Día 207.

Volviendo al black metal otro ratito. Para acompañar, un café negro. Miento, tiene azúcar. Y está servido en una taza feliz. He estado leyendo bastante de los inicios de black metal, igualmente vi una película de detectives noruega, en donde la sub-trama es unas niñas que matan gatos colgándolos del pescuezo y utilizándolos como si fueran piñatas ¿La causa? Adicción a los videojuegos.

Seriamente estoy pensando que a los países nórdicos les falto amor.

Bueno, esta es la cuarta parte dedicada la satanismo, que la dedicaré un poco a la estructura que tuvo de su génesis en la edad media.

Ya en alguna ocasión había mencionado que hace tiempo decidí dar una vuelta por el viejo continente en busca de arte satánico (si, mis excusas para salir de viaje son raras), pues me había llegado la leyenda de una iglesia en el sur de Francia donde todas las sillas son diferentes y tiene un aire maligno, con fama de haber servido de centro ceremonial para brujas. Como nunca pude averiguar como se llama el lugar si es que realmente existe, de todos modos supuse que encontraría una que otra imagen escondida en algún lugar.

Oh, que equivocado estaba.

Casí de inmediato encontré por todos lados rastros del diablo: algunas esculturas, relieves, demonios babilónicos en museos, pero sobre todo, montones de murales en el lugar mas adecuado para encontrarlo, osea, en iglesias. En París, Albi, Pisa y Florencia encontré excelentes paredes pintadas con escenas del Apocalipsis, el infierno de Dante y anteriores, imágenes de la guerra en el cielo, exorcismos, todas bellamente detalladas por artistas del medievo como Giotto, Fra Angelico o Buffalmacco, en las que se aprecian con lujo de detalle a demonios torturando almas pecadoras en el infiernos de manera eficiente y harto imaginativa. Algunas de estas imágenes estaban colocadas en ángulos curiosos en lo alto de cúpulas o muy bajas en las paredes, que pronto entendí se pueden observar mucho mejor desde una posición: de rodillas.

Están diseñadas para ser observadas mientras se escucha la misa.

Durante la edad media, es donde se retoma la bonita tradición de temerle a Dios. Las imágenes de Cristo suelen ser dolorosas, los sermones de Savonarola se refieren al sufrimiento en la tierra para alcanzar el paraíso en la muerte, nacen los pecados capitales y claro, se inicia la inquisición con el Malleus Malificarium, un bello libro que enseña como identificar brujas para matarlas. Agregarle a todo ese escenario una población diezmada por enfermedades, muerta de hambre y sin educación, con lo que pronto surge un pensamiento general: cualquier tradición fuera de la iglesia, debe ser cosa del diablo, o mejor dicho, brujería.

Antes de estas fechas, la brujería no estaba ligada realmente con Satanás, sino como un arte oscura, oculta, pero no necesariamente maligna, sino remanentes de tradiciones anteriores. Después de todo, la expansión de la iglesia no era absoluta, muchas de las culturas europeas seguían manteniendo cultos a propios, coexistentes con la iglesia, o separados por la geografía, es mas, el papado se peleaba por existir en siempre envuelto en guerras separatistas. Sin embargo, algo en lo que si estaban de acuerdo era en lo que se castigaba, que era, como descubrió Jeanne d’Arc, la herejía.

Osea, la desobediencia.

Continua en el siguiente post.

“El demonio de los pitufos”.

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