Día 175.

Vaya, casi 600 palabras en 45 minutos, no está nada mal. Continuemos pues. Segunda parte.

A pesar de las nuevas disposiciones, la banda se divertía. No era nada raro que los obispos tuvieran hijos al igual que los Papas, por cierto, reconocidos. Durante la edad media la iglesia católica estuvo dividida en facciones, al grado que existía una santa sede en Francia y otra en lo que ahora es Italia y se dedicaban al bonito deporte de hacer cruzadas para saquear, perdón, recuperar, tierra santa.

Pero me aparto del tema.

Como podrá imaginar cualquier persona que haya leído el periódico durante los últimos oh, no sé, 15 años, el tratar de mantener el pene en la sotana a base de pensamientos buenos es una causa perdida que ha provocado algunas de las peores prácticas sexuales posibles a gran escala, desde aquí un saludo con porra de portero al padre Maciel. Luchar contra las urgencias naturales no es muy saludable, a lo mejor por eso los monjes budistas se metieron tan duro a las artes marciales. Como sea, uno de los primeros ejemplos que recuerdo de la tentación ganando a la pureza en la literatura, es una historia del Decamerón en donde un ermitaño dedicado a la santidad en una caverna, es atendido regularmente por una joven de muy buen ver, igualmente casta. El ermitaño aguanta lo que puede pero no tarda demasiado en caer presa de intensos dolores que le provoca el diablo que se le ha metido en una parte profana de su cuerpo, ósea, en el pene. La chica muy preocupada le pregunta cómo puede ayudarlo a lo que el ermitaño responde que regresando al diablo al infierno que curiosamente se encuentra en la entrepierna de ellá. Hijinks ensue, dicen los gringos.

Siglos después tenemos al Marques De Sade, con un par de historias de las hermanas Justine y Julliete, ambas chicas salidas de convento en la adolescencia, una que procura ser virtuosa pero siempre hay alguien que le trabaja sus partes nobles, habitualmente en cantidades industriales lo cual le arruina la vida; mientras a la otra le hacen lo mismo pero ella lo fomenta y le va muy bien en la vida. En “Filosofia de tocador”, De Sade cuenta de una joven virgen a punto de casarse a la que su madre le informa que su esposo, durante la noche de bodas va a entrar en ella y le amonesta a que por el único lugar por donde debe volver dejar entrar a su marido después de eso ahí. El futuro esposo en cuestión es aficionado a los placeres anales, y durante la noche de bodas decide que es el rumbo a seguir. Después se arrepiente de ser un pervertido, se promete nunca más hacer eso con su esposa, así que la siguiente vez que tiene relaciones intenta hacerlo tradicionalmente, a lo que su esposa se niega. Parafraseando: Entonces el esposo, feliz, la tomó por su altar favorito.

No soy fan de De Sade pero era bueno para la comedia.

Juro que en la tercera y última parte ya habrá porno con monjas. Continúa en el siguiente post.

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“¡Ay cosita linda, mamá!”

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