Día 192.

Levemente desagradable lugar para escribir. Desorden que no es mio, polvo, ruido excesivo, caos de cables y hasta un cadáver de serpiente a unos pocos metros.

Llegando a la ¿octava? ¿novena? parte de esta serie acerca de un tema por demás prosaico pero que es necesario terminar mientras aún hay tiempo para hacerlo: la mentada caja del Arkham. He recibido criticas negativas acerca de que es un tema aburrido, que esperaban más y que es repetitivo.

Me alegro, pues así es como me sentí mientras la fabricaba.

Me quede en que pasé toda la noche haciendo diseños para las cajitas internas. Durante el trayecto de la madrugada perdí la noción de lo que hacia, pero en su mayoría el trabajo salió. Cerca de 50 diseños de copiar, editar, pegar, cambiar de tamaño y agregar a un software en linea que daba los patrones para recortar. Al despertar la mañana ya no estaba nublada (por si no lo había comentado, la lluvia es algo asqueroso cuando se manejan pinturas, papeles y pegamentos: detiene todo el trabajo y hace que cuando se pone a secar las cosas tarden el doble, provocando burbujas es la madera o que se deforme el papel) por lo que procedo a terminar de pintar la caja y a barnizarla. Todo sale bien, planeo terminar para mañana, mando a un local de computo a imprimir todo. El chistecisto me sale en otros 100 pesos, tomando en cuenta que también pongo yo el papel.

Por fin tengo la tarde libre.

Hago un recuento de que demonios estoy haciendo.

Con la cantidad de dinero que llevo gastada, creo que pude haber mandado hacer una caja semi-decente, evitarme todos estos problemas y dedicarme a cosas mas productivas. Entonces recuerdo que la verdad no se trata de la caja: se trata de terminar un proyecto que inició hace mas de un año. Desde que me volví adicto al Arkham, decidí que en algún punto cerraría el circulo al comprar todas las expansiones, todos los monitos, todo lo que hubiera, en ese momento construiría una caja para guardarlo todo y después…

La cerraría.

No se, suele pasarme con los objetos materiales que una vez que los obtengo dejan de interesarme, todo está en conseguirlos, no en la posesión en si. Hay pocas cosas en este mundo que me molesten más que atarme a los objetos. Claro, estoy atado a algunos, pero procuro que no sean muchos, ¿saben? aún con los que me son necesarios procuro irles restando importancia, como por ejemplo utilizo celulares desechables con la plena intención de que solo es para llamar y mandar mensajes, si se pierde sentiré feo, claro, pero no que mi mundo se derrumba por estar incomunicado, al contrario, creo que abre posibililidades de comunicación ilimitadas, como por ejemplo, llamar por la estúpida linea terrestre o ir a visitar a la persona.

Digo, es como que la manera de acercarse a la gente, ¿no?

Bueno, mientras considero esto, paso a recoger las impresiones, me tomo la noche libre para descansar y aventarme al día siguiente todo el proceso de recortar y pegar. Hago un par de pruebas de las impresiones, solo para ver como va quedar el producto final. Ya todo se va a desprender de terminar dedicarle unas ocho horas al asunto.

En la prueba, el horror.

Las cartas no entran en las cajas.

Las medidas están mal.

Tengo ganas de romper algo, para justificar la sobreoxigenación.

Van $495 pesos. Echados a la basura.

Termina en el siguiente, lo juro.

“Pero si no tengo un pelo de tonto…”

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