Día 218.

Hace poco una madre desesperada me pidió ayuda: hacerle la tarea a su hijo de 11 años, en particular un cuento de terror. Obvio, no iba a dejar la oportunidad de fingir que soy un niñ… ejem, no iba a dejar pasar la oportunidad de ponerme a prueba de fingir un estilo, sobre todo en cometer los errores correctos. Se los dejo.

Árbol.

Carlos y Roberto son dos niños de segundo año. En la esquina de la casa de Carlos hay un pino muy alto, como de tres pisos, al lado de la torre del agua. En la punta del árbol vive una bruja.
Al menos eso escucharon en la escuela. Varios niños se juntan a la hora de la salida a aventarle piedras al pino para pegarle a la bruja pero está muy arriba la punta y nadie las llega. Carlos es el que tiene más fuerza y a veces las avienta tan arriba que tardan mucho en caer al piso de nuevo. Un día, al aventar una, cayeron dos piedras. A todos les pareció raro, Roberto dijo que de seguro le había pegado a la bruja y que le había aventado de regreso a Carlos otra piedra para romperle la cabeza. Carlos dijo –no seas menso, se ha de haber quedado una piedra atorada en las ramas y le pegué -. De todos modos Carlos se asustó un poco y mejor se fue a su casa.

Esa noche Carlos tuvo pesadillas en la que la bruja del árbol le aventaba piedras a su ventana. Se despertó con mucho miedo y ya no pudo dormir bien en la noche.

Al día siguiente se fue caminando rumbo a la escuela, la calle estaba sin gente y se detuvo antes de llegar al pino. Se le quedo viendo hacia arriba, tratando de ver si había alguien. De repente hubo mucho viento y las ramas se movieron, parecía que llovían piedras. Carlos supo que no había soñado a la bruja y que era real.

En la escuela Roberto le preguntó que si estaba bien. Carlos le dijo que no había dormido bien porque se le había aparecido la bruja en sueños. Roberto le preguntó como era. Carlos dijo – era una vieja vestida de negro, los brazos eran ramas largas y no decía nada -. Roberto dijo – si quieres, podemos ir en la noche y cortar el árbol con un hacha, o le podemos echar gasolina y que se queme, así la bruja no tendrá donde esconderse-. Carlos dijo que si.

En la noche ambos se escaparon de su casa. Fueron al árbol, pero se dieron cuenta que se tardarían mucho cortándolo y se podían dar cuenta los vecinos. Le echaron gasolina, pero cuando lo iban a prender, les comenzaron a caer piedras desde arriba. Una le pegó a Carlos y le sacó sangre de la frente. Roberto prendió un cerillo y lo aventó al árbol. El fuego se hizo muy grande y las ramas se comenzaron a quemar. Se escuchó un grito muy fuerte, la como si alguien se estuviera quemando. Roberto y Carlos echaron a correr. Más tarde llegaron los bomberos y encontraron entre las cenizas parte de un vestido negro.

Desde entonces Carlos duerme muy bien, aunque tiene una cicatriz en la frente.

FIN.

“La maestra dijo que estaba muy bien”.

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