Día 215.

Con este post se cierra este pequeño circulo. Me dá tentación hacerle correcciones, alargar la historia o utilizarla para otra cosa, pero, no, hay muchas historias nuevas por escribirse, esta ya termino. Nos vemos mañana con algo nuevo.

Cuarta y ultima parte.

————————

Han cerrado la puerta principal.

Los cinco minutos se transforman en otra hora. Pienso en irme, pero necesito la credencial. No recuerdo si viene mi telefono real, pero sí viene mi dirección. De repente esto ya no es divertido en lo mas mínimo. Me doy cuenta que no tengo mas opciones que esperar, mantengo a raya al demonio de la paranoia lo mejor que puedo, después de todo me encuentro en una calle del centro de la ciudad, es de día, puedo manejarlo. Por primera vez me doy cuenta que no he comido desde ayer, pero no quiero separarme de aquí. Ok, no pasa nada, son gajes del oficio.

Sale el cliente anterior, con una sonrisa satisfecha además de una carpeta bajo el brazo. Detrás de él sale el falsificador, quien me pide el dinero antes de entregarme la credencial. Le entrego un billete de a cincuenta.

– Falta – Me dice.

– Me dijiste que treinta – le respondo.

– No, no, no ¿como van a ser treinta? son trescientos, carnalito – me informa, con una cara confusa, como quien mira a un perro desobediente. Las cosas acaban de valer madre, trae los ojos inyectados de sangre, quien sabe que tantas chingaderas se ha metido. Pienso lo mas rápido que puedo, traigo un billete de a quinientos, si se lo doy, me cierra la puerta en la cara, adiós dinero, adiós credencial. Discutimos un par de minutos, sin llegar obviamente a ningún lado: tiene todas las cartas y lo sabe, dar un paso dentro de la casa equivale como minimo a terminar con la naríz rota. Le digo que necesito ir al cajero (vale decir que no traigo tarjeta) que se encuentra dentro de una tienda a una cuadra, que me alcance ahí con mi credencial.

Acepta con una sonrisa estúpida.

Compro unos cigarrillos para cambiar el billete a pesar de que llevo cerca de un año sin fumar. Justo en la salida siento una mano que me detiene a la altura del estomago. Ya se de quien es, que, por cierto, no viene solo. Lo acompaña uno de sus chalanes quien trae una navaja en la mano, apenas visible.

Yep, esto mejora a cada minuto.

Sin decir nada hacemos el intercambio del dinero por la credencial. Me da las gracias y me asegura que hizo un excelente trabajo. Apenas miro la credencial, mi vista está en la navaja. La calle se encuentra llena de gente, pero calculo que no que hace demasiada diferencia. Nos despedimos como si nada y me dirijo rápidamente calle abajo. Reviso la credencial, me doy cuenta que no tiene mi teléfono ni mi dirección correcta por lo que respiro aliviado.

Me dirijo de regreso a la central de autobuses, apenas me alcanza el dinero para el boleto de regreso con el descuento que ya no es descuento. Le entrego mi credencial a la dependiente, quien la observa y me informa secamente:

– Le falta el resello.

Tomo con incredulidad la credencial. El maldito falsificador le puso el sello donde no era.

Se hace de noche, ya es demasiado tarde para buscar quien me preste dinero para regresarme, solo me queda esperar hasta el día siguiente. Me queda lo justo para transportarme y pagar otra noche en el hotel de mala muerte de 150 pesos, que padre que no he comido nada desde ayer.

Bueno,  el tema era la transgresión y he sido existosamente transgredido.

“Diversión para chicos y grandes”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s