Día 205.

Continuo escribiendo justo donde termina el texto pasado, cambio de música porque como ya había dicho, el black metal no es lo mio. Pongo el Blue record de Baroness, y a darle átomos.

Crowley no era un satanista. En realidad él detestaba tal catalogación, pues reducía sus investigaciones a un cliche gastado usado por cientos de años para referirse a cualquier creencia referente a la magia o al misticismo. Creó un símbolo fuertemente cargado de elementos paganos, una revoltura de religiones diferentes para definir un absoluto entre el bien, el mal, el conocimiento, caminos a seguir al que se le llamó Baphomet, cuya imagen se encuentra al final de este texto.

Igual que con los discos satánicos, hay que ponerlos para atrás para entender un par de cosas. Baphomet no es un demonio, no existe en ningún libro sagrado, apócrifo o de cualquier otro tipo hasta la llegada de las primeras cruzadas, allá por el año mil. Si recuerdan, la idea de las cruzadas era mandar caballeros a medio oriente a recuperar los lugares sagrados de la religión católica, perdidos después de la caída del imperio romano. Claro, los europeos que llegaron a medio oriente no eran muy duchos en las costumbres de la región, mucho menos en la lengua árabe. Como yo tampoco lo soy, les reduzco el asunto a que Mahammad (Mahoma), el nombre del profeta árabe, sonaba completamente extraño para los europeos, que, lo escuchaban como un Mahomet y lo convirtieron por la magia de la las malas pronunciaciones en  Baphomet.

Y claro, los templarios llegaron a la conclusión  que era la deidad que adoraban, y como no era católica pues tenía que ser diabólica ¿no?

A partir de ahí, se lleva el termino a Europa, en donde los durante las torturas a enemigos de la iglesia se les hacia firmar bajo tortura que eran adoradores de Baphomet.

¿Padre, no?

Hasta la fecha, hay un mural en Italia hecho unos 400 años después donde se encuentra una imagen del infierno con Mahammad en él, donde aparece igualmente el nombre mal escrito, como Mahomet.

Regresando al siglo XIX, la imagen de Baphomet se convirtió rápidamente en la representación de un demonio que de seguro adoraban los masones, con lo que se distribuyó por todos lados. La teoría de aquel tiempo es que los masones son descendientes de los templarios  y eso es meterse en teorías de conspiración que desvian la atención de los verdaderos problemas, pero eso sí, venden muchos libros y genera mucho odio. Para Crowley, el diablo no existia. En sus palabras:

El diablo, es, historicamente, el dios de cualquier persona que nos caiga mal.

Dicha referencia no es de a gratis. Las tablas de la ley  judias en las que se basan los 10 mandamientos claramente dicen:

Yo soy el señor tu Dios, no tendrás otros dioses delante de mí.

Moises inmediatamente aplica un castigo ejemplar contra los adoradores del becerro de oro, en donde manda matar a 20,000 judios… y apenas acaba de bajar del monte con las tablas. La historia se repite constantemente durante el antiguo testamento, en donde cualquiera que no adore a Yahweh, adora a un enemigo de él, por lo que debe ser destruido.

Pero primero, debe ser desprestigiado.

Continua en el siguiente texto.

“¡Al diablo los masones y abajo los calzones!”

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