Día 187.

Temporada de comer frutas todo el día. Hay de todo, para todos los gustos, a precios de risa, a diferencia de otras regiones donde la fruta es carisima, donde nunca han probado realmente un jugo de naranja recién hecho o un agua de melón, mucho de piña. Hay que aprovechar lo que hay en abundancia.

Siguiendo en la caja de Arkham. Como podrán darse cuenta, estos escritos no son solo una bitácora o una relación de las vicisitudes en su construcción, sino que también llevan cosas que no vienen al caso. Siempre había querido hacer algo así.

Comenzando el fin de semana como tal, bien pronto me dí cuenta que no podría encontrar algunas cosas que necesitaba.

En primer lugar, decidí construirle unas separaciones al cajón en donde acomodar las cartas (al puro bananazo), al igual que reforzar el fondo con unas tiras de madera cruzada como soporte. Tomé un pedazo sobrante de madera que encontré ahí, procedí a medirlo, tomar una segueta y con decisión cortar, seguro que quedaría perfecto.

Obvio, no fue así.

Quedaron mal cortados, no ofrecían el soporte necesario y desentonaban horriblemente con la caja en su conjunto. Como ya pasaba del mediodía del sabado, no me quedaba nada mas que esperar al lunes para ir con un profesional esperando que no me cobrara demasiado por hacer las separaciones. Mientras tanto, decidí comprar tinta para madera. Buscaba algo morado, pero al no encontrarlo, opté por azul. Ya antes he trabajado con tinta, realmente le da un buen de originalidad a las cosas, es económico y fácil de aplicar. Nunca he sabido porqué no lo manejan mas en los muebles.

Como sea, pasé la tarde aplicando la tinta. Al terminar, decidí ir a imprimir algunos diseños que había encontrado, aunque todavía no estaba seguro de como traspasarlos a los diferentes tipos de papel que había comprado. Uno de ellos, en particular, es cartón corrugado, el cual a pesar de que no sirvió como el material adecuando para guardar cartas, resultó muy practico para hacer pruebas, tan solo pegándole hojas impresas en papel bond. Además, tuve la suerte de que en donde fui a imprimir, contaban con unas pocas hojas de papel opalina grueso (que mas tarde me enteraría se llama opalina cartulina) que soporta perfectamente la impresora del lugar.

Ya contaba diez diferentes diseños que bajé de otras personas que han hecho proyectos similares, desafortunadamente, no encontré ninguno tan extenso como el que estoy trabajando. La tarde-noche la dedico a cortar, armar y pegar, donde descubro que soy lento para ello pues me toma mas de tres horas el asunto. Poco a poco me estoy dando cuenta que esto no va a ser algo que vaya a terminar en poco tiempo.

En algún lugar de mi mente, una vocesita comienza a decirme “es mucho trabajo, te va a salir caro, deberías de dejarlo de una vez, todavía estas a tiempo”. Si algún personaje de Lovecraft hubiera escuchado esas palabras, es seguro que dudaría de si mismo, cuestionaría el valor de dicha advertencia y de todos modos se sumergería en los horrores por venir, pensando tontamente, y, completamente equivocado, que lograré salir indemne.

Al parecer soy un personaje de Lovecraft, pues en horizonte solo hay desesperación.

Gastos hasta ahora: $30. Tinta azul, $35; 10 impresiones, $20.

Total, $85.00

 

“Será algo que he comido”.

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