Día 203.

Esperando una llamada. Sin mucho que hacer mientras ocurre, más que escuchar la tarde y sentir la brisa que mueve las cortinas de mi ventana. Tomo en cuenta las cosas que quedan por hacerse: son muchas, variadas en forma, textura y tamaño, sin embargo ninguna mayor en cuanto a esfuerzo que otra. Todo está en hacerlas.

Bueno, conseguí un libro grande de papiroflexía, origami o cocotología, el nombre que prefieran, en poco mas de 200 pesos. Fue una compra impulsiva: vi el libro, recordé que hace tiempo tuve la oportunidad de comprar una colección mas o menos similar pero en aquel momento me ganó el orgullo de pensar “deberia de gastar mi dinero en cosas utiles”, de lo cual pronto me arrepentí pues tenia diseños increibles en su interior. Afortunadamente he aprendido que no hay nada mas util que conseguir algo que aumente las habilidades en algo que se disfruta hacer.

En este momento de memoria puedo hacer unas cuantas figuras, especialmente una grulla (pero no la tradicional) que acostumbro realizar siempre que tengo un papel, algo de tiempo y nada con que pasar el rato. Acostumbro hacerla cuando salgo de viaje o mientras espero a que llegue alguien, regularmente regalandola o dejándola en el lugar, imaginando que quizá a alguien le guste y se la lleve. Curiosamente a pesar que el diseño es perfecto, poca gente entiende lo que es a menos que se lo explique, por lo que siempre me sorprende cuando alguien a quien se la regalo la reconoce como un ave de papel.

Alguna vez tuve en la cabeza unos veinte diseños diferentes, de los cuales solo recuerdo el procedimiento para realizaros de unos cinco, y eso con varias repeticiones en los dobleces. De niño, durante un verano, me inscribieron en un curso en la biblioteca infantil del planetario, donde aprendí cosas, conocí gente y participe en una obra de teatro, ninguna de las cuales recuerdo ya, pero si que había una colección de libros de papiroflexía en papel revolución con instrucciones en tinta negra. Creo eran unos 10 diferentes. Anteriormente, ya me habian regalado  en casa uno de la misma colección, pero, era el menos interesante, que solo llevaba algunos diseños de barcos que no presentaban mayor dificultad y terminé sin demasiado esfuerzo. Sin embargo, con un universo nuevo por explorar, comencé a pedir en prestamo dichos libros para hacer las figuras en casa. Pronto, aprendí a hacer ranas, burros, elefantes, pulpos, buitres, cuervos, globos, entre muchas otras cosas, hasta que llegó la edad en que simplemente se supone que los niños ya no deben de jugar.

Claro, tantas figuras en la cabeza fueron desapareciendo poco a poco. De cuando en cuando el burro y el elefante regresan despues de varios intentos, pero los otros están confundidos entre una maraña de pensamientos mucho menos importantes que los fueron tapando, de donde no los he dejado salir. Afortunadamente, tengo ahora un libro con mas de mil fotografias a color en papel brillante, que me explicarán paso por paso de una manera que no necesité cuando niños como hacer las cosas y divertirme con ellas.

Demasiadas lecciones para un libro del que no he leído aún una página.

“Hay secretos en todos lados”.

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