Día 173.

¿Te gusta leer?

Es una pregunta que habitualmente le hago a la gente que conozco, sobre todo cuando digo que me dedico a escribir; no que sea mi trabajo, ya que hasta el momento no me ha dado para pagar un recibo de luz. Suelo lanzarla ya que se ha generado un ligero vinculo, como parte normal de una conversación, con la esperanza de abrir el diálogo por ese rumbo. La respuesta rara vez es negativa, en su mayoria escucho “me encanta leer” o “leo muchisimo”.

Mentiras, mentiras y más mentiras.

Obviamente lo siguiente que quiero saber es que esta leyendo o de que genero. Es lamentable escuchar un titubiante “es que leo de todo”, a sabiendas que es la peor evasiva posible. Cuando se le pregunta a alguien su película favorita siempre hay una respuesta despues de pensarlo un par de segundos, al igual que cuales son sus tacos preferidos, ahorita yo tengo debilidad por los de birria de chivo, por ejemplo. Una de las preguntas que se encuentran en las solicitudes de empleo es qué aficiones tiene el postulante. El 80% de las personas responde “leer” como primer opción, que considera la respuesta neutra que el entrevistador espera. Sin embargo puede salir el tiro por la culata, pues un entrevistador habil utiliza justo esta pregunta para definir si el entrevistado miente con la clásica “dime tus 3 libros favoritos”. Pregúntenle a Peña Nieto como le fue con ella.

¿Porqué la necesidad de mentir ante una pregunta tan facil? La apariencia social, supongo. Me considero un lector mediocre, desde un standard de primer mundo donde se lee un promedio de dos a tres libros al mes, o por lo menos lo era hasta antes del dominio del internet en el mundo, calculo que leo unos 10 libros al año, 15 por mucho. En México se leen de dos a tres libros al año. Y aún con eso, Sanborns, Costco y Ghandi ganan bien y no se quejan. No tengo nada en contra de que la gente compre libros de autoayuda, que son los de mayor consumo actualmente, pues me gusta pensar que al igual que la mariguana es la puerta de entrada a drogas más fuertes. Lamentablemente ambas creencias son falsas, pues la gente no los lee, los regala o los tiene como un bonito adorno en la recamara. Aún así nos gusta mostrarnos como personas cultivadas.Como perlas o zanahorias bebé.

Me parece que nuestra poca afición a la lectura viene agarrada con la idea de que al igual que las matemáticas es algo muy dificil que solo hacen los ñoños. Claro, esta creencia se ha popularizado desde la revolución industrial en donde con la creación de las fabricas y las empresas enormes, se buscó que se crearan abogados, administradores, contadores y por su puesto, cuna clase social completamente obrera, entre menos educada, mejor, mano de obra barata, especializada y facilmente desechable.

Ya comienzo a sonar como comunista.

En fin, de todos modos eso no explica porqué en otros paises existe un gran numero de lectores, pero aquí continuamos con la contradicción de considerar a la lectura como un rasgo social positivo al mismo tiempo que procuramos no adquirirlo.

Un botón para concluir este post.

Cuando trabajaba en reservaciones telefonicas, teniamos prohibido leer revistas o periodicos, utilizar el celular, platicar demasiado con los compañeros o cualquier otro posible distractor. Pero teniamos permitido leer libros. ¿Resultado? pocos agarraban un libro, cosa que la empresa sabía de antemano sucedería.

Por lo menos con esa politica logre aventarme el Quijote.

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“Que sea una buena cacería de gigantes”.

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