Día 190.

Continua la saga.

¿Que computadora debería comprar? ¿Verdad que es es importante que le ponga un Pentiun chingomil+2, dos pantallas de cuarenta pulgadas y un disco duro de cuarenta petabytes?

Esas son mas o menos las preguntas que me han hecho en mi papel de técnico de computo, a lo que habitualmente respondo que compren lo que necesitan: osea una compu que abra el facebook, youtube y office. Fin. Explico que una computadora de veinte mil pesos es para gente que necesita administrar cosas a nivel empresarial como cargar la información de toda la empresa, programadores (no estudiantes, ni que fueran a compilar la información del sistema de drenaje nacional), editores de video (igualmente, no un proyecto de cinco minutos, cosas chonchas) y por último diseñadores gráficos. Siguiendo mi propio consejo, mi laptop es sencilla, ligera y en general una maquina de escribir excelente, que fue como la compré, específicamente que la pantalla y el teclado me fueran cómodos, lo cual ha sido todo un éxito.

Y ahora me encuentro conque ocupo editar imágenes. Y no se utilizar ningún programa.

Maldita sea.

Después de buscar un rato, encuentro varios programas gratuitos que prometen hacer lo mismo que el photoshop (el cual no quiero instalar porque se que literalmente va a comer a mi pequeña maquinita), pero al instalarlos crean conflicto con mi equipo, al parecer no les agrada. Bueno, pues que se vayan al reino. Encuentro una versión online de un clon de photoshop que funciona muy bien… claro, mientras el internet este estable. Platico con varios amigos diseñadores gráficos (dios se los tenga en cuenta) que me explican pacientemente como hacer las cosas mas básicas: reducir tamaños de imágenes, sobreponer unas con otras, ponerle el borde blanco soñado y convertirlo a un formato de impresión adecuado.

Soy bruto para aprender esas cosas.

Me toma una buena parte de la mañana comprender que lo estoy haciendo mal.

Veo el cajón de madera mal construido, la pila de cajas de prueba desechadas, las horas gastadas. Llevo ya siete días y no hay nada tangible. Todo requiere rehacerse, de uno u otro modo lo que significa pagar dinero que no tengo, invertir todavía mas tiempo aprendiendo a manejar correctamente tanto el programa que genera las cajitas como el editor de imágenes  Cortarlas y armarlas tampoco es sencillo, tomando en cuenta que son mas de treinta. Vuelvo a buscar en internet por planos, consejos, cualquier cosa que me aligere la carga de trabajo que estoy generando, pero solo encuentro soluciones a medias de poca utilidad. Le he mandado un correo al creador original del diseño que me gusta, para saber si me puede pasar los formatos con los que hizo las suyas con lo cual integrarlas pero sin resultado.

Paso la tarde acostado, pensando en el asunto. Estoy a punto de tirar la toalla y dejar por la paz el proyecto. ¿A quien va a importarle? a final de cuentas al único que le interesa es a mí y en este punto caigo en cuenta de todas las cosas que no se hacer. Integrar una habilidad nueva es complicado, pero factible; hacerlo con varias me parece una labor dirigida hacía el fracaso, aunque esta sea tan aparentemente sencilla como armar una cajón, que ahora me doy cuenta que requiere ser resistente, manejable, espaciosa y exacta, ademas, estéticamente agradable. No hay espacio para muchos errores.

El costo en dinero en este punto, no tiene sentido. Estoy pagando mucho mas en emociones.

Estoy a punto de darme por vencido, y no me gusta. Pesa demasiado en el estomago.

Decido dormir un rato.

Continua en el siguiente post.

“Feeling old”.

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