Día 185.

Entrándole a un café caramel machiatto con una torta de huevo con chiles en vinagre para merendar. Si eso no es comida fusión, no se que sea.

So, iniciando el verano, decidí que era tiempo de terminar algunos pendientes, como por ejemplo continuar diariamente con el blog. Tengo varios proyectos que en los que he sido negligente, así que decidí dedicarle tiempo a cada uno, comenzando con el que consideré sería más sencillo, algo así como un fin de semana.

Como mis lectores regulares saben, tengo una adicción a un juego de mesa en particular llamado Arkham Horror. Lo que no todos saben, es que durante el último año y medio decidí coleccionar el juego entero, el cual viene dividido en nueve secciones, cinco grandes, cuatro pequeñas que en su total crean una masa de cajas poco practica para guardar, mucho menos para transportar, además que las cajas son bonitas, y han sufrido bastante maltrato entre viaje y viaje a donde se vaya a jugar en la ocasión en turno. Dado que conseguirlas en México implica gastar mas del doble de su valor, he tenido que ir encargándolas poco a poco a amigos y conocidos que me las han estado trayendo de Estados Unidos, sobre todo las cajas grandes pues simplemente no se hacen envíos para acá.

Hace pocos días, me entregaron la última parte del juego, con lo que se completó la colección del tablero (que no de aditamentos que eso es tema para otra ocasión y posiblemente visita al psicólogo). Ante este evento, ya tenía la idea de hacer una caja grande para guardar todo. Es más, en Internet venden cajas especiales a la medida, pero el precio… digamos que raya en la ridiculez de un ornitorrinco con maquillaje de payaso. Desde diciembre había conseguido un par de cajas de vino patrocinado por la empresa Domeq (dios nos los guarde muchos años) de madera aglomerada, que me parecieron adecuadas para este proyecto a futuro. Dado que admito sin tapujos mi natural falta de habilidad en todo lo que requiere construcción, desde el bosquejo, medición, corte y demás etapas que involucran crear un objeto, fui buscando planos, opciones, ventajas y desventajas de materiales junto como buscar diseños diferentes entre otros aficionados.

Que puedo decir, me gusta hacer planes para todo, especialmente mis obsesiones.

Lo primero que hice fue sacar todas las piezas, hacer una primera medición, descubriendo que, a pesar de ser muchas, cabía la posibilidad de que cupieran en una sola caja, si encontraba la manera de acomodarlas adecuadamente. El segundo descubrimiento fue que, por que la mayoría de las piezas del juego son de papel, resultaba pésima idea solo hacer separaciones en la caja, pues tarde o temprano se maltratarían si dichas separaciones no quedaban perfectas. Necesitaba una de dos cosas: o que quedaran bien colocadas a la primera, o forrar la caja.

Ambas ideas pronto fueron desechadas.

Forrar la caja por dentro significaba sacrificar mucho espacio, pues, a pesar de que las cosas cabían, no daba mucho espacio para maniobrar y, en dado caso de que quedara mal y tuviera que quitar el forro, la caja al ser de aglomerado, sufriría bastantes daños. Aún contando dos cajones iguales, no estaba dispuesto a empezar con tonterías, pues mi presupuesto para el proyecto decidí mantenerlo bajo.

Hasta este punto el gasto se reducía a $0.00 pesos. Les sigo platicando en el siguiente post.

“Nada como el optimismo inicial”.

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