Día 201.

Segunda parte revisionista.

Desconozco cuanta gente haya leído Inicios, supongo muy poca. Sin embargo encontró su camino a la pantalla de una poetisa del DF con la cual trabé una amistad que ha perdurado muchas cosas (Hola, Morfina!), así que para mí fue todo un éxito. Dejé en el olvido ese relato, perdido en el océano digital, mientras me dediqué a otras cosas, entre ellas escribir un poco pero nada constante. Sin embargo en el 2008, recibí un correo del editor de miNatura, quien me dijo, había tropezado con el texto de Inicios y me preguntó si estaba interesado en que lo incluyera en un número dedicado a Lovecraft que estaba preparando. Acepté más que nada por tratarse de una publicación extranjera, pero igualmente no esperaba mucho, nunca había escuchado de su revista. Me mandaron la publicación digital y me sentí encantado de ver mi escrito en otro formato, creo inmediatamente la presumí entre mis conocidos. También venia la invitación para participar en el siguiente número, dedicado al Diablo.

Sentí latir me corazoncito de pollo y me puse a trabajar.

Lo que salió fue el siguiente texto.

Del Arte Del Procedimiento.

 Me encontró en una calle llena de ruido blanco de tantas personas que caminaban sin mirarse a los ojos. Era un demonio azul, simple y llano con su cara larga, la cola, una pata de cabra otra de gallo, vestido con un traje excelente aunque algo desgastado, producto supuse de incontables uñas que le suplicaban.

No lo esperaba en este punto de mi vida. Al menos no al aire libre con esa naturalidad que rayaba en desfachatez. Claro que cada exhalación de sus negros pulmones traía la peste en racimos sulfurosos que provocaban agonía a su alrededor, efectivamente que con cada paso envenenaba el corazón de una madre, por supuesto que su sola presencia en la tierra provocaba un rió de sangre en el otro extremo del mundo.

Me ofreció literalmente su brazo. Quiero decir que lo separó de su cuerpo con un aullido que provocó que más de un transeúnte volteara por el tiempo suficiente para reconocer su presencia en mi ciudad tan llena de apariciones, lo que lógicamente los llevo a pedirle una cita con sus rostros desencajados.

Siendo una entidad eminentemente práctica, solo aceptó recibir a los que le dejaran en ese momento firmado un contrato sin garantía de que podría atenderlos antes de que una tercera parte de las estrellas se desplomaran.

 He de admitir que me dolía un poco la situación, después de todo, su bandera era la del orgullo y me lastimaba darme cuenta que yo solo era una cita de trabajo como cualquier otra. Carraspee fuertemente para llamar su atención y su mirada destrozó el ultimo recuerdo de mi niñez. Con extrema cortesía despachó al último solicitante al tiempo que encajaba la garra que le restaba en mi columna vertebral y me llevaba volando por el palacio de mis deseos, hizo realidad al azar una docena de ellos para dejarme caer nuevamente en la calle de ruido blanco, ya completamente quebrado, sellado y listo para ser consumido.

Se fue sin decirme su nombre quizá porque ya tiene el mío.

Como podrán notar, difiere mucho del texto pasado, después de todo llevan una diferencia de 10 años.

Hasta aquí muy padre, pero quiero llegar a un punto ¿Qué diferencia estos textos de otros que he republicado en el blog?

Valor curricular.

Anteriormente siempre que llenaba una solicitud para entrar a concursos de escritura no tenía nada comprobable para demostrar que efectivamente sé lo que hago: de nada sirve tener los textos en una libreta esperando que llegue el momento adecuado, tampoco tener un montón de blogs o ideas en la cabeza. Conozco más de tres escritores que no han puesto en papel una párrafo entero, ya sea por inseguridad, incomodidad o porque realmente no tienen nada que decir. Pero no pueden saberlo hasta que dejen que las palabras sean vulnerables. En mi caso, este par de textos me han servido como carta de presentación, con las cuales he podido abrirme paso a otras publicaciones, cursos, concursos, y de todas he logrado tanto experiencia como reconocimientos que puedo agregar a mi curriculum de escritor, engrosando la cadena. Me hace sentirme orgulloso poner siempre esas dos revistas como referencia.

Supongo que es algo mercenario de mi parte platicar de esta parte alejada de la labor artística de la escritura, la filosofía detrás de los géneros, el trabajo sentimental que causa el verter la vida en letras, pero, qué diablos:

Siempre puedo presumir que hay gente que ha leído mi obra en España.

Featured image

“El demonio azul”.

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