Día 171.

El jugo de naranja es una de las tres ambrosias otorgadas a nosotros los pobres mortales por Tántalo, siendo las otras dos el jugo de mandarina y el agua de coco, sin olvidar la alquimia del jugo de naranja /zanahoria. Soy fan de los jugos, fin.

En mi último post escribí un poco acerca de mi afición renovada por la guitarra y creo que es justo y necesario darle mi voto de confianza a otro instrumento: el bajo.

Hace un tiempo escuche a una chica comentar (parafraseo) “a mí no me gusta el bajo, no se escucha y no sirve de nada”, ante lo cual los presentes la vieron como si se acabara de comer la cascara del plátano en vez del interior, respondiéndole de manera educada que no mamara. Entre los argumentos utilizados se encontraban el clásico “es el alma de la banda”, “claro que se escucha, aunque menos que la guitarra” y el hermenéutico “estas bien pendeja”. Ante tan excelente retorica no encontró otra opción que el placer del aprendizaje humilde. Sin embargo, la inutilidad del bajo es una creencia generalizada, no solo entre los audiófilos sino entre los propios músicos, al grado que es común encontrar bandas de bar que prefieren sustituirlo con otra guitarra, un secuenciador que emule la línea de bajos o de plano prescindir de él.

¿De dónde proviene esta creencia? no estoy seguro, pero calculo que tiene que ver con nuestra desmedida afición a la guitarra y al rock en general. Las orquestas de jazz y blues acostumbraban guitarras y bajos acústicos en la primera mitad del siglo pasado, pero entre tantos metales (trompetas, saxofones, oboes) es fácil que se perdieran, así que primero se metió la guitarra eléctrica en los 30 o 40′ para darle volumen, y hasta los 60’s el bajo eléctrico. Al ir cambiando la moda hasta llegar la creación de la banda esqueleto de rock/blues (guitarra, bajo, batería) poco a poco la estridencia se convirtió en el estandar musical, por lo menos en el gusto anglo-sajón que es el que en México siempre ha permeado. Nos gustan los guitarrazos rudos pues.

Sin embargo no en todos lados es igual.

Los sonidos bajos son habitualmente la zona rítmica de cualquier melodía manejada con el instrumento que sea, o hasta sin instrumentos, basta dar un aplauso para darse cuenta de esto y es por lo que en los conciertos los artistas piden hacer palma: conecta a todos los presentes. Los ritmos se pueden sentir, no solo escuchar, cosa que sabe perfectamente el R&B, el soul, el funk, el pop o la mayoría de la gama de música electrónica que se pone en los antros, lo cual es la razón por lo que rara vez se escucha una rola rockera o metalera en las discos ¿Qué chica dice “que ganas me dan de bailar pegadito con una de Toxodeth”? en cambio, avienta una de Daft Punk que abre rápidamente pista, continua con Sussie 4 o Calvin Harris para mantener a la gente contenta, quizá algo de George Clinton para antes de salir. Ya si la cosa se va a poner intensa, pues igual continuar en el auto con Barry White con su voz de locomotora en segunda velocidad y aprender acerca de la tersa piel de las serpientes.

Continúa en el siguiente post.

.Featured image

“Turunpás”.

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