Día 221.

Tengo un enciclopedia, un diccionario enorme de ingles a español y un par de diccionarios de bolsillo, ninguno de los cuales han sido abierto en años. Recuerdo que de niño existía el oficio de “vendedor de enciclopedias puerta por puerta”: que consistía en ser el representante de una editorial, tocar de puerta en puerta y ofrecer un catálogo de sus productos que podía ser la enciclopedia de moda, como la Larousse o Trillas en doce tomos con biografías, significados de palabras y láminas de papel brillante con temas como los planetas del sistema solar, mundo submarino u hongos venenosos. Si no le interesaba al posible cliente, contaba con enciclopedias infantiles llenas de cuentos, juegos familiares, instrucciones para hacer barcos de papel y un tomo para los padres con información de el cuidado del bebe, síntomas de enfermedades comunes en la niñez y hasta como responder a dudas sobre sexualidad. Nada mal. Si tampoco lograba convencer, también ofrecía cursos en cassette de frances, libros ilustrados de historia, de aventuras juveniles los cuales serían enviados en un plazo de dos a tres semanas a su domicilio y podían pagarse el cómodas mensualidades con solo firmar en la linea punteada… listo. Traficante del conocimiento.

Igualmente podía hacerse el pedido por correo de productos similares como con Selecciones de Reader’s digest, de donde mis padres me compraron un libro con misterios de la historia, fantasmas, descubrimientos científicos y leyendas, llamado “Verdades y Mentiras” libro que leí y releí hasta el hartazgo, lo cual tardó mucho en suceder. Aún lo conservo. Mucho de lo que los temas que me interesan vienen de ese y otros libros similares que encontraba en libreros de casas de amigos o familiares, los cuales tenía que conformarme con hojear o leer a medias, pues eran libros caros que igualmente, se compraban a mensualidades, obvio no iban a prestárselo a un niño. A pesar que le tengo cariño a ese libro su función actual es acumular polvo. La última vez que lo abrí recuerdo que leí un par de artículos y me dí cuenta que algunos datos se leían incompletos, erroneos o eran obsoletos porque desde que se editó ya se resolvió el misterio  ¿como fue que me dí cuenta? Me gustaría decir que gracias a años de investigación como en las películas de Indiana Jones, pero la respuesta es prosaica en demasía: internet. Antes de eso utilicé un poco el Encarta, pero siempre me pareció que ofrecía poco para lo que exigía de capacidad de mi computadora y era algo engorroso el tiempo que tardaba en cargar el programa. Obvio el internet tiene fama de estar plagada de información errónea, como por ejemplo la versión en español de Wikipedia es una recolección de trabajos de preparatoria mal editados, pero la versión en ingles suele encontrarse muy completa y bien referenciada (simplemente la información en ingles acerca de los Aztecas es por mucho superior a la hecha en casa). Igualmente la necesidad de un diccionario de ingles-español ha caducado con los traductores Babelfish o el de Google, lo cual es un  logro tecnológico que ahora nos resulta básico considerando que se planea para finales de esta década contar con traductores universales activados por voz.

Danny Devito en la película Other’people’s money da un discurso que dice “saben, en algún momento deben de haber existido docenas de compañías haciendo látigos para caballos. Apuesto que la última compañía en pie fue la que hizo el mejor látigo que hayan visto en su vida”. Todavía se producen enciclopedias impresas, las he visto en ferias de libros y me supongo que igualmente deben ser las mejores ediciones jamás hechas, pero dudo que las compren mucho fuera de escuelas, bibliotecas o gente que requiera rellenar un librero como adorno. Como el trabajo de vendedor de enciclopedias puerta en puerta, deben de existir bastantes sectores que han desaparecido o se han visto reducidas victimas del cambio, como las fabricas de estilógrafos (palabra que según el autocorrector no existe), rollos fotográficos o las agencias de viaje. Realmente es una lástima, pero la obsolescencia es inevitable, excepto para los hipsters que escribir a máquina es más meritorio lo cual afirmo es un reverenda burrada. Por otro lado, la gente que investiga y lee es porcentualmente mayor que en toda la historia de la humanidad, si un niño o un adulto quiere ahondar en un tema que le interese, seguro que va a encontrar información en linea en poco tiempo, así como grupos de interes, ya sea  de si existen marsupiales fuera de Australia,  como fabricar un modelo a escala de una fragata en papel, o donde comprar el mejor látigo para S&M y lecciones de como usarlo.

Así es el mundo del mañana.

erudition

“…se chasquea antes de tocar la piel…”

 

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