Día 200.

Aquí es un buen punto para un poco de revisionismo histórico, con la  reinterpretación de un par de textos dentro de su contexto. Ambos se encuentran en línea, fueron publicados en los números 86 y 87 correspondientes al año 2008 en la Revista Digital miNatura, especializada en relatos cortos editada en España. Su nicho es la ficción: ellos proponen un tema e invitan a escribir sobre al respecto a sus colaboradores, me parece de manera bimestral. A la fecha se sigue publicando, la recomiendo tanto por sus artículos como un buen lugar para escribir y contrastar el trabajo propio. Tengo una deuda con su editor, Ricardo Acevedo, que un día espero poder pagar adecuadamente.

Va el primer texto, Lo reproduzco sin correciones, al igual que otros textos antiguos que he rescatado en este blog.

Inicios.

Aún no era muy tarde. Sus muñecas aparecían moráceas ante la luz de la madrugada; estaba desnuda y las ramas de los  árboles de New Hamsphire rasgaban su cuerpo mientras corría, alejándose de aquellas piedras planas y de los sonidos… primero cánticos y después gritos y huesos rotos. La herida en su pecho sangraba, pero seguía corriendo, no le extrañaba que el corte fuera poco profundo, eran sólo aprendices; en cuanto vieron el portal su fe se disolvió. Faltaba muy poco para el amanecer, sabía que con la luz todo terminaría. Pero aún no era muy tarde. La obscuridad era su aliada y su forma, y la carne su alimento. “Te tengo”, fue el pensamiento que se formo en su nebulosa. Podía saborear el rastro de sangre que dejaba la chica; y sentir la vibración en el aire que provocaban sus gritos. Qué importaba que el sacrificio pudiera escuchar el batir de sus alas.

El coco de todo escritor es siempre la misma cantaleta en dos enunciados: si el texto es bueno y donde publicarlo. El texto anterior lo escribí en 1998. Surfeando por la red (así se le decía en ese tiempo), encontré una página llamada Malacandra, una especie de fanzine dedicada a Lovecraft que invitaba a escribir historias entre 100 y 200 palabras para publicarse. Hasta ese momento no me había atrevido a escribir algo en línea, además que el medio era nuevo, sin mucho pies o cabeza. Anteriormente me habían invitado a escribir en publicaciones escolares en un par de ocasiones, en una de ellas entregué un escrito acerca de un programador que es asimilado por su computadora. Me dijeron que el tema no era adecuado para la publicación así que la desecharon. Mi primer roce con la censura me dejó a un tiempo orgulloso y preocupado. ¿Lo estaba haciendo mal? ¿A quién si le gustaría lo que hacía? Una cosa es que tu familia o tu novia te diga que escribes bonito, otro que alguien sin conocerte lea tus palabras y encuentre que le agradan. Escribí unas tres veces Inicios en cosa de un par de horas, recuerdo que el problema en las revisiones fue la condensación procurando se entendiera. Lo envié por email, preocupado por la posibilidad de nunca recibir respuesta con el mensaje y una autoestima altísima les adjunte el mensaje “no creo que les guste pero a ver que pasa”.

A la fecha todavía tengo el correo de vuelta, de Carles Bellver, el dueño de la página, que inicia con la dulce frase “Hola, vaya que nos gusto”.

Cada que releo el micro-relato me sigue gustando: me agrada su confusión, como fluye, el que pudiera crear una atmosfera con tan pocas líneas, pero sobre todo que fue la primera vez que vi mi trabajo al alcance de un público receptivo y ajeno. A partir de ahí se me abrió una puerta sin darme cuenta.

Continua en el siguiente post con el segundo relato.

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“¿No me regala pa´un taco?.”

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