Día 210.

Me he quemado la mano con el café hirviendo, se ha manchado mi ropa y el asiento del auto. Eso de llevar líquidos calientes en el auto nomas no se me da. Mejor música del diablo y a terminar.

Séptima, última parte.

In nomine Domini Dei nostri Satanae Luciferi Excelsi.

Entonces… ¿donde están los verdaderos satanistas?

De nuevo unos pasos para atrás.
Cristo es tentado por el diablo durante cuarenta días (evento que se recuerda cada año), en los que se le ofrece poder absoluto sobre toda la tierra a cambio de renunciar a Dios; tentación que logra vencer, pero que enseña que aún el mejor de todos puede llegar a caer si no es cuidadoso. Mas tarde, después de su muerte y antes de su resurrección, hay una leyenda donde Cristo baja al inframundo a liberar las almas que creen en la palabra de Dios. Dependiendo de la interpretación, rompe las puertas del infierno, saca a los no bautizados o abre la puerta a todos, pues con su muerte, todos los pecados han sido perdonados.

Pero eso fue hace 2,000 años, desde entonces hay muchos pecados nuevos.

Bueno, la leyenda mas antigua de un pacto para intercambiar el alma por favores en el mundo mortal, proviene de San Teofilo el Penitente, quien en el siglo VI hizo un trato con Satán para obtener el puesto de obispo. Poco menos de mil años después, la historia del Faust toma forma en donde un sabio cansado de lo mundano hace un trato con Mefistóteles a cambio de conocimiento y emociones nuevas. Ambos personajes consiguen sin embargo romper el pacto gracias al arrepentimiento de sus actos y la ayuda divina.

Se han escrito innumerables palabras de ritos, símbolos como la cruz invertida, el pentágrama invertido (con el famoso chivo satánico), firmas de demonios, pactos de sangre, cultos de todo tipo, en fin, las leyendas son tan antiguas que se han convertido en parte de la cultura popular cayendo hasta en modas que se han permeado siempre como una oposición a lo ya establecido. Es fácil encontrar artistas de todo tipo que utilizan el recurso del satanismo como una forma de expresión para mostrar un desdén hacia la hipocresía de la sociedad, la falta de sentido a la vida o una rebelión contra un sistema teológico que censura cualquier tipo de pensamiento contrario al que pregona. Pero, rara vez pasa de un medio visual, una serie de rituales pseudo-mágicos diseñados para impresionar o instigar una respuesta, y mucho melodrama. Desde los cincuenta el rock’n roll ya llevaba el estigma de ser un ritmo que incita al pecado; la lectura de textos como Ars Goetia tomando elementos para la creación de películas, poemas, canciones; vestimenta ritualista con señales arcanas, pero sobre todo, una actitud de ser contrario; eso es lo que normalmente se registra como alguien satánico, pues sus acciones son hechas como entes sociales: un grupo, no una manifestación del mal.

Porque el mal es personal, no grupal.

Algo que suele pasarse de largo, es que filosofalmente, la maldad no tiene una definición universal, la mas cercana a ello es la ausencia del bien, termino que tampoco tiene un solo significado. Es en este punto donde la ideación de que es hacer el mal es algo completamente personal, pero, habitualmente tiene que ver con la expansión de dicha maldad al exterior, de la misma forma que un veneno necesita distribuirse. La mejor manera de distribuir este mal es a partir de la generación de miedo, la falta de fe, la suspicacia, pero sobre todo, el hacer que las personas que sean tocadas pierdan el balance entre lo bueno y lo malo, no importa hacia que lado: ambos generan la misma cantidad de daño, solo en diferentes sabores.

Hace tiempo leí un articulo en donde se trataban estos temas, en el que el autor, un reportero, ponía un ejemplo de algo verdaderamente satánico en la vida real: un tipo en la ciudad de México entra a un banco con una granada de mano, amenazando con matar a todos si no le entregan el dinero. Se lo dan, y aún así, mientras va saliendo a la puerta, voltea, sonríe y avienta de todos modos la granada, matando o hiriendo a la gente en su interior. Desde cualquier ángulo, no tiene sentido, solo se le puede achacar como un acto de alguien loco o decididamente malvado, en otras palabras un maldito.

Este tipo de maldad, la realización de actos decididamente destructivos no es algo nuevo, es tan parte de nuestra naturaleza que existen montones de estudios en la biología, psiquiatría, psicología, teología, filosofía, antropología, con sus respectivas teorizaciones tratando de encontrarle un sentido, sin resultados completos. Habitualmente acciones como esta vienen acompañadas de justificaciones, pero otras simplemente no tienen sentido al ser observadas desde fuera, como por ejemplo los asesinatos ritualistas de Albert Fish, quién violaba y comía niños en la década de los treinta del siglo pasado, en el que en un caso le mandó una carta a la madre de una de sus víctimas describiendo lo que había hecho.

¿Su justificación? Que Dios se lo había ordenado, pero, que además, le divertía.

A principios de la segunda guerra mundial, existe un episodio llamado La violación de Nanjing en la que el ejercito japones sistemáticamente torturó, violó y asesinó sin piedad a la población de Nanjing, en China, durante un periodo de 6 semanas resultando con al menos un cuarto de millón de víctimas, en donde el responsable que firma la orden de “matar a todos los cautivos” viene del príncipe Yasuhiko Asaka, quien por cierto, recibe inmunidad contra sus crímenes al terminar el conflicto. Murío tranquilamente de viejo en 1981.

¿Justificación? Que eran tiempos de guerra.

La historia humana está escrita con cientos de episodios similares, los cuales simplemente son pasados de largo ante la imposibilidad de entender como alguien puede hacer tanto daño como algo normal; escenas más escabrosas que cualquier leyenda negra que circule. La bien organizada inquisición europea es un excelente ejemplo de la creación de un monstruo verdadero para luchar contra uno ficticio, en la que los encargados de llevar esperanzas a la población decididamente las aplastan.

¿Pero existen personas que realmente hayan tomado la decisión de “hacer un pacto con el diablo?

Si, claro. Hay bastante documentación de presos que se convierten al satanismo teísta, una rama del satanismo que cree fielmente en la existencia de un ser enemigo de Dios llamado Satán que solicita crear caos y destrucción en el mundo sin ofrecer nada a cambio. Después de todo, una característica clásica de hacer pactos con el demonio es que, aparte de ser firmados con sangre, siempre se es engañado. Ya se imaginarán que clase de personas son las que hacen dichos tratos. Igualmente, hay suficientes brujas (chequen su periódico local) que se las dan de manejar el camino de la mano izquierda, ofreciendo salaciones, males de ojos, embrujos de ataduras entre otras supercherias a una clientela desesperada a cambio de dinero, cuyos hechizos regularmente solicitan la ayuda de algún entidad oscura a cambió de obediencia. En el mas estricto sentido, eso es un trato con el demonio.

Con esto llegamos al final de este tema, en donde no hay una conclusión acerca del satanismo clásico de las leyendas, porque a final de cuentas, no hay datos que digan “si, existe” o “no, no existe”, que a final de cuentas no es más que un intento de tratar de comprender como es que los seres humanos tenemos la fascinación de buscar excusas para nuestro mal comportamiento, de la misma manera que un niño le hecha la culpa al perro de tirar la maceta para evitar la responsabilidad. En el fondo, es una asunto tan irrelevante que no queda mas que desecharlo.

O…

Quizá sea cierto que el mejor truco del diablo, es hacernos creer que no existe… después de todo, los caminos para encontrarlo están siempre al alcance de la mano.

“Si se lo lleva, también le regalo un tapete y un llaverito”.

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