soy yo quien está de copiloto. De ahí en fuera el automóvil no tiene ciencia, excepto el misterio de porqué la cabina se encuentra en el lado izquierdo ¿por la palanca de cambios al piso? Misterio para Wikipedia.

Con respecto a los utensilios, en algún momento comenté en este blog que en segundo año de secundaria me asignaron un mesabanco para zurdos lo cual fue un completo fracaso debido a la incomodidad, pues en el primer año me acostumbre a escribir con la paleta del lado derecho y en la primaria a tener el espacio al frente. A estos cambios le achaco en parte la pésima caligrafía que me persigue hasta la fecha, la otra parte es porque tiene muchos años que (nuevamente) me adapte al teclado. En el mismo salón, había un niño zurdo muy bueno para dibujar y letra envidiable de señorita del siglo XVIII, pero tomaba el lápiz con la muñeca girada como si le estuvieran haciendo manita de puerco, lo que provocaba que doblara todo el brazo dándole un aspecto de psicópata escribiendo como le gusta cortar “cosas”. Esta posición hacía que tomar dictado se le volviera una tortura, pues siempre se rezagaba y se le veía un rictus de dolor al tratar de alcanzar al grupo. Me parece que es un asunto del que sus padres o algún maestro debió de hacer algo para corregírselo: un punto medio entre el dejar que escribiera con la mano que le era natural y la posición adecuada para no joderse paulatinamente. ¿Igual supongo que es porque tenía bonita letra que no se vio la necesidad? Otro misterio, aunque no creo que lo resuelva.

Continúa en el siguiente post.

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“Perfectirijillo”

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