Día 212.

Esta pieza, que a continuación presento, originalmente la hice para el fanzine Semen. Pero, debido a conflicto de tiempos, no alcanzó a entrar. Dado que no me gusta dejar textos sin mostrar, pongo este aquí, dividido en 4 partes. Algunas partes están basadas en cosas reales, otras no. De todos modos, que lo disfruten.

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…y que veo que el tema para escribir es la transgresión.

Como buen escritor, estoy completamente seguro de lo que significa la palabra, pero, para no errarle la pongo en google y me encuentro con que es «El quebrantamiento de leyes, normas o costumbres».

Perfecto, ahora falta por definir que demonios esperaría una revista llamada «Semen» que escribiera al respecto. Bueno, lo primero es ponerme en una posición de transgresor, así que necesito ejemplos de escritores que rompan reglas. Podrií pensar en George Orwell, ir a la guerra o vivir con vagabundos, pero soy muy delicado como para andar defecando detrás de un basurero o en una caja (menos se diga recibir una bala) o Hunter S. Thompson, con sus reportajes intrépidos junto con el uso de drogas duras, pero admito que tengo una pésima memoria además que los videojuegos de principios de los noventa me enseñaron que «los ganadores no usan drogas» (enseñanza que por cierto, parece no aplicar en el mundo real).

Ante esta disyuntiva, solo queda tomar el tema en común de estos escritores: alcoholizarme y ponerme estupidamente en una situación de riesgo.

La primera parte es sencilla, le robo la mitad de una botella de whisky a un amigo (transgresión mal plan) la segunda requiere elaboración ¿como ponerme estupidamente en una situación de riesgo? Bueno, el primer paso es ir a un lugar así. Dado que no soy suicida, no me meto a la sierra michoacana de tierra caliente a ver que pasa, en vez de eso me voy al Distrito Federal donde William Burroughs, se puso ebrio y mató a su esposa pretendiendo ser Guillermo Tell: un lugar excelente para buscar problemas sin sentido. Para ello, utilizo una credencial de estudiante falsa, buscando romper las normas de descuento de estudiante veraniego. Al llegar a la taquilla, la dependiente mira la credencial, levanta la vista a mi rostro, mueve la cabeza de un lado a otro, creo decepcionada de mi patetico intento por engañarla.
– Le falta el resello – Me informa secamente.

– Es que se me olvido ir a control escolar – miento poniendo mis mejores ojos de Bambi, esperando que no me mande de regreso, pues seria vergonzoso fallar tan pronto. Al parecer tiene demasiado trabajo como para preocuparse por pendejadas. Suspira ruidosamente, me da mi boleto con descuento sin darme las gracias o dirigirme de nuevo la mirada.

Se siente bien ser malo.

Después de cuatro alcoholicas horas de viaje, llego a mi destino, donde por precaución decido comprar mi boleto de regreso para dentro de un par de días. La dependiente sigue el mismo ritual que la de la central de Morelia, sin embargo, ella si tiene tiempo de lidiar con pendejadas y me niega el descuento de estudiante bajo el mismo argumento: le falta el resello. Supongo que Hunter Thomson nunca tuvo ese problema.

“Yep, just McLovin.”

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