Día 220.

Creo que lo he comentado antes, pero tuve otro blog.

Tiene pocas cosas y ya tiene mucho tiempo que deje de escribir en él. El título del blog lo tomé de un anuncio que salia en el periódico promocionando el único cine porno de la ciudad justo en la página posterior a la programación de los cines decentes, lo cual me parecía bizarro y lleno de comedia involuntaría. Ahora que lo pienso, creo que casi todo el contenido del blog está privado debido a que en su momento, recibí un aviso de clausura de parte de los administradores porque alguien había levantado una denuncia de que manejaba material pornográfico. Obvio el porno es como la pistola y el caballo ¿como se les ocurre que iba a compartirlo? Claro, recibir un correo donde se me avisa que mis valores morales de internet han sido medidos, pesados y resultan deficientes me asustó, tomando en cuenta que no se me había ocurrido respaldar los textos, que es lo único que tenía: fueran o no buenos, eran muchas horas de esfuerzo que simplemente desaparecerían. Apelé a que se realizara una revisión de la página, y efectivamente los administradores no encontraron nada que rompiera el reglamento del servicio, ni siquiera un pezón mal disimulado.Recibí una disculpa y el mundo siguió girando. Por las dudas quité algunas imágenes similares a las que pongo en este medio. Tengo sospecha de quien realizó dicha denuncia, pero como es gente del pasado, hace mucho que dejó de tener importancia. De todos modos puse atención al evento, porque no era la primera vez que me topaba con la censura mal dirigida y dudo que sea la última.

Es curioso notar las cosas que ofenden, sobre todo cuando uno hace su mejor esfuerzo por ofender con otras.

Una de las primeras historias que escribí fue un encargo para un periódico mural de una escuela en la que yo no estudiaba. El tema en aquel momento no era tan trillado como ahorita dado que el internet apenas iba iniciando: trataba sobre un tipo tan adicto a la computadora que termina conectado de forma permanente a ella y se vuelve esclavo del mundo digital junto con otros adictos. No me pareció muy buena, pero de todos modos lo entregué. Un par de días después se me informó que el relato no iba ser utilizado porque podría ofender al alumnado ¿a quien? no estoy seguro, pero la idea de que un estudiante de preparatoria pudiera ofender la sensibilidad de estudiantes de ingeniería electrónica me pareció confusa: por un lado me molestaba con pasión adolescente que simplemente rechazaran mi trabajo dado que me habían solicitado una historia de ciencia ficción, pero por otro me fascinaba la idea de que alguien al leerla sintiera que su deber era evitar su publicación.Lamentablemente dicha pieza la escribí a máquina y no hice copias, si no, la tendría enmarcada como un logro involuntario.

¿Que aprendí de estas experiencias? primero a respaldar todo lo que escriba, algo tarde para una buena cantidad de escritos que ahora lamento su perdida. La otra, es que la linea que divide lo socialmente aceptable de lo ofensivo es difusa y manipulable: la censura es un asunto tan subjetivo como lo que pretende censurar. Igualmente ocurrieron efecto secundarios a partir de la experiencia con mi anterior blog, como el aprendizaje de cual formato de escritura me resulta cómodo, el cual sigo manteniendo; el revisar mis escritos considerando si pueden resultarle a alguien ofensivos o no, lo cual es una suerte de autocensura productiva que me reta a buscar matices para atenuar o amplificar; y que las reglas a veces resulta mejor estirarlas que romperlas dependiendo del objetivo. Conozco a unos pocos creadores que dedican su tiempo a generar trabajos tanto escritos como visuales buscando provocar u ofender para señalar la hipocresía cultural, lo cual es una labor que no me llama mucho pero respeto, sobre todo tomando en cuanta la dificultad de que trascienda su mensaje en nuestro ambiente esquizofrénico lleno de vulgaridad de internet y corrección política. Es como un chiste que acostumbraba contar en las fiestas y que a veces daba risa:

-¿Que es negro, azul y no le gusta el sexo?….. el niño que traigo en la cajuela del auto.

Gracias y  buenas noches.

cocoroco

“Tanta crueldad”.

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